Nunca antes fue tan importante definir de qué lado estamos. Tampoco ha sido tan necesario como ahora. La identidad nacional frente a los temas de terrorismo y violencia está aún por construirse y lejos nos encontramos de una Nación como España que por cada muerto que deja la ETA se levanta en pleno a defender su derecho de vivir en un país tranquilo y libre.
Si en algo coincido con el payaso que tienen los venezolanos como Presidente es en que llegó el momento de que las máscaras se caigan y sepamos de una vez por todas quiénes somos y quiénes quedamos en un mundo en el que buenos y malos se empiezan a descubrir por sus actuaciones y su posición frente a la vida.
Así pues, valga la pena decir que en materia de terrorismo y paz, las cosas son de un solo color: o blanco o negro. Por supuesto que existen las zonas grises y nuestro país llevaba hasta el 2002 padeciéndolas. Los intentos de diálogo y el oxígeno que por años se le brindó a una subversión que rápidamente renunció a su discurso marxista y se dedicó al narcotráfico y a los crímenes más crueles que la humanidad nunca imaginó, nos llevó a asumir posiciones blandengues y a darle cada día más espacio a unas guerrillas y grupos de autodefensas mentirosas y sanguinarias.
Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista y todo aquello que se cuece en las sombras, de forma soterrada y tan silenciosa como dañina, sale a la luz pública en algún momento y puede ser el pretexto para que quienes nos consideramos del lado de los buenos, afiancemos nuestras convicciones y nos unamos en torno a un motivo nacional que supera los nombres propios y que debe convocarnos a todos los que creemos que la lucha contra el terrorismo se libra de frente y sin titubeos.
Por fortuna, los ex presidentes, la mayoría de políticos y todos los colombianos de bien hoy estamos rodeando a nuestro Presidente y abrazando a Colombia para protegerla del mal que desde adentro le causaban personas tan detestables como Piedad Córdoba, la vendedora de patrias y guerrillera vestida de civil que no necesita que una Corte le quite el rótulo de colombiana pues desde hace rato los colombianos le arrebatamos ese honroso privilegio, con nuestro desprecio y rechazo.
Es el momento de las definiciones. O se está con Chávez o se está con Uribe. O se está con Colombia, o se está con las FARC. O se les combate con fiereza o se les consiente con silencios cómplices y acuerdos humanitarios tramposos. Saldremos a marchar el próximo 4 de Febrero por la dignidad, por un país libre en el que los buenos, definitivamente, somos más.
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