Editorial
Bucaramanga, Colombia
Miercoles, 26 de Marzo de 2008
Luis Pinilla Pinilla
Sentido de la Semana Santa
Luis Pinilla Pinilla
20/03/2008

Para quienes creemos y tenemos algún sentido de la Semana Santa, algunas reflexiones personales, nacidas de la formación cristiana recibida desde niño. Sea lo primero el sentimiento del perdón, consustancial con el mandamiento del amor que predicó Jesús: “Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4.7,8). En concreto sobre el perdón, leemos: “En eso, uno de los que estaban con Jesús -en Getsemaní- sacó su espada y le cortó una oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: Guarda tu espada en su lugar. Porque todos los que pelean con la espada también a espada morirán.” (Mt. 26.51). La expresión máxima del perdón la da Jesús cuando desde la cruz exclama: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Doctrina del amor y del perdón que, en política, tiene un modelo sublime en Gandhi con su enseñanza y ejercicio de la fuerza de la verdad, acción directa no violenta o satyagraha; razón tenía Pío XII al decir que Gandhi, sin serlo, tenía más espíritu cristiano que muchos cristianos. Igual habría podido decir de Nelson Mandela surgido, como Gandhi, en Sudáfrica, obteniendo, los dos, logros similares, la independencia de sus países, a partir de la misma doctrina: “Nadie nace para odiar a otro por el color de su piel, por su biografía o por su religión. Los hombres pueden aprender a odiar, y si pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, pues el corazón humano siente el amor con mucha más naturalidad que su contrario”, dice Mandela.

Ahora bien, como católico, siento que la presentación de Jesús es incompleta si me lo entregan crucificado; claro está que hasta a sus discípulos les fue difícil reconocer a Jesús Resucitado, de ahí que en el camino de Emaús Él les dijera: “!Que faltos de comprensión son ustedes y que lentos para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?” (Lc. 24.25)

Sí, lo que explica la crucifixión de Cristo es su resurrección, en tal forma que el apóstol Pablo dice: “Si Jesús no resucitó, vana es nuestra fe” (I Cor. 15;17). Por ello me permito invitar a obispos, sacerdotes, párrocos, comunidades de creyentes, a acompañar en los templos al Jesús crucificado que resucitó para darnos vida. Y como la realidad se expresa a través de símbolos, empecemos por atender la directriz que trazó Juan Pablo II de completar el vía crucis con la XV estación, la de Jesús Resucitado. Que en esta semana vivamos la resurrección que nos permita sentir la proximidad de Dios, pidiéndole que, por la fuerza del Espíritu, seamos cada vez más concientes de esta proximidad en nuestras vidas y en la sociedad que debemos transformar en el Reino de Dios.


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