Editorial
Bucaramanga, Colombia
Miercoles, 26 de Marzo de 2008
Alfonso Gómez Gómez
Civilizar la barbarie
Alfonso Gómez Gómez
19/02/2008

Es la tarea de las promociones humanas que asoman a la vida activa. La existencia contemporánea adolece de múltiples formas de barbarie, cuyos efectos hacen difícil, si no imposible, la vida colectiva. Las gentes salen a la calle y no saludan; pareciera que desfogan hostilidad contra todo y contra todos. Grato fuese la amabilidad que entregáramos a nuestros semejantes, así tuviesen ojeriza contra nosotros. Llevan sus “mascotas” a las que prodigan ternuras que no otorgan a los niños, pero no se proveen de guantes y bolsas para recoger sus excretas, dejando a los transeúntes el efecto egoísta de su preferencia por los animales.

Los raponeros burlan la vigilancia, algunos sin necesidad, pero tiranizados por el hábito de vivir sin trabajar, o por incrementar con violencia lo que ya tienen. Los arrendadores o comisionistas de locaciones sufren la ineficacia de sus previsiones, y los daños resultantes no de usos legítimos sino de perversas venganzas, porque se les ha solicitado entrega del inmueble, o cobrado una deuda impagada.

Se usa bastante contraer créditos innecesarios u ociosos que arruinan.

El hábito de consumir a debe, valga el caso la cerveza en la tienda -que otros productos tendrían explicación- no lesiona las ricas empresas fabricantes sino a expendedores chicos; es difícil reformar costumbres, pero en intentarlo consiste la civilización, porque evita las vías de hecho. Antes se enseñaba a ordenar gastos, qué es básico y qué es secundario; pagar servicios es fundamental y así evitamos promover pedreas a empresas que los prestan, o nos cortan el suministro. El tránsito es ahora algo caótico. El semáforo cambia a verde y las gentes pitan, cuando universamente indica pasar, continuar la marcha. Y ¿qué tal las damas que se acicalan precisamente allí? Es otra causa de que atrás piten, además de que, hacerlo, implica riesgos. Y ¿qué hacer con estacionamientos en aceras ó delante de garajes?

Las motocicletas son sistema de transporte. En ciudades tienen ruta marcada, no adelantan en cabriolas suicidas a otros vehículos. Sufrimos el ruido, especialmente nocturno. Quienes celebran con música o canto lo hacen para el vecindario, no para el recinto de la reunión. Hay mozalbetes con altoparlantes en sitios públicos, buscando que los vecindarios sepan de su farra. El exceso de ruido daña la salud auditiva. Todo eso requiere civilizar la barbarie, que no es sólo matar, narcotraficar, secuestrar o extorsionar.


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