Editorial
Bucaramanga, Colombia
Jueves, 27 de Marzo de 2008
Eduardo Durán Goméz
El canto de la paz
Eduardo Durán Goméz
14/03/2008

La fabulosa idea del cantante Juanes de Realizar un concierto binacional, en la frontera colombo-venezolana, con la presencia de sus colegas artistas de primer orden en el ámbito internacional, para reclamar la paz de los pueblos vecinos y hermanos, tiene un alcance muy significativo.

Los actores del conflicto no dan muestras de avanzar en el tema, mientras los obstáculos afloran todos los días y las hostilidades constituyen el común denominador. Cuando la guerrilla parecía aplacada por el acecho del Gobierno, aparecen los presidentes Chávez y Correa como simpatizantes del fenómeno subversivo y ven la oportunidad de utilizarlo como instrumento para ampliar las ideas castristas en la subregión y para ello apelan al poder del petróleo y al de un bloque de países con ideas afines al Coronel inspirador, para tratar de imponer a la fuerza un sistema devaluado que no ofrece ningún resultado como ejemplo de que pueda ser exitoso.

Frente a esta situación, es importante dar paso a las manifestaciones populares, para que sea el pueblo mismo, que a través de diferentes instrumentos, rechace la violencia en todas sus manifestaciones y obligue a esos actores de la guerra a claudicar en sus locas y perversas ideas.

Las marchas que se han presentado en Colombia y otros países, rechazando la guerrilla, el paramilitarismo y todas sus atroces formas de manifestación, son de un valor incalculable y muestran el sentir de un pueblo, frente a las nefastas acciones de una minoría. Ahora tendremos este concierto como otro símbolo de paz y como reclamo al respeto de la tranquilidad ciudadana y de la autodeterminación de los pueblos.

Tendrán que venir muchas ideas más, para que los ciudadanos pacíficos masivamente sigan apelando a la solidaridad, para que el buen juicio sea el que reine en la conducción de los pueblos, apartado de personalismos y de esquemas políticos que no tienen otro fin que el de perturbar para sembrar oscuros intereses sobre una sangre inocente, con gravísimas secuelas para la sociedad.

Estas manifestaciones, apartadas de los intereses políticos, son las que deben señalar el rumbo de los ciudadanos de bien y el imperio de la justicia.




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