Que las mujeres son violadas por culpa de su forma de vestir, era lo que creían los Congresistas en Namibia y por esto no aprobaban la ley contra el abuso de mujeres. Para que esto cambiara, la primera parlamentaria mujer en ese país, Margaret Mensah Williams, tuvo que ir al debate vestida con un traje transparente y amenazar con que “si no cambiaban la ley, entonces iría desnuda al siguiente día, para ver si alguien era capaz de violarme”. Y se aprobó la reforma.
Desde el 2003, Namibia tiene una avanzada legislación para combatir la violencia intrafamiliar, cuenta con 13 centros de protección de mujeres y menores donde se ofrece asistencia médica, social y jurídica gratis. Por este camino avanzaron España, México, Guatemala, Argentina, Paraguay Uruguay, Brasil, Honduras, Panamá, Brasil, Venezuela, Ecuador y Perú, estableciendo medidas como el aumento de penas, traslado de ciudad o de trabajo en caso de maltrato, líneas de atención 24 horas, la prohibición del agresor de acercarse a la víctima o la creación de jueces y fiscales especializados.
Todos estos son logros de las mujeres congresistas, quienes lucharon, por más de 10 años, para convencer a sus colegas hombres de que la violencia contra la mujer es el principal obstáculo para el pleno ejercicio de los derechos, un problema de salud pública y un impedimento para el desarrollo de las naciones. Y en la medida que más mujeres acceden al Congreso, mayores avances en la protección de las mujeres.
En España la bancada femenina logró sacar adelante, entre otras, la Ley de Igualdad –considerada la más avanzada del mundo-, que le apunta a acabar con la discriminación por sexo en todos los aspectos, incluso en la empresa privada. Venezuela tiene la gratuidad de las pruebas de paternidad, y la remuneración y protección social a las amas de casa; Uruguay aprobó la ley de Salud Sexual y Reproductiva, en Argentina las mujeres lograron que el Congreso trabajara de día, para poder ver a sus hijos, implementaron el voto nominal y público y la ley de cuotas.
Frente a los demás países, tenemos una gran deuda hacia las mujeres. Mientras el mundo avanza a pasos agigantados, nuestra mayoría masculina del Congreso piensa que legislar para las mujeres hace parte de la política “underground” o que no se debería quitar “el gustico del perdón” al modificar el delito de violencia intrafamiliar.
Tímidamente avanza en el Congreso Colombiano un Proyecto que busca proteger a las mujeres maltratadas y con la bancada de mujeres, estamos tratando de aprobar el Acto Legislativo para lograr la presencia equilibrada entre hombres y mujeres y lograr la paridad en los cargos de elección popular. Pero el camino es largo y culebrero.
Otros Editorialistas