El resultado de la discusión sobre el conflicto colombo-ecuatoriano en la reunión del grupo de Rio, si bien fue sorprendente, no fue inexplicable. A mi entender se trató de una pieza maestra de hipocresía política.
El Presidente de Colombia después de haber pedido repetitivamente excusas por la violación de la soberanía territorial del Ecuador y de haber sido insultado reiterativamente por Chávez y sus cachorros, se sometió a una encerrona, mientras el jeque coronel se presentaba como un padre bondadoso y conciliador.
Nuestro Presidente se lució ante el circo con un riguroso discurso jurídico-político basado en argumentos irrefutables y haciendo públicos documentos comprometedores y demoledores que mostraban la vinculación de los gobiernos de Ecuador y Venezuela con las Farc, la larvada intromisión de esos gobiernos “hermanos” en nuestro conflicto y por lo tanto, la violación de nuestra soberanía.
Le tocó el turno al soez Presidente de Nicaragua, también dependiente del jeque quien además de haberle ayudado en la campaña le estaba regalando petróleo y prometiéndole apoyo militar en un ilusorio conflicto con Colombia por la delimitación de áreas marinas y submarinas.
Cerró con broche de oro la bella presidente de Argentina, quien, alebestrada contra el monstruo de Uribe por sus congéneres Piedad y Yolanda lo regañó, pues debía también hacer coro a quien le había ayudado a financiar la campaña, le había comprado bonos de deuda pública y le prometía enviarle todo el petróleo que necesitara en canje por carne. Intervino finalmente el jeque quien en forma “desconcertante” invitó a calmar los ánimos y a terminar el conflicto.
Vinieron entonces los perdones, las conciliaciones y los abrazos. Correa y Cristina aceptaron de mala gana el saludo de Uribe, mientras Chávez lo hizo teatralmente secundado alegremente por Ortega y colorín colorado. Cabe preguntarnos: ¿Por qué pasó lo que pasó? Quienes fueron los perdedores? Quienes los ganadores y si será verdad tanta belleza. (continuará).
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