Editorial
Bucaramanga, Colombia
Viernes, 28 de Marzo de 2008
Jaime Luis Gutiérrez
Ciudad arboricida
Jaime Luis Gutiérrez
15/03/2008

Desafortunadamente la Ecología es una ciencia muy nueva y todavía la gran masa del público en general no ha tomado conciencia de su importancia y de la urgencia de acatar sus dictados y sus recomendaciones, para no deteriorar y asesinar al hermoso planeta en que nos ha correspondido vivir esta valiosa experiencia de evolucionar y compartir.

Aunque la palabra Ecología fue creada en 1.866 por el biólogo alemán Ernest Haeckel, dicha ciencia no empezó a adquirir la importancia que se merece hasta la década de 1.930, a partir de los trabajos sobre los factores abióticos, es decir la acción de las condiciones físicas del ambiente sobre los seres vivos, y de los estudios bióticos relacionados con la acción de los seres vivos sobre sus respectivos ambientes.

La Ecología Aplicada toma en cuenta la acción del ser humano en la tarea de limitar las consecuencias nefastas sobre el medio ambiente, tales como su degradación, polución, reducción de la biodiversidad, contaminación, calentamiento global, etc.

A partir de 1.960, la preocupación por las cosas ecológicas ha sido el motor de los movimientos ecologistas, que claman por la urgencia de suspender las acciones agresivas contra la naturaleza, pues los desiertos de nuestro planeta crecen día a día y las zonas con imposibilidad de vida se multiplican amenazadoramente en todo el planeta.

Que las masas populares ignoren los consejos de la Ecología es explicable en un país como el nuestro, con tan bajo nivel de escolaridad, pero que entidades oficiales como la Corporación de la Meseta de Bucaramanga creada para defender nuestro hábitat, y la Electrificadora de Santander, atropellen la naturaleza, no tiene perdón de Dios.

No puede permitirse que, con el pretexto del crecimiento vial y de la interferencia con los cables eléctricos, se esté talando una gran mayoría de los árboles de la ciudad, dejándolos en condiciones tan lamentables de deterioro que muchos de ellos no podrán sobrevivir y por eso jamás podremos volver a ver surgir sus hermosos follajes.

Tal vez el árbol más hermoso que tenemos en la ciudad, reconocido por propios y extraños, es el que se encuentra sembrado en la calle 48, pocos metros arriba de la carrera 27. Pero, según se ha informado, con el pretexto de las ampliaciones de Metrolinea, parece que se ha ordenado su eliminación, pecado este de lesa Ecología que no puede permitirse porque, no sólo mermamos la belleza de nuestra ciudad, sino que también dañamos la salud de todos.


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