Todo esto se daba cuando el comportamiento en casa y en el colegio, por parte de los menores, no correspondía al agrado de padres de familia y maestros, quienes eran los íconos de autoridad más representativos en su vida.
A pesar de que con estos regímenes se formaron muchos de los jefes de familia y profesionales que hoy son exitosos, dicen los que se vieron sometidos a estas disciplinas que fue difícil sobrellevar estas situaciones que no significan buenos recuerdos.
Así piensa Jazmín Gamboa, una madre de familia que compara el estilo de vida de su hija de 12 años, con el que ella tuvo a esa edad.
“Los tiempos han cambiado. A la edad de mi hija yo tenía que estudiar tiempo completo, hacer tareas y trabajar para contribuir con los gastos de mi casa. Y si no respondía bien en todo, mi mamá me pegaba con lo primero que encontraba y en el colegio las profesoras me pegaban con reglas en las manos o me dejaban de pie todo el día”, dice Jazmín.
Para esta mujer lo más difícil de afrontar fue la burla de sus compañeros cuando era castigada o cuando tuvo que darle 50 vueltas al patio de su colegio, en cuclillas, debido a que un día llegó tarde a clase porque se demoró haciendo los quehaceres de su casa. “Al otro día casi no podía levantarme de la cama por el dolor”, recordó.
De acuerdo con profesionales y expertos consultados por
Los más efectivos
Más allá de utilizar una correa o una regla para golpear y castigar a un niño, lo más importante es que tanto maestros como padres se esmeren en proyectar una imagen de autoridad que no debe ir acompañada de golpes o violencia.
Este es el pensamiento de Freddy Hernando Cristancho Rincón, psicólogo social y comunitario, quien señala que no siempre con un castigo, golpe o maltrato la respuesta será positiva por parte del hijo o estudiante, porque todo depende del nivel de credibilidad que tenga el adulto.
“Hoy los ‘cabeza de hogar’ no se ganan el respeto de sus hijos porque exigen una cosa y actúan contrario a ésta. Por ejemplo, les piden que no sean mentirosos mientras son los primeros que piden que los nieguen con la persona que llega a casa a preguntar por ellos”, dice el psicólogo, quien agrega que debe corregirse primero a través del ejemplo, porque las personas aprenden mejor por imitación.
Muchos padres de familia sienten temor de expresar afecto a sus ‘retoños’ porque piensan que de esta manera perderán autoridad. Por esto, para que puedan ser cariñosos y sigan manteniendo una imagen que merezca respeto, lo más sabio es que papá y mamá actúen con respeto, responsabilidad, rectitud y seriedad.
Los maestros, por su parte, se dedican a formar en lo académico y no en la persona desde el civismo. Los colegios, señala Freddy Hernando, se esmeran por cualificar sus énfasis de estudio, profundizando en un área en particular y no en lo humano.
El alcoholismo y las drogas, al igual que la prostitución y violencia pueden ser producto de ausencia de autoridad por parte de educadores y formadores en hijos y estudiantes que se les salieron de las manos. Lo mejor es dedicar tiempo para hablar, conocerse entre sí y propiciar espacios también para la recreación.
“Si es necesario, debe hablársele duro al niño y decirle ‘el que manda soy yo y se hace lo que yo digo hasta que demuestre que puede hacerlo por él mismo’. También, un ‘correazo’, de vez en cuando, no le hace daño a nadie y sí puede traer buenos efectos a futuro”, concluye el psicólogo.
Consecuencias de formar con violencia
La psicóloga Ana Juliana Becerra señala:
1. Tener en la mente más recuerdos negativos que positivos, porque la persona tiende a recordar más lo malo que le sucede y no de manera constructiva.
2. Desarrollo en el niño o joven de conductas de rebeldía.
3. Inconformidad frente al sistema educativo o familiar.
4. Desarrollar sentimientos de baja autoestima, siempre pensando que algo anda mal en ellos.
5. Baja capacidad de relacionarse con otros.
6. El niño maltratado de hoy será el ‘maltratador’ de mañana.
Nada lo justifica
lucy garnica mayorga
Psicóloga y especialista en pedagogía y semiótica. Maestra de ética y valores de primaria en Fundación Colegio UIS
Ningún tipo de maltrato es válido para la formación de un hijo o estudiante. Por esto, los métodos con los que educaron a los niños de antes, no deben implementarse en los de ahora porque la idea es implementar nuevas pedagogías que den sentido y razón para aprender contenidos y aspectos propios de la vida.
Años atrás los profesores escribían una larga lista de información en el tablero y nadie entendía nada. Esto es algo sin sentido.
También, desde las familias, son negativos los gritos y las comparaciones entre hermanos. Por ejemplo, “aprenda de su hermano que no necesita de ayuda para ser buen estudiante”. Éstas son comparaciones odiosas.
Si los padres y maestros no tienen paciencia y tolerancia para formar, es mejor que destinen esta misión a otras personas más comprometidas, ya que los malos procesos de enseñanza y crianza pueden ocasionar en los menores algunos traumas que pueden verse reflejados en deserción académica, personalidad insegura y desconocimiento de sus talentos.
El reto desde los hogares
1. Los padres deben ejercer su misión de una manera menos autoritaria y más acorde con el tiempo actual.
2. Fijar normas y reglas pero construidas entre todos, es decir, entre padres e hijos, porque los menores deben ser partícipes de su propia educación.
3. Generar espacios de comunicación entre todos y con el mismo lenguaje.
4. Papá y mamá deben acordar el manejo de roles. No una mamá activa y un papá pasivo, porque los hijos pueden evadir las normas al detectar inconsistencias en la autoridad.
El reto desde las aulas
1. Trabajar más con la lúdica. No tanto desde lo teórico sino desde lo práctico.
2. Propiciar metodologías en las que despierten el sentido visual.
3. Hacer uso de la tecnología.
4. Crear otros espacios que permitan el aprendizaje activo y no pasivo.