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Bucaramanga, Colombia
Del 30 de Marzo al 06 de Abril de 2008

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La Luis Perú de la Croix
No es cualquier casa
POR CAMILO VILLAMIZAR HERNÁNDEZ
Dibujante, lector, dromómano y poeta

A partir de diferentes documentos y testimonios, Vanguardia & Cultura reconstruye la historia de uno de los monumentos nacionales más importantes de Bucaramanga.



La Casa Mutis

En 1779, habiendo sido declarada Bucaramanga como Parroquia y trasladado el pueblo de indios hacia Guane, el alcalde don Nicolás de Rojas realiza el trazado urbano de 32 manzanas. Don Manuel Mutis Bossio, hermano mayor de José Celestino Mutis y que ya había sido alcalde, adquirió prácticamente un cuarto de una de estas manzanas y empezó la construcción de la casa, aproximadamente en 1780, según el historiador Armando Martínez.

Su hijo Sinforoso, fue el primer Mutis nacido en Bucaramanga, el 18 de julio de 1773, que llegaría a ser secretario de la expedición Botánica y luchó en la guerra de Independencia. Éste y sus demás hermanos, fueron criados por su célebre tío mientras estudiaban en Bogotá.

Dolores, una de las hijas de Don Manuel, contrajo nupcias con el coronel francés y edecán del Libertador, Luis Perú de la Croix, quien se supone escribió el “Diario de Bucaramanga” en esa casa, mientras Bolívar esperaba en 1828 los resultados de la Convención de Ocaña. Este famoso relato humano sobre el General, tuvo un enorme tiraje hace dos años por parte del Gobierno de Venzuela y su más reciente reedición fue realizada por a UIS.

También en 1828, nació allí Adolfo Harker Mutis, quien fue presidente del Estado de Santander, Constituyente en 1886 e instaló en la casa su empresa Koppel Schloss y Harker.

“Crónicas de Bucaramanga”, narra que Facundo Mutis Consuegra (el segundo dueño oficial de la casona), fue hecho prisionero y desterrado durante la reconquista española. Este personaje se hizo famoso cuando su generosidad y sus bodegas de maíz, hicieron frente al desabastecimiento de 1835.

Durante el siglo XIX, la casa funcionó como fonda siendo paso obligado para los forasteros.

Los Parra y una serie de inquilinos

A la muerte de don Facundo, hereda la casa su nieta Enriqueta Mutis Mutis, quien el 11 de octubre de 1849 la vende a don Crisóstomo Parra. Luego la casa fue heredada por doña Trinidad Parra de Orozco que en 1913 dirigió la Normal de Señoritas.

Al final del siglo XIX, la casa fue administrada por la Compañía de Jesús y en ella, el 22 de marzo de 1897 se fundó el colegio San Pedro Claver. Durante la Guerra de los Mil Días, el colegio se convierte en hospital para la recepción de soldados heridos.

Entre 1912 y 1918 el Regimiento (hoy Batallón) Ricaurte del Ejército se estableció allí, pero después fueron sus huéspedes el Colegio Femenino Froebel dirigido por la señora Mercedes de Phillips y el colegio de Santa Teresita.

Terpel y un sueño

Hasta que en 1978, Ecopetrol la adquiere siendo Mario Galán Gómez su presidente y Terpel la restaura, durante la gerencia de Rafael Pérez Martínez.

La casa era en ese entonces propiedad de los hermanos Freder Orozco, dos médicos bumangueses formados en Alemania que la habían heredado de Trinidad Parra: “Terpel quiso retribuirle a la ciudad su éxito empresarial con una obra cultural, por ello adquirió la Casa Luis Perú. En ese tiempo costó alrededor de 20 o 30 millones de pesos y en la restauración se debieron ir otros 10, dados los usos y abusos a los que fue sometida”, recuerda Rafael Pérez M.

La restauración estuvo a cargo de Mario Serrano Arenas y su interventor fue Julio García Merlano.

En 1981 se firma un comodato entre Terpel, el Banco de la República, la Cámara de Comercio y la Gobernación de Santander, para el mantenimiento de la casa.

Siendo gobernador Cala Hedrich, se crea la Corporación Luis Perú de la Croix, con Rafael Pérez como presidente, Gustavo Salazar su gerente y la señora Marina González de Cala su secretaria ejecutiva. La casa debía servir de Centro de Documentación Histórico Regional, centro de exposiciones y sala de conciertos. Terpel asumió el mantenimiento, el Banco la programación cultural y la Gobernación pagaba los funcionarios permanentes.

Marina González, rememora que en sus seis años de funcionamiento se realizó entre otras cosas: “un convenio con la Iglesia Mormona y el presidente Virgilio Barco para la microfilmación de los archivos de los dos Santanderes, que hoy pueden ser consultados en la UIS, Pamplona y los centros de documentación de los templos mormones; junto a las embajadas y Avianca, fue posible la exhibición de colecciones de los mejores fotógrafos de Francia, Italia y Brasil; el Banco de la República traía un concierto semanal entre los que se destacaron la Orquesta de Cámara de Canadá y el Cuarteto de Inglaterra; y se creó el Museo permanente de fotografía de Santander con cerca de 500 fotografías, la más antigua de ellas de 1848”. Una parte de este museo se encuentra en la UNAB y la otra embodegada en el Centro Cultural del Oriente.

Otra importante labor, fue la creación de una biblioteca, que fue dirigida por Leonor de Rangel y que se conformó en su mayor parte por la colección del historiador Juan de Dios Arias.

El declive

En 1987, el Banco de la República y la Cámara suspendieron sus contribuciones, por lo cual la Junta directiva de Terpel desistió del proyecto por su alto costo y entregó la casa a Ecopetrol, que primero quiso destinarla a sus sindicatos pero que al final intentó entregarla a la Academia de Historia de Santander, que no la pudo recibir por ser una entidad privada, pese a los esfuerzos de Gustavo Galvis A. y Alejandro Galvis R., director de la Academia y miembro de la Junta Directiva de Ecopetrol, respectivamente.

En 1992, se decide donarla a la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, a través de la escritura pública 3.519, cuya cláusula quinta, obliga a ser utilizada únicamente con fines culturales.

Con el traslado del Colegio El Pilar, el ahora Centro Cultural del Oriente quedó abandonado y la Biblioteca Departamental que se encontraba allí pasó a la Casa Mutis. Esta colección bibliográfica se había conformado en 1895 durante la gobernación de Aurelio Mutis. La biblioteca se amplió con la donación de las colecciones particulares del poeta Ismael Enrique Arciniégas, de Alfonso Acevedo Díaz y de David Martínez Collazos, de quien recibió su nombre. A partir de allí, ha sido nombrado periódicamente un funcionario de la Gobernación como director de la Biblioteca, pese a que desde el 2002 se encuentra clausurada.

En 1993, se realiza el comodato 008 por 5 años con la Academia de Historia, para que ésta asuma la dirección de la casa, lo cual nunca pudo asumir por falta de presupuesto.

Aunque en este tiempo se cumplió al menos su cometido cualtural, siendo sede de Batuta, del Fondo Mixto de Cultura y de la Casa de los Poetas, entre otros.

El contrato se renueva en 1998 por medio del convenio 007 con el Instituto Municipal de Cultura que aglutinó la Biblioteca Turbay. Y entre 1999 y el 2002, funcionó allí el celebre café cultural “1815” dirigido por Claudia Fernanda García.

Según Edmundo Gavassa, director de la Academia de Historia en ese entonces “la deuda por servicios públicos de la Casa alcanzaron a llegar a los 80 millones de pesos, el café se terminó porque tampoco pagó el arriendo y nadie quiso desocuparla”.

En octubre de 2001, la Gobernación firmó un contrato de apoyo con la Academia de Historia por un año, adjudicándole una partida presupuestal para la administración de la Biblioteca departamental.

Luego de la madrugada nefasta y aún no aclarada del 1 de junio de 2002, cuando la alcaldía ardió en llamas, la Casa Mutis debió albergar ilegalmente las oficinas de la alcaldía hasta el año pasado cuando que se inauguró el nuevo palacio municipal.

Las salidas

La casa quedó prácticamente vacía con una oficina, unos muebles viejos inservibles, la biblioteca clausurada desde hace 5 años —algunos dicen que saqueada— y algunas fotografías deterioradas colgadas de sus paredes con leyendas prácticamente ilegibles.

La Academia recogió los libros más importantes, los inventarió y guardó, y no los entregará hasta que existan las condiciones apropiadas para ello.

El año pasado el Director Cultural de la UIS, Luis Álvaro Mejía pasó un proyecto para que la casa fuera la sede de la Biblioteca patrimonial y el centro de documentación de la UIS. Un lugar donde se concentren todos los libros producidos en Santander y que se mantenga en el tiempo dando garantías a eventuales donantes de libros y bibliotecas completas.

Dos posibles donantes serían Armando Martínez Garnica y Orlando Serrano, quienes poseen una amplía colección de libros pero que solo están dispuestos a legar este patrimonio si se les garantiza la unidad temática de sus bibliotecas pero por sobre todo que éstas no sean saqueadas en el futuro.

Según Orlando Serrano, quien posee unos de los fondos cervantinos más completos del país y trabajó en la Casa Luis Perú de la Croix cuando allí funcionó la librería La alegría de leer: “nosotros las donaríamos, siempre y cuando se logre construir un proyecto cultual serio y estable, que la colección tenga carácter patrimonial y su uso esté restringido a investigadores”.

Otra buena alternativa, sería que así como sucedió hace 30 años, se unan varias entidades para salvar no solo la Casa Mutis, sino el Centro Culural del Oriente y la cultura permanentemente amenazada de la ciudad.

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