Séptimo día
Bucaramanga, Colombia
Del 23 al 30 de Marzo de 2008
La cuota de sangre de Colombia en Iraq
Belkys p. esteban

Dos horas después de hablar por teléfono con su madre, el soldado de Estados Unidos, Carlos Gil Orozco, nacido en Bogotá hace 23 años, murió. El tanque en que se movilizaba, en la provincia iraquí de Anbar, activó una bomba .

El Infante de Marina perdió la vida el 9 de septiembre de 2007. El militar estaba asignado al Segundo Batallón, Noveno Regimiento de Infantería y Segunda División de la II Fuerza Expedicionaria.

“Gilo”, como conocían a Carlos, fue el último de los siete colombianos muertos en Iraq en los cinco años que lleva la invasión.

El pasado lunes se conoció que 4.000 soldados estadounidenses han muerto en ese país oriental, pero la cifra de civiles que han perdido la vida llegaría a un millón, según un informe del instituto de investigación británico, Opinion Research Business.

El joven colombiano estaba casado y tenía dos hijos: Carlos Alexánder Gil Ibarrola, de cinco años y un bebé de nueve meses de nacido, a quien sólo conoció a través de fotos enviadas por Internet.

Vanguardia Liberal contactó en San José, en el estado de California, a Miryam Orozco, madre del soldado Carlos. Esta semana la mujer salió a protestar, reclamando el regreso de los soldados. “No quiero que otras madres pasen por el dolor que estoy viviendo”, dijo.

Pregunta y respuesta

VANGUARDIA LIBERAL: El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo el pasado lunes que “lamenta la pérdida de cada vida en el campo de batalla de Iraq”. El anuncio lo hizo al cumplirse cinco años de conflicto y registrar 4.000 muertes de soldados del ejército estadounidense, entre ellos su hijo Carlos. ¿Le cree a Bush?

Miryam Orozco: “El Presidente George Bush dijo algo que no me gustó. Él calificó la guerra de Iraq como noble. Esa palabra me hiela la sangre. ¿Cuándo una guerra es noble? Una guerra es destrucción y muerte. Una madre a quien se le murió un hijo en Iraq quiere preguntarle al Presidente de Estados Unidos ¿por qué considera esa guerra como noble? Eso no puede existir”.

V.L.: Cinco años después de la invasión a Iraq, se ha demostrado que la operación militar se basó en mentiras. ¿Considera que los soldados deben regresar a casa?

M.O.: “Mi hijo decía que no se puede retirar toda la tropa de Iraq porque se iría al suelo todo lo hecho allá. No estamos diciendo que abandonen todo el país. Quisiéramos que empezaran a traer más soldados para que no sigan muriendo. No quiero que otras madres pasen por el dolor que estoy viviendo. Hace seis meses que mi bebé murió y el dolor es tan grande que no se puede explicar”.

V.L.: ¿Quién es responsable de la muerte de su hijo? ¿Los iraquíes o George Bush?

M.O.: “Son muchas las versiones sobre las causas de la guerra. Unos dicen que buscaban a Saddam Hussein, otros que Estados Unidos quiere el petróleo de Iraq. Uno no entiende realmente qué pasa. En Iraq están matando soldados de todos los países. Los responsables son los iraquíes que instalan las bombas”.

V.L.: ¿Y qué piensa de los civiles iraquíes muertos en la guerra?

M.O.: “Uno no sabe de qué lado está la balanza. Si es de este lado o del otro. Es una pregunta muy difícil”.

V.L.: Algunas madres de soldados muertos en Iraq se han organizado para formar grupos que protestan contra la guerra, mientras otras prefieren vivir el duelo de forma privada. ¿Ha salido a protestar por la invasión a Iraq?

M.O.: “Cuando se conmemoraron los cinco años de la guerra (20 de marzo), salí a protestar. En el primer piso del edificio donde trabajo funciona una asociación de paz. Ellos organizan reuniones y convocan a manifestaciones. Yo estudio y trabajo. Cuando tengo tiempo los acompaño. No quiero que más madres pasen por el sufrimiento de perder a su hijo en la guerra”.



Demasiadas mentiras

V.L.: ¿Por qué su hijo terminó en el ejército de Estados Unidos?

M.O.: “Desde siempre a Carlos le interesó el ejército. Yo estudié en un colegio militar. Un tío también. De pequeño Carlos decía que quería tener una de esas cachuchas. Salimos de Colombia buscando un mejor porvenir. Aquí se vinculó al Ejército y estaba muy feliz. Estoy de acuerdo con la regla que dice que el día que uno nace, sabe cuándo uno se tiene que morir. Yo sé que mi bebé murió feliz, haciendo lo que más le gustaba”.

V.L.: ¿Cada cuánto hablaba con Carlos?

M.O.: “Cada día de por medio hablábamos por teléfono. Mi hijo decía que los iraquíes tenían minado todo el terreno. Decía que veían a las personas con bombas y que la opción era matarlos. De lo contrario los muertos serían ellos. Contaba que la situación era muy difícil. Que morían muchas personas y que tenía mucho miedo”.

V.L.: Carlos muere al estallar una bomba luego de que el tanque donde viajaba se volcó. ¿Cree que algo falló en esa operación?

M.O.: “Mi hijo decía que no todos los carros en que los mandaban, tenían un detector de bombas. Hay unos que no. Pienso que todos los vehículos del ejército deben tener ese sistema para localizar explosivos”.

V.L.: ¿Sabe si el tanque de su hijo contaba con el sistema?

M.O.: “Acá son demasiadas mentiras. Soy hija de antioqueños, de los que nos gusta saber de todo. Yo quiero conocerlo todo. Cuando trajeron el ataúd me dijeron que no podía abrirlo. Yo quería hacerlo. A una madre le aseguraron lo mismo. Ella hizo caso, y tiempo después le dijeron que habían encontrado el cadáver de su hijo. Esas cosas a uno le quedan en la mente. Mi hijo me autorizó en una carta para que me encargara de los trámites, si moría. En la carta dice ‘mi madre me dio la vida, mi madre me dará la muerte’.

V.L.: ¿Por qué asegura que le mintieron?

M.O.: “Cuando el ejército llegó a mi casa, me leyeron un papel. Decía que me entregaban el cuerpo de mi hijo. Reaccioné y les dije que lo sentía, pero que el cuerpo estaba incompleto. La persona se disculpó, porque en la carta afirmaba que buscarían el resto de órganos de Carlos”.

V.L.: ¿Quedó por escrito?

M.O.: “Ellos tienen un documento y yo firmé otro para que busquen las demás partes. Mi hijo me dijo que cuando los soldados llegan a un país, tienen que comprometerse por escrito a tomar las partes del cuerpo que se encuentren en el campo de batalla. Esos miembros son analizados para determinar, mediante el ADN, si pertenecen a una persona del ejército o a un iraquí”.

V.L.: ¿Abrió el ataúd?

M.O.: “Me decían que no, pero lo abrí. Claro que a mi hijo le he hecho tres funerales. El último fue el pasado 28 de diciembre. Carlos murió el 9 de septiembre de 2007. La primera vez recibí su cabeza y el tronco. El cuerpo de mi niño estaba envuelto en un plástico. A pesar de que tenía el dolor, no me impactó verlo. Estudié asistencia médica en Estados Unidos y para graduarme hice unas pruebas en la sala de autopsias del Hospital de San José. Era mi bebé y quería verlo.

En el segundo funeral me entregaron una mano y tres dedos de la otra mano. Y en diciembre recibí piel de una mano y una pierna”.

V.L.: ¿Cómo superó el impacto de esas imágenes?

M.O.: “Con amor. Recibí 64 fotos de su autopsia. Fue monstruoso, pero quería saber qué le pasó. Mi bebé era un hombre grandísimo. Pesaba 125 kilos. Tenía su cuerpo muy musculoso. Al entregarlo era desagradable ver todos esos pedazos allí, pero se trataba de mi hijo”.



A pocas horas de conversar

V.L.: ¿Cuánto tiempo le faltaba a su hijo

para regresar a casa?

M.O.: “Siete semanas. Nada más. Mi hijo debió llegar el 2 de noviembre de 2007”.

V.L.: ¿Tenía planes

para el futuro?

M.O.: “Se había inscrito en la universidad, para estudiar ciencias. También quería ingresar a la Policía, decía que allá pagan bien. Deseaba trabajar fuerte, para sacar adelante a sus hijos. El último nació el 27 de mayo de 2007. No lo conoció. El bebé ahora está muy lindo y precioso”.





V.L.: ¿Quería regresarse ya?

M.O.: “Mi hijo fue siempre muy fuerte. Hablé con él sábado 8 de noviembre. Eran las 11:50 de la noche. Me dijo que tenía miedo de morirse. Deseaba regresar. A él le tocaba llevar a los soldados heridos hasta el avión que los transportaba a Alemania. A veces decía que no se quería bajar de ese avión. Me respondía que se iba a morir. Le asegurá que todas las noches rezaba para que no le pasara nada. Luego nos despedimos. Salía a patrullar. A las 2:50 de la mañana lo mató una bomba”.

V.L.: ¿Aún no acepta su partida?

M.O.: “De pronto, como dice la Biblia, tal vez se fue para mejores cosas. Ya han pasado seis meses y me pregunto por qué nos tocó sufrir este dolor. Si éramos bien felices, por qué lo mataron. No sé por qué tuvo que irse. Mi hijo tenía 23 años. Lo adoro con todas mis fuerzas”.

V.L.: ¿Y su esposo Carlos ya superó la pérdida?

M.O.: “Toda la familia pasa por un momento muy difícil. Mi esposo dice que tiene miedo de tomar una cerveza. Tiene miedo de irse al fondo. Ellos se querían mucho”.



Legado familiar

V.L.: ¿Por qué su hija (Myriam Johanna) se quiere enlistar en el ejército?

M.O.: “Mi niña tiene apenas 15 años y está en noveno grado. Carlos le decía que las mujeres no sirven para ser Infantes de Marina. Ella le respondía que le iba a demostrar que estaba equivocado. Mi niña le prometió a su hermano que llegaría a la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Ella dice que quiere estudiar medicina y luego ingresar al ejército. Quiere portar el uniforme e ir a la tumba de su hermano para decirle que sí pudo cumplir la promesa”.

V.L.: ¿Acepta esa decisión?

M.O.: “Pienso que si uno quiere hacer algo en la vida y alguien le dice que no lo haga, se pueden tomar caminos equivocados y desagradables. Quiero que primero vaya a la universidad. De pronto cambia de idea, pero si insiste, seguro la apoyaré. Aún así, duele su decisión”.

V.L.: ¿Valdría la pena enviar a otro hijo a una guerra, en un país ajeno? ¿Valió la pena la pena la muerte de su hijo?

M.O.: “Mi hijo murió haciendo lo que más le gustaba. Cuando se inscribió, nunca pensó que habría guerra. Su muerte no se justificó. Ninguna madre en el mundo debería mandar a un hijo a la guerra y menos recibirlo en un ataúd”.

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