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Lunes 14 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Tubo roto pudo causar el alud que sepultó 48 personas

De un hilo penden las investigaciones para establecer la responsabilidad social y legal de la muerte de 48 víctimas que dejó un desprendimiento de tierra en el barrio Cervantes, Manizales, el pasado 5 de noviembre.
Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL
Se abrieron investigaciones preliminares para conocer la causa real de alud en Manizales.
(Foto: Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL)

Los entes de control del Estado arrancaron con indagaciones preliminares, pues las dudas se levantaron desde el momento de la tragedia. Nadie se explica por qué en un barrio tradicional, que jamás estuvo en zona de riesgo por inundación o erosión, ocurrió un deslizamiento tan atroz.

La investigación de estos fenómenos debe iniciarse el mismo día de la tragedia. “A la par que se hace el rescate, se deben recolectar muestras, tomar fotos y medidas, pues el paso del tiempo y la remoción de escombros afectan los resultados”, explicó el científico Luis Fernando Sánchez, ingeniero geólogo y docente de la Universidad de Caldas.

Concuerda con esto la geóloga Lorena Sanz, directora de la especialización en Prevención, atención y reducción de desastres de la Universidad Católica de Manizales. “A los académicos no nos han dejado entrar a la zona y tampoco Aguas de Manizales nos ha proporcionado información”, añadió Sanz.

La Personería Municipal pudo ingresar para estudiar técnicamente lo que pasó. La abogada delegada de ambiente e ingeniería, Tulia Helena Hernández, acudió a las 7:00 a.m. del día de la tragedia, recolectó pruebas testimoniales de los vecinos y damnificados, tomó fotos y videos del lugar y pudo obtener la declaración del ingeniero Alejandro Gutiérrez, de Aguas de Manizales. De allí salió el informe técnico, que además contó con el asesoramiento de Leonidas Serna, ingeniero consultor independiente.

Después de cotejar las evidencias, el informe técnico da una hipótesis: “a la 1:00 a.m. del 5 de noviembre se registraron agrietamientos del ducto ya afectado por un objeto que circuló en su interior, las grietas que permitieron la salida del líquido agotaron su capacidad por lo que el tubo llegó al nivel máximo de su resistencia y explotó con una fuerza de 42,66 libras por pulgada, cuya capacidad destructiva aumentó por las condiciones de fragilidad del terreno, causadas por la filtración de aguas lluvias mal canalizadas. Esa fuerza produjo un deslizamiento a las 6:15 a.m. del 5 de noviembre en la carrera 29 con calle 30”.

Lo cierto es que el agua movió la tierra de esa ladera del barrio Cervantes, pero el punto en discusión es cómo. Si por un tubo roto o por la saturación de aguas lluvias en el suelo.

Dos posibles causas
Ingenieros geólogos y ambientales y con base en las declaraciones de la comunidad, la Policía y los documentos cartográficos de Manizales se analizaron las dos posibles causas.

El tubo:”una de las hipótesis más razonables”. Aunque el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional (IDEA) ha tenido la responsabilidad de medir los fenómenos naturales y estableció los mapas preliminares que guían la prevención y atención de riesgos en la ciudad, ninguna autoridad le ha solicitado que investigue científicamente el desastre de Cervantes. Así lo cuenta su director, el ingeniero Jorge Julián Vélez Upegui.

Ha dicho, sin embargo, que “una de las hipótesis más razonables es el hecho de que después de un periodo de no tener un abastecimiento de agua potable esas tuberías tuvieran burbujas de aire, problemas de golpes de grietas o en la red causadas por cualquier movimiento brusco, que pueden generar una desestabilización del terreno”. Desde la ingeniería ambiental se dice que cualquier fuga de agua, por mínima que sea, puede mover una montaña.

En el mismo sentido está el ingeniero Fernando Sánchez, que estuvo en campo tres días después de los hechos y basa su posición en una evidencia óptica: el color de la tierra.

“La humedad es una prueba para identificar qué causó un deslizamiento, en este caso podemos observar que el color demuestra que la tierra está muy seca en las zonas lejanas al tubo, en cambio la humedad se concentra cerca al tubo y va paralela al flujo de agua y a la tubería. Eso indicaría que la acumulación de agua fue por agrietamientos en el tubo y no por la saturación de lluvias en el terreno. Si la lluvia hubiese causado el movimiento, el color de la humedad sería parejo”.

Otras evidencias que sostienen esta hipótesis se basan en que la ladera aparece sin amenazas en el Plan de Ordenamiento Territorial de Manizales (POT).

No era una zona de protección estricta, se le hacía un mantenimiento constante, no ha sido intervenida y por tanto la conducción del agua lluvia se ha hecho de forma natural, lo que disminuye las filtraciones que son las que erosionan la tierra.

“El lote tuvo licencia de construcción en 1981, pero no se pudo levantar el proyecto. Este año recibimos solicitudes para construir. Se le dio un manejo adecuado por Betania y las guardianas de la ladera”, explicó Jorge Mejía, ingeniero de Obras Sociales Betania, dueña del terreno.

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