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Domingo 15 de Enero de 2012 - 02:31 PM

“El pontificado de Juan Pablo II fue sin duda una novedad”

Monseñor Slawomir Oder, el prelado que traerá a Colombia la reliquia del Beato Juan Pablo II, el próximo 20 de enero, habla sobre lo que significó para él ser postulador de la causa de la canonización de Juan Pablo II.
Tomada de internet/VANGUARDIA LIBERAL
“El pontificado de Juan Pablo II fue sin duda una novedad”
(Foto: Tomada de internet/VANGUARDIA LIBERAL)

Sobre esto y sobre su relación con el beato habla Oder, para quien todo este proceso y cercanía con la historia de Juan Pablo II significó en su vida un terremoto que la cambió totalmente.

“El día en que el Cardenal Vicario me comunicó su intención de encargarme el mandato de postulador en este proceso, sentí que mi vida adquiría una nueva cualidad”, señala el religioso completamente entregado a su devoción por Juan Pablo II, cuya vida -dice- “se ha convertido para mí, en un punto de referencia”.

Usted confesó que cuando asumió el compromiso de ser postulador de la causa de la canonización sintió miedo por tal ese desafío.

¡Cierto! La novedad nos sacude y nos llena de temor. Aceptando el encargo tenía la clara percepción de asomarme a una realidad sellada por la presencia de Dios. Ahora lo que intento es, no ser un obstáculo a la realización de su proyecto.

También señaló que asumir ese reto fue un esfuerzo de conciliación que lo llevó a una conversión personal ¿Puede explicar ese proceso? El proceso canónico de beatificación y canonización se puede asimilar al proceso de creación de un ícono. Realizar el proceso, no es sólo un procedimiento jurídico, sino también ascético, que impone la necesidad de una identificación cada vez mayor con lo que se realiza.

En este proceso, ¿cómo actúa la figura que popularmente es conocida como “abogado del diablo” (Promotor de justicia)? En el contexto del proceso de beatificación todas las personas que intervienen cooperan a la búsqueda de la verdad. Se trata del bien público de la Iglesia y cada una de ellas actúa con este fin en el ámbito de las propias competencias.

¿Qué es y qué hace el Promotor de justicia? El Promotor de justicia es, en un cierto modo, la figura contraria a la del postulador y garantiza la máxima transparencia y objetividad en el proceso. Es él quien prepara las preguntas para los testigos y quién vigila que todas las cuestiones, incluso también las más problemáticas, se afronten.

¿Hubo oposición a la beatificación fuera del Vaticano y dentro de la Je-rarquía eclesiástica? Con el edicto del Cardenal Vicario se invitaba a todos aquellos que tuviesen conocimiento de los hechos a colaborar en su desarrollo. Entre los muchos testimonios, han llegado algunas voces contrarias. Puedo decir que estas voces, que eran notorias (teólogos progresistas o ultra conservadores) concernían no tanto a la santidad personal del Pontífice, como con algunas posiciones suyas doctrinales.

¿Qué testimonios desde Colombia recibió y cómo ha sido el proceso de verificación? Las comunicaciones han llegado de todo el mundo. Naturalmente también de Colombia. Se trataba de curaciones…, muchas de tumores y del don de la paternidad y la maternidad.

¿Ocurren muchos milagros en esta época? Sí, aún hoy la Iglesia, fiel a la tradición plurisecular, procede a la beatificación o canonización después de haber reconocido el milagro.

AL RELIQUIA

¿En qué consiste la reliquia de Juan Pablo II que usted trae a Colombia? Las reliquias son un signo tangible de la presencia de los santos entre nosotros. La Iglesia permite su veneración porque son instrumentos que nos ayudan a orientar nuestras oraciones a Dios por intercesión de nuestros amigos los santos. La sangre es símbolo de la vida, la vida donada por Dios y los hermanos. Su presencia nos recuerda la vocación de los cristianos a vivir gastándose en el amor por Dios y por el prójimo.

¿Qué le diría a los no creyentes sobre la llegada de la reliquia a Colombia? Juan Pablo II amó mucho a la Iglesia, pero también a todos los hombres. No se ahorró sacrificios para llevar la palabra del Evangelio, para testimoniar la alegría de ser amados por Dios. Estoy convencido de que la presencia de su reliquia será una llamada a renovar la ad-hesión a muchos valores.

Uno de los episodios más destacados de la historia personal de Juan Pablo II, fue el perdón a Mehmet Alí Agca, quien intentó asesinarlo. ¿Cómo interpreta la visita a Alí Agca por parte de su Santidad? Juan Pablo II perdonó a su agresor incluso sin que éste le hubiese pedido perdón. Sobrevivir al atentado fue para el Beato una ocasión para re-novar su total abandono en Dios por María. Tenía la clara conciencia de que la vida le había sido donada nuevamente.

¿A su juicio el perdón debilita la credibilidad de la Iglesia? El perdón no hace débil a la Iglesia, sino que es algo que pertenece a su misión. El perdón es la condición indispensable para que las personas puedan convivir pacíficamente, es la semilla de la esperanza y del futuro.

A la luz de las enseñanzas de Juan Pablo II ¿Cree posible la reconciliación en nuestra nación? La reconciliación es esencialmente obra de Dios, que actúa a través de la inspiración de los corazones de los hombres para que puedan proceder con justicia, verdad y caridad renunciando a la venganza, a la prepotencia. Estoy convencido de que en esta tierra colombiana tan martirizada, pero también con tanto coraje y tan enraizada en la fe, hay muchas personas que tendrán la magnanimidad del corazón y el coraje para acoger y recorrer el camino indicado por el Beato. Llegarán, entonces, la paz y la reconciliación.

¿Es posible el perdón a los victimarios? La vía del Evangelio no es fácil. La llamada de Cristo pasa a través de la renuncia de sí mismo y se realiza en el seguimiento de la vía de la cruz.

¿Con Juan Pablo II hay una evolución o una ruptura histórica en el comportamiento de la iglesia? Seguramente en su pontificado podemos notar la continuidad con la doctrina enraizada en la tradición y renovada en su modo de enfrentarse al mundo desde el Concilio Vaticano II. En cuanto al estilo del ejercicio de su pontificado, fue sin duda una novedad. Su cercanía a la gente, la sencillez de su cordialidad transparente en sus actitudes, la humildad de escuchar y de confrontarse, han definido seguramente su modo de ejercitar el munus petrinum.

‘Diario de una amistad’ revela el vínculo espiritual entre Juan Pablo II y Wanda Poltawska, psiquiatra polaca amiga y colaboradora de Karol Wojtyla. ¿Qué valoración tiene de esa amistad? Es una espléndida página de la más alta espiritualidad, de la amistad fiel y transparente, del amor por la verdad, del empeño por el bien de las almas. Conociendo el sufrimiento que marcó el camino de vida de Wanda, estoy convencido de que también esta historia hay que considerarla en el contexto más amplio de la deuda de amor que el Beato pagaba con su propia vida.

¿Pensó Juan Pablo II en retirarse? Como su predecesor Pablo VI, por motivos de prudencia el papa dio algunas disposiciones para que fuesen observadas en el caso en que no estuviese en condiciones de continuar su misión. Objetivamente los motivos de este prudente comportamiento existían. Pero totalmente abandonado a la voluntad de Dios, dejaba a Él cualquier iniciativa.

¿Fue Juan Pablo II un signo de contradicción para algunos sectores de la jerarquía en la Iglesia católica? Ha sido un hombre de Dios, un hombre de oración. Encarnó aquello en lo que creía. Vivía el Evangelio y el centro de su vida fue la Eucaristía.

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