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Domingo 26 de Febrero de 2012 - 09:01 AM

Se derrumba el mito sobre la casa de ‘Tirofijo’

En el caserío de La Sombra, donde no había agua, durante el tiempo del despeje ‘Manuel Marulanda’ tuvo casa con piscina.
Archivo/VANGURDIA LIBERAL
Se derrumba el mito sobre la casa de ‘Tirofijo’
(Foto: Archivo/VANGURDIA LIBERAL)

Algunos dicen que en esa casa espantan. Campesinos que recorren los caminos secos y polvorientos del caserío La Sombra, a cuatro horas del casco urbano de San Vicente del Caguán, afirman que en esta vivienda de dos plantas, ladrillo rojos y balcones torneados, se escuchan ruidos nocturnales.

La residencia, que contrasta con las de la zona construidas en tabla, pisos en tierra y techos de zinc, sirvió de refugio por más de una década a quien fuera el máximo jefe de las Farc alias ‘Manuel Marulanda’ o ‘Tirofijo’.

Aseguran los labriegos que en las noches claras de esas llanuras caqueteñas, puede verse en la casita la silueta de ‘don Manuel’ (como era llamado en la región), que, con toalla al hombro, gorra guerrillera medio puesta y machete al cinto, vigila los zaguanes agujereados por buscadores de caletas repletas de dinero.

"Él es el encargado de que nadie se lleve nada de su casa. La gente se ha metido y la ha vuelto nada", dice un campesino, que prefiere callarse antes de meterse en problemas por el constante paso de motos vigilantes que dejan una estela de polvo anaranjado.

Al preguntar que de quién es ahora la vivienda, nadie responde. Prefieren callarse porque el frente Combatientes del Yarí y la columna móvil Teófilo Forero de las Farc, han impuesto reglas que ningún campesino acepta pero que tienen que "tragarse" para evitarse problemas.

Problemas que el sacerdote de San Vicente del Caguán, Ricardo Tovar Sánchez, define como "la presión de la guerrilla a la población, lo que son las extorsiones, el temor de la gente para expresarse libremente frente a ciertas expresiones que la guerrilla exige".

Tovar dice que aunque la presencia guerrillera ya no se ve de manera física o uniformados, sigue la presión a los informantes "y el control de muchas situaciones".

UNA CASA GRUYERE

La casa en la que vivió ‘Tirofijo’ es una de las pocas construcciones que quedan en pie tras los fallidos intentos de conversación hace 10 años entre las Farc y el Gobierno Nacional, en una zona de distensión que integró a los municipios de San Vicente del Caguán, en Caquetá; y Vistahermosa, La Macarena, Uribe y Mesetas en Meta.

Las otras como los talleres en los que arreglaban los vehículos en el despeje, fueron bombardeados por el Ejército.

La casa está abandonada, más no sola, porque malezas como la selvanegra, la olivarda, y la pegamoscas, se han trepado a los muros y en ella se refugian las ratas de monte y otros animales.

En el segundo piso, ‘Marulanda’ se pasaba las horas saludando a los que transitaban por el lugar, recuerdan los habitantes de La Sombra. "Él movía la mano y la gente contestaba, no por cordialidad, sino por temor", dice un aldeano.

Pero ahora, años después la casa parece un queso gruyere. Los rumores de que hay caletas con dinero han atraído campesinos furtivos que buscan fortunas y han cavado huecos en las habitaciones, baños y en la cocina.

Esta historia que corre de boca en boca, es complementada con la de un residente del sector que una noche se metió a la vivienda y se le arregló su vida y la de toda su familia.

"El cavó un hueco en la cocina. Se encontró con una caneca y un costal. Trató de arrastrarlos pero no pudo y fue por uno de sus hijos de 11 años. Sacaron lo que había. Dos mil millones de pesos", dice un transeúnte.

Del campesino no volvió a saberse. Cargó con su familia y su supuesta nueva fortuna y abandonó el caserío.

"Tuvo que perderse. De no ser así las Farc le hubieran reclamado la plata y después lo hubieran matado a él, a la esposa y a sus tres hijos", comenta el caminante.

Desde ese entonces, romerías han llegado hasta la casa de ‘Tirofijo’, tratando de buscar dinero y arriesgándose, incluso, a perder la vida, todo porque dicen que los guerrilleros minaron a los alrededores para evitar los saqueadores y a los soldados.

El coronel Fredy Gómez, comandante del Batallón Cazadores, cuyos 1.300 hombres se despliegan a lo largo de San Vicente del Caguán, asegura que esta es un área estratégica para las Farc porque "es la retaguardia donde tenían su pie de fuerza bien constituido".

Gómez indica que entre los pobladores hay temor "pero muchos han manifestado no querer a las Farc. La gente pide la presencia del Ejército y cuando nos piden es porque confían en nosotros".

Pero más allá de Los Pozos, las reglas son diferentes. Ningún conductor puede transitar entre Las Delicias, La Machaca, La Sombra después de las 6:00 p.m. Hacerlo le acarrea una multa impuesta por las Farc de 1'000.000 de pesos. Igual ocurre con los motociclistas. Deben andar sin casco, de lo contrario, 500.000 pesos saldrán de su bolsillo para las arcas de la guerrilla.

A diez años de terminada la zona de distensión, se percibe la falta de educación, salud, servicios públicos; necesidades que Óscar Prieto, secretario de Gobierno de San Vicente del Caguán, pide les sean satisfechas.

LA CASA DE LAS PARRANDAS

Al lado de la casita de ‘Tirofijo’, en un terreno con parqueaderos, carretera pavimentada y postes de energía, a diferencia del poblado donde se alumbran con velas, está el caserón en el que ‘Marulanda’ recibía a los invitados.

Es de una sola planta, con techos en madera agujereados por la búsqueda de caletas y pisos de cerámica café enturbiados por el paso del tiempo y el polvo que los corroe.

Detrás de la casa están las ruinas de la piscina, símbolo de la ostentación de las Farc en una zona donde el agua, según sus habitantes, no la pueden beber. Allí hacían las rumbas en las cuales alias ‘Duriel’, un desmovilizado de la columna móvil Teófilo Forero, participó en ocasiones. "Era tremendo jolgorio. Allá había whisky y comíamos carne. Si quería podía tener algo con una de las compañeras. Eran tiempos de excesos".

Dice ‘Duriel’ que los que más se gozaban esas rumbas eran los comandantes ‘el Mono Jojoy’, ‘Raúl Reyes’, ‘Joaquín Gómez’ y el guerrillero ‘Andrés París’.

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