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Martes 17 de Abril de 2012 - 12:01 AM

La Cumbre de las Américas: una desilusión que se hubiera podido evitar

A pesar de las grandes expectativas que medios de comunicación y Gobierno crearon alrededor de la Cumbre de las Américas, los logros fueron magros y los desencuentros profundizaron las líneas divisorias en el hemisferio.
La Cumbre de las Américas: una desilusión que se hubiera podido evitar

Desde hace ya rato el declive de poder de Estados Unidos y el relativo crecimiento que han experimentado varios países ha llevado a que actores regionales intenten ampliar sus márgenes de maniobra y construir posiciones independientes frente a la potencia del Norte. Lo que aconteció en Cartagena le envió un mensaje claro a la política exterior del actual Gobierno: intentar jugar el papel de puente conciliador en una región tan dividida es una apuesta difícil.

El tan renombrado liderazgo que el Presidente Santos está intentando promocionar no tuvo ningún eco entre los mandatarios del área. Colombia no pasó de ser anfitrión de la cumbre y algunos países ni siquiera le concedieron el gesto diplomático de quedarse hasta el final de la reunión. Lo que se presenció fue una desbandada gradual, que terminó inmortalizada en la foto oficial con menos mandatarios en la historia de la Cumbre. Y el resultado es a lo menos cuestionable: tres comunicados independientes y ninguna declaración oficial. Es claro: fuera de los temas de rigor en los que siempre están todos de acuerdo, el hemisferio está plagado de divisiones y desacuerdos que nadie, y mucho menos Colombia, pudo conciliar.

Pero esta era una desilusión que se hubiera podido evitar si gobierno y medios colombianos hubiesen hecho un diagnóstico más realista de la Cumbre y del papel que Colombia hubiese podido jugar como organizador. Se sabía desde el comienzo que con Cuba, Malvinas y el tema de las drogas en la agenda era prácticamente imposible que se lograra un acuerdo. Ni la diplomacia más hábil hubiese podido si quiera controlar los términos en los que se dio la conversación. Era imposible satisfacer semejante nivel de expectativas.

¿Y qué le quedó a Colombia?
Cualquier análisis de política pública requiere un balance de los costos y beneficios que se obtienen de decisiones como la de ser el anfitrión de la Cumbre de las Américas. Santos afirmó que el beneficio había sido que se había dado una discusión franca por primera vez. Sin embargo, esta no es la primera vez que se debaten estos temas, y de hecho, se han debatido tanto, que en la Cumbre solo se replicaron posiciones ya conocidas y se hicieron más explícitas. Pero no más.

Siempre es útil que los jefes de Estado se reúnan y discutan sobre temas, pero no sobra preguntarse si esto es algo que eventualmente puede suceder en escenarios menos costosos y opulentos y que a lo menor, por su bajo perfil, sean susceptibles de mostrar más resultados. Por ejemplo, y solo para precisar la ambigüedad con la que este tema fue presentado, lo de las visas de 10 años para ingresar a Estados Unidos y la entrada en vigencia del TLC se había logrado antes y gracias a entendimientos bilaterales, eso no fue un resultado de la Cumbre.

Es muy posible que el encuentro de empresarios que se dio en Cartagena vaya a contribuir a incrementar la inversión extranjera y el flujo de turismo. Pero de eso a sugerir que gracias a la Cumbre somos grandes jugadores del escenario internacional hay un gran trecho.

La primera condición para el ejercicio de una diplomacia eficaz es justamente que parta de un diagnóstico real y no imaginado de nuestras capacidades y nuestro potencial a nivel internacional.

* Profesora e Investigadora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Los Andes.

Cuba: la isla de la discordia

El disenso sobre este tema ya se había anunciado antes de la Cumbre. El gobierno colombiano pensó que era posible lograr una declaración conjunta, que dejara por fuera este tema y allí el fallo en el cálculo fue monumental. Varios países llegaron a la reunión de cancilleres dispuestos a incluir el tema en la declaración, y la reacción de Estados Unidos y Canadá en contra de la inclusión de la isla en la próxima cumbre no se hizo esperar.  

Esta fue la crónica de un desastre anunciado: las diferencias venían acrecentándose, mientras en Colombia se continuaba sugiriendo que el gobierno había logrado superar el problema en su viaje a La Habana y que había cumplido con su labor de conjurar este fantasma. Nada más lejos de la realidad: ni el problema se resolvió en Cuba ni el gobierno colombiano estuvo preparado para hacer control de daños una vez se desbarató la posibilidad de una declaración conjunta. Desde el comienzo, la suerte estaba echada.

Argentina y su reclamo sobre las Malvinas

Al igual que con el tema cubano, se había anunciado con anterioridad que Argentina venía dispuesta a poner su reclamo sobre la mesa. Y efectivamente, en la reunión de cancilleres, Argentina propuso dos únicas opciones: o se incluía un párrafo sobre Argentina o no firmarían la declaración conjunta.  

El gravísimo error del presidente Santos al no incluir ni siquiera una mención al tema en su discurso inaugural produjo incomodidad y enojo en el gobierno argentino. Y se trata de un error, porque la posición histórica colombiana siempre ha sido a favor del reclamo argentino, mientras este no se dé a través del uso de la fuerza. Para hacer las cosas más graves, Colombia había suscrito en Unasur una declaración a favor del reclamo argentino, así que dejó en el aire el mensaje de que en un escenario suramericano tiene una posición, pero si Estados Unidos está por ahí, tiene otra diferente.

El tema de las drogas

La decisión final también demostró que en este tema tampoco era mucho lo que se podía lograr. Gobierno y medios en Colombia celebraron con poca mesura el que el gobierno estadounidense hubiese accedido a discutir el tema, y cuando Obama directamente y sin amagos dijo el primer día que para su gobierno la legalización no era una opción, todos entendieron que estar abierto al debate no necesariamente significa estar dispuesto a cambiar de posición. El resultado tampoco fue el que gobierno quería: no se nombró un grupo de países que adelantaran un análisis de opciones, sino que se le delegó la tarea a la OEA.  Allí, amanecerá y veremos.

Opinión

Juan Manuel Galán
Senador Liberal
“Es un balance muy positivo para Colombia. La reunión bilateral con Estados Unidos dejó dos resultados muy importantes, como la ampliación de la visa por 10 años y la entrada en vigencia del TLC.

La reunión de más de 400 empresarios, que seguramente encontraron un ambiente muy favorable para regresar, activará la economía. Fue una vitrina internacional para Colombia que es una oportunidad de demostrarle al país que pocas veces se puede dar”.

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