Cifras de la Asociación Colombiana de Neurología estiman que por año 40.000 colombianos podrían sufrir un infarto o ataque cerebrovascular. Los que están en mayor riesgo de padecerlo son los mayores de 55 años, los hipertensos, diabéticos y especialmente los que tienen sobrepeso u obesidad.

Publicado por: COLPRENSA
Según el neurólogo y ex presidente de la Asociación Colombiana de Neurología, Germán Enrique Pérez, el cerebro sufre un ataque o un infarto cuando los vasos sanguíneos que le suministran sangre se rompen u obstruyen. Esto priva a una parte del cerebro del flujo sanguíneo, produciendo la muerte de las neuronas.
La clave para evitar la muerte del cerebro y de la persona está en acudir al servicio de urgencia una vez se presentan los síntomas de alarma. Se estima que el paciente tiene hasta cuatro horas para recibir tratamiento; después de este tiempo se compromete su vida o pueden quedar secuelas más graves.
Una persona debe consultar al médico de inmediato en caso de experimentar alteraciones en el movimiento de cualquier parte del cuerpo (brazos, piernas, rostro) o en la sensibilidad, es decir, al contacto, o al sentir presencia de frío o calor.
El neurólogo sostiene que un síntoma de alarma importante es cuando la persona sufre alteraciones en el lenguaje, por ejemplo, cuando piensa una palabra pero dice otra, o no es capaz de articular adecuadamente lo que quiere decir.
Las alteraciones visuales, del equilibrio y la sensación de tener el peor dolor de cabeza de toda la vida, son otros indicios de que algo puede estar pasando con el cerebro. En estos casos, con que se presente uno solo de estos síntomas es indispensable ir al médico de inmediato.
Lo mismo debe hacer las personas que tienen uno de estos síntomas de forma esporádica. Por ejemplo, experimentar ceguera de un ojo o no poder pronunciar palabras por un lapso corto, puede ser un ataque isquémico, que según Pérez, podría indicar que la persona en los próximos 90 días tendrá un ataque cerebrovascular mayor.
Después del infarto:
Cuando el paciente es remitido al servicio de urgencias se le debe practicar una tomografía para saber cómo está el cerebro. Una vez se conoce el diagnóstico se inicia el tratamiento trombolítico, que está incluido en el POS y es el que está indicado para pacientes que sufren un ataque cerebrovascular.
Como no todos los hospitales tienen neurólogos, Pérez explica que en algunas ciudades se han capacitado internistas y médicos del servicio de urgencias para que sepan cómo aplicar este tratamiento, que requiere un entrenamiento especial.
La aplicación del tratamiento puede durar una hora. Sin embargo, los controles son rigurosos por un lapso de 24 horas. Después de este periodo el paciente deberá estar en evaluación para saber qué secuelas quedaron, por ejemplo de equilibrio o lenguaje, para empezar un proceso de rehabilitación.
El problema a futuro es que los pacientes que tuvieron un infarto cerebrovascular son propensos a padecer otro. Se estima que el riesgo de repartirlo es de 4 a 8 % en el primer mes; de cerca del 12% en el primer año y de 24 a 49% en los siguientes cinco años. La mitad de los que tienen un ataque hoy, lo repetirán en un lapso de 5 años.
Según Pérez, por eso es importante que los médicos tratantes sepan cómo orientar al paciente para que se reduzca ese riesgo. Primero con el suministro de medicamentos indicados, incluyendo los antihipertensivos, y una guía de nutrición y de ejercicios que ayuden a mantener el cuerpo del paciente saludable.















