Martes 2 de Septiembre de 2014
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Viernes 09 de Noviembre de 2012 - 02:32 PM

La cédula llega a sus 60 años

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
La cédula llega a sus 60 años
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
En un par de semanas se celebrará uno de los cumpleaños menos advertidos, pero más significativos en la historia nacional: será el aniversario número 60 de la cédula de ciudadanía.

Fue el 24 de noviembre de 1952 cuando se expidió el primer documento de identidad blanco laminado, que hoy ha sido reemplazado por un documento café plastificado o, para la mayoría, por la tarjeta amarilla con hologramas.

El primer colombiano en portar una cédula ‘moderna’ fue el entonces presidente de la República, Laureano Gómez Castro. Para entonces sólo podían acceder a este documento los mayores de 21 años hombres, pues las mujeres estaban excluidas de dicha posibilidad.

El día siguiente, 25 de noviembre, la Registraduría entregó 17 cédulas a los ministros y funcionarios cercanos al Gabinete. Entre ellos estaba Alejandro Jiménez Arango, quien hoy cuenta 89 años de edad y a quien le fue otorgado el documento de identidad número 11.

Hoy todos los colombianos mayores de 18 años, sin importar su sexo, pueden y deben acceder a su cédula.

Los abuelos de la C.C.

Para ser claros, es necesario precisar que mucho antes de la cédula blanca laminada existían documentos que prendían cumplir una función similar.

El primer modelo de documento de identificación fue creado por el general José María Obando, en su presidencia y tras la aprobación de la Constitución de 1853. En ese entonces la única función que cumplía ese “papel” era dar acceso a las votaciones, por lo que era denominado ‘título del elector’.

En 1862, para que los ciudadanos registrados en la lista de electores pudieran votar en la Convención de Ibagué, se estableció como requisito para sufragar un documento impreso de calificación. Para acceder a él se debía demostrar que el interesado sabía leer y escribir. Los datos que allí aparecían eran el nombre, la edad, el estado y residencia del elector.

Con la Constitución de 1886 no hubo cambios en ese documento. En 1909 el líder liberal Rafael Uribe Uribe propuso la expedición de un documento de identidad por parte de las municipalidades, que fuera obligatorio para votar en todas las elecciones, so pena de multa, cuyo valor ascendería a un peso. Esa posibilidad no prosperó.

En 1929, con la Ley 31 del 12 de noviembre, el presidente Miguel Abadía Méndez dispuso que los jurado electorales expidieran, a todo ciudadano inscrito en el registro permanente, una cédula de ciudadanía que le serviría como identificación y además como ‘título de elector’. En esta aparecían la filiación del individuo; una copia fotográfica, pisada por el sello de la oficina que expedía; la firma del interesado; el número que al elector correspondía en el registro; su nombre y domicilio; la clase de elecciones en las que participaba y la fecha de la expedición.

Hoy el tamaño de un documento de identidad es de 6,5 cm x 9,5 cm, pero hay que ver los de aquella época, cuando median media hoja tamaño carta, eran diligenciados con tinta y manualmente, lo que con el paso del tiempo afectaba su calidad; como si fuera poco, si el elector cambiaba de vecindad, debía entregar la cédula y solicitar otra en su nuevo domicilio.

La C.C. y el bogotazo

Los hechos de terror ocurridos en 1948, durante el llamado Bogotazo, marcaron la vida de los colombianos. El impacto también lo sufrió la cédula de ciudadanía.

Con el nacimiento de una nueva Organización Electoral (Ley 89 de 1948) se quiso que un organismo de ese talante fuera independiente de los partidos políticos, con el claro propósito de que ninguno pudiera sacar ventaja sobre los demás a la hora de obtener cédulas de ciudadanía, dando así independencia en los procesos electorales.

La suma de esas intenciones llevó a la implementación en la identificación de la huella dactilar, para lograr la individualización plena. Un año más tarde, en 1949, el Gobierno Nacional contrató una misión técnica canadiense, a la que le encargó el estudio de las fallas del documento usado entonces y propusiera medidas para mejorarlas.

A partir del Decreto 2628, del 28 de marzo de 1951, se acogieron las sugerencias canadienses. Uno de los grandes saltos para la época, tendiente a la conservación del documento de identidad, fue la expedición del documento laminado. Así, se determinó el 24 de noviembre de 1952 como la fecha para iniciar la implementación de la nueva cedulación.

La cédula blanca laminada, expedida por la recién creada Registraduría Nacional del Estado Civil, no tenía costo. Esta era una reproducción fotográfica del ángulo inferior izquierdo anverso de la tarjeta decadactilar y del retrato del ciudadano.

Para entonces el tamaño también varió, pasando del mencionado media carta a uno de 5 cm de ancho por 9 cm de largo. Además del número correspondiente, debía contener los apellidos y los nombres del ciudadano, el lugar y la fecha de nacimiento, la estatura, el color de piel, las señales particulares y su firma, igualmente la rúbrica del Registrador Nacional del Estado Civil y la fecha de expedición.

Para su elaboración, se adoptó el sistema Henry Canadiense de clasificación dactiloscópica y la máquina fotográfica de identificación Monroe-Dou para la fotografía simultánea del ciudadano.

Uno de los logros más importantes fue el del archivo dactiloscópico único, el cual se centralizó en Bogotá (un archivo alfabético, numérico, fotográfico y microfilmado).

Tres años más tarde, en 1955, y con la puesta en marcha de una campaña de cedulación para todos los colombianos mayores de 21 años, se logró paso a paso ampliar el universo de nacionales identificados, quienes gracias a esto podían acceder a un empleo remunerado, celebrar contratos públicos, presentar demandas, obtener pasaportes, matricularse en universidades o en los colegios y comprobar la identidad en el recibo de correspondencia. A la par se dio un logro mayor, pues se les reconoció el derecho de cedulación a las mujeres, gracias al Acto Legislativo 3 de 1954.

La primera beneficiada fue la primara dama de la época, doña Carola Correa de Rojas Pinilla, esposa del Presidente de la República, el general Gustavo Rojas Pinilla. A ella le correspondió el número de identificación 20’000.001, documento expedido en 1956.

A partir de la Ley 39 de 1961 se definió la cédula como el único documento de identificación y fue así como ésta se convirtió en el sistema válido y exclusivo de identidad para todos los actos civiles, políticos, administrativos y judiciales.

Otro de los pasos que marcaron la historia de este documento, que ahora portamos a diario y por el cual entramos en pánico en caso de pérdida, se dio en 1975, cuando el presidente Alfonso López Michelsen, el 18 de diciembre, modificó la mayoría de edad reduciéndola de 21 a 18 años (Acto Legislativo No. 1) lo que abrió la posibilidad de que más colombianos pudieran acceder a la cédula, participar en procesos electorales y asumir todos los deberes y responsabilidades propios de un ciudadano.

El ciudadano número 11

De cada uno de estos cambios ha sido testigo Alejandro Jiménez Arango, el ciudadano a quien le correspondió la cédula número 11. Él es uno de los primeros colombianos que recibió su cédula de ciudadanía blanca laminada en 1952.

No es raro ver en muchas personas gestos de desconfianza, de curiosidad y hasta de sorpresa cuando observan el documento de identidad del médico Jiménez Arango (dos veces ministro de Salud Pública y fundador de la Fundación Santa Fe de Bogotá), pues no están los ocho o diez dígitos que son comunes en una cédula de ciudadanía actual, sino que sólo se ven dos: 11.
Esa sensación de extrañeza lo ha acompañado siempre, pues hace 60 años él, por ser uno de los portadores de cédula, era considerado un privilegiado.

“No hay una persona viva que tenga una cédula de número inferior a la mía, ya todos han muerto”, dice Jiménez, con sus 89 años, mientras recuerda a sus amigos del año 52.

A don Alejandro lo acompañan en su apartamento, al oriente de Bogotá, fotografías y obras de arte que, al igual que su documento, cuentan una larga historia de vida.

“Las cédulas eran grandes, de papel ordinario rosado, escrito a mano, sumamente incómodas, tocaba doblarlas en cuatro y después de unas cuantas veces se rajaban”, dice Jiménez, hoy magistrado de la Comunidad de Ética Médica de Cundinamarca, mientras recuerda que la noticia acerca del nuevo documento les fue informada en 1952 durante un consejo de ministros. Ese día –dice- “nos retrataron y nos sacaron la impresión de la huella dactilar”.

“Poder identificar a quienes participaban en los procesos electorales era una prioridad para los partidos”, explica, mientras dibuja con sus palabras los duros momentos que se vivían para la época debido a la guerra entre los dos partidos tradicionales. Lo electoral era el tema más importante: “Apenas se empezaba a ver un crecimiento de la industria y la producción”.

Junto a él fueron beneficiados con la cédula de ciudadanía el presidente Laureano Gómez, el presidente encargado Roberto Urdaneta, el cardenal Crisanto Luque y todos los ministros del país, en orden de prelación.

“A la hora de solicitar documentos como mi pasado judicial son muchos los pasos que debo realizar. Lo que para unos hoy en día es tan sencillo, como ingresar a internet y digitar su número de cédula, para mí no. Yo debo solicitarlo personalmente ya que cuando digito el número en un computador el sistema no lo reconoce”. “Una vez pasé una cuenta de cobro en un pueblo de la sabana (de Bogotá) y el alcalde me la rechazó, declarando que ese número no existía”.

No obstante, éste padre de cuatro hijos y abuelo de tres nietos, reconoce que la cédula laminada que recibió en aquel entonces, a sus 29 años de edad, representó el instrumento idóneo para poder acreditar la ciudadanía y el derecho al sufragio.

Algunos datos

- Los duplicados de la cédula de ciudadanía para sus inicios tenían un costo de 2 pesos y el envío a producción de las cédulas blancas se hacía una vez se acababa el rollo fotográfico.

- Hoy si a alguien no le gusta la foto con la que aparece en la cédula puede, mediante un trámite de rectificación, pedir el cambio de la imagen y debe pagar 34.000 pesos.

- Hay alrededor de 1’261.858 cédulas pendientes por reclamar.

- 68’628.347 cédulas de ciudadanía ha producido la Registraduría Nacional desde 1952 hasta septiembre de 2012.

- Cada año, en promedio, se expiden 2’100.000 cédulas.

- Desde 1952 a 1993, periodo en el que estuvo vigente la cédula blanca laminada, se produjeron 23’658.416 de estos documentos.

- Entre 1993 y 2000 se produjeron 5’553.635 cédulas café plastificadas y entre 2000 y 2012, 39’391.296 de cédulas amarillas con hologramas.

- Inicialmente los cupos numéricos para cédulas de hombres era del 001 hasta el 19’999.999, después solicitaron un nuevo cupo que inició en 70’000.001 al 99’999.999. En el caso de las mujeres el rango numérico iniciaba en 20’000.001 hasta el 69’999.999.

Publicada por
COLPRENSA, BOGOTÁ
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