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Martes 25 de Diciembre de 2012 - 03:37 PM

La locomotora que no arrancó

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
La locomotora que no arrancó
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Las dificultades de la locomotora de ciencia, tecnología e innovación (CTI) empezaron a salir a la luz pública a mediados del 2012, cuando la comunidad científica le expresó al presidente Juan Manuel Santos su frustración frente a la ausencia de una política clara en esta materia.

La misiva que al parecer no tuvo una respuesta contundente, vino acompañada de la renuncia de Jaime Restrepo Cuartas a la dirección de Colciencias. Una de las razones que lo empujaron a tomar esta decisión fue la disminución del presupuesto para la entidad, que quedó en 370 mil millones de pesos, cuando se había estimado necesarios 550 mil millones.

“Frente a un recorte de casi 200 millones de pesos es por supuesto evidente que en algunos temas habrá fallas. Por ejemplo, en el tema de la aprobación de proyectos de investigación en ciencias básicas, sociales y humanas, o para proyectos de formación de capital humano”, dijo el exdirector de Colciencias.

Pero más allá del presupuesto, lo que determinó la renuncia de Restrepo fue la falta de apoyo del Gobierno para Colciencias, que se suponía sería el organismo encargado de impulsar la locomotora de CTI, pero que terminó disputando funciones con Planeación Nacional y con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Según Restrepo en el tema de innovación siempre se necesita investigación para que pueda ser escalable en el mercado. Por eso, considera un error que se pretenda dejar la fase final de la investigación al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, porque a su criterio esto desembocará en innovaciones de poco impacto.

En esto coincide el director del Centro de Estudios Interdisciplinarios Básicos y Aplicados (CEIBA), Paulo Orozco, un convencido de que la innovación es una tarea de Colciencias, y que es allí donde la locomotora ha perdido su rumbo, al pretender dejarle esa responsabilidad a otras entidades.

El problema para el director del Sistema Universitario Estatal, Luis Enrique Arango, es que Colciencias no ha sido considerada como una instancia central para jalonar esta locomotora, que necesita una entidad con la fuerza de un ministerio. “Hasta el momento sigue siendo un organismo débil, no tiene el músculo suficiente para poder enfrentar todas las responsabilidades que existen”, dijo.

 

Cero regalías para Colciencias

La aprobación del 10 por ciento de las regalías para proyectos de CTI se vislumbra como el gran motor que impulsará esta locomotora. Precisamente en la tercera semana de diciembre, el Órgano Colegiado de Administración y Decisión (Ocad) en Colciencias aprobó los proyectos regionales que serán financiados con recursos de las regalías.

Pese a este progreso, Restrepo sostiene que la locomotora quedará desequilibrada si no se asignan recursos a Colciencias. El tire y afloje se ha dado porque no se dejó ni un solo peso de las regalías para fortalecer la entidad, porque todos los recursos irán para financiar los proyectos que se gestionen desde las regiones.

Para Restrepo el problema no es que a Colciencias lo hayan dejado sin una tajada de las regalías que finalmente son platas de las regiones, sino que el Gobierno no disponga de recursos dentro del presupuesto Nacional para fortalecer a este organismo.

Uno de los contradictores de los argumentos de este académico, es precisamente el nuevo director de Colciencias, el ingeniero Carlos Fonseca, quien sostiene que lo importante es fortalecer el sistema de ciencia, tecnología e innovación, aunque no entren recursos directamente a la institución.

De hecho, lo que ha propuesto Fonseca es que el tema se extienda a todas las instancias del Estado. Por eso, está impulsando una iniciativa para que cada ministerio disponga el uno por ciento de su presupuesto en proyectos de CTI para que construyan su propia agenda de investigación al interior de sus carteras.

Más allá de esta disputa, lo que preocupa a algunos académicos es que los recursos que son para ciencia, tecnología e innovación se politicen, teniendo en cuenta que los mandatarios locales podrán incidir en el curso que toman esos proyectos en sus regiones.

Restrepo sostiene que ese riesgo existe, pero que se tomaron algunos controles para evitar que los proyectos obedezcan a intereses personales. Uno de los filtros será Colciencias que a través de pares académicos velará por la calidad y pertinencia de cada proyecto en la región donde se presenten.

 

Falta recurso humano

Uno de los “vagones” frágiles de la locomotora de CTI es la falta de formación doctoral. Según cifras de CEIBA, en Colombia se gradúan 200 doctores al año. Aunque la meta de Santos es incrementar ese número a mil, sigue siendo bajo si se compara con países como Chile que gradúa cerca de 1.200 o México que alcanza los 2.500 doctores por año.

Según el director de CEIBA, no se puede hablar de innovación sin formar profesionales en doctorado, porque solo así se podrá transformar la economía colombiana y lograr que el país sea competitivo frente a otras naciones de la región y el mundo.

Sin embargo, sostiene que este tema se tendrá que revisar con cuidado, porque la idea no es que empiecen a egresar doctores de universidades de “garaje” para copar la demanda. Actualmente, en el país se ofrecen 180 doctorados, el 63,9 por ciento por instituciones oficiales y el 36,1 por ciento restante por privados.

Colciencias actualmente destina el 63 por ciento de su presupuesto en becas, muchas de ellas para doctorados. Sin embargo, Fonseca sostiene que no están suficientemente integradas a proyectos que generen un impacto para el país.

Lo que se quiere hacer ahora, es que Colciencias se enfoque en la financiación de proyectos de investigación y en el fortalecimiento de los doctorados nacionales, para que los profesionales sigan trabajando en esas áreas, anclados a las necesidades del país.

Con esto también se buscará mejorar otra de las falencias de esta locomotora que es la desarticulación entre la academia y el sector privado. Por eso, para el director del SUE, es fundamental que la empresa se vincule a la formulación de los proyectos que se impulsarán con las regalías para que sean pertinentes y realmente haya un desarrollo.

 

Ejemplo a seguir

Uno de los científicos colombianos que ha logrado vincular la academia con la industria de forma excepcional es Raúl Cuero, quien a través de sus Parques de la Creatividad ha logrado darle viabilidad comercial a sus innovaciones.

En su última visita al país en el foro sobre innovación científica de Roche, Cuero contó que han logrado que la industria financie el entrenamiento de los jóvenes científicos y las investigaciones de sus parques, a cambio de innovaciones que finalmente tienen salida comercial.

Hoy sus parques de la Creatividad tienen sede en Colombia (Manizales y Bucaramanga), Estados Unidos, México e Israel. Solo en Colombia, los cerebros de estos parques han dado a luz más de 10 nuevas tecnologías; seis de las cuales fueron patentadas en Estados Unidos.

Publicada por
COLPRENSA, BOGOTÁ
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