Martes 23 de Diciembre de 2014
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Domingo 10 de Febrero de 2013 - 03:05 PM

Hernán Peláez habla de La Luciérnaga, sus gustos y anécdotas

Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL
Hernán Peláez habla de La Luciérnaga, sus gustos y anécdotas
(Foto: Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL)
Los famosos golpes de intuición de Ricardo Alarcón, presidente de Caracol Radio, dieron una vez más en el clavo cuando decidió encargar del programa La Luciérnaga a Hernán Peláez, el analista y comentarista de fútbol más respetado del país.

Estábamos en pleno apagón, durante la administración Gaviria y el programa se ideó para acompañar a miles y miles de colombianos que regresaban a sus casas en medio del desbarajuste de ciudades sin luz y de vías sin semáforos.

Peláez dirigía La Polémica en los Deportes, donde tenía que cuadrar catorce micos pa’ la foto: catorce egos de otros tantos implacables comentaristas deportivos que él dirigía y orientaba con mano maestra. Alarcón no se equivocó: La Luciérnaga, concebida en principio para tres meses de emisiones, acaba de cumplir 20 años al aire, en medio del fervor de sus oyentes, que conforman uno de los ratings más altos de la radio colombiana. Una verdadera hazaña.

Sus compañeros y colegas de más de cuatro décadas en el oficio, hablan de Pélaez, refiriéndose al “maestro de maestros”, buen estratega, triunfador indiscutible de la radio, comentarista justo y equilibrado, hombre ecuánime, íntegro, profesional y dueño de una credibilidad sin sombras. En esta entrevista habla de la enfermedad que le cambió su perspectiva de la vida, de sus experiencias, de sus gustos, sus anécdotas y de su pasión totalizante por el rey de los deportes: el fútbol.

* Con ocasión de los 20 años de La Luciérnaga acaban de publicar dos libros sobre usted, poniéndolo por los cielos, ¿cómo recibe tanto elogio?

La vanidad no existe para mí porque es un canto de sirena. Si uno se cree el cuento, hasta ahí llega. Yo no tengo vanidoteca.

De todos modos son caricias al ego, ¿cómo logra no convertirse en Divo?

Ja, ja, ja, teniendo los pies en la tierra y siendo un poco asocial. Yo soy muy casero y entregado a mi trabajo, que es como una coraza. La radio me ha ayudado a estar un poco aislado y mis días transcurren entre el trabajo y la casa. Y creo que eso se me ha agudizado en los dos últimos años por la enfermedad que todavía tengo y que le cambia a uno la perspectiva de la vida y de las cosas.

* Me imagino. Ya está mucho mejor, según puedo ver...

Afortunadamente el médico que me atiende fue muy sincero conmigo y cuando le pedí que me tradujera la jerga científica me dijo, simple y llanamente: tiene cáncer. Le dije: ¿qué hay que hacer? Arrancar con la quimioterapia, ¿cuándo quiere? Mañana, le contesté, y empezamos. Hoy en día todavía tengo una especie de quimioterapia oral, una pastilla muy fuerte que me tomo por las noches, porque el médico me dijo con toda franqueza que ese cuento de que el cáncer se cura, es paja. “El cáncer se duerme. Nosotros tratamos de dormirlo, pero es fácil que se despierte”.

* ¿Cómo afrontó la enfermedad todos esos meses?

Sin llorar. Sorprendente, porque aunque yo sé que usted es un hombre muy pragmático, también sé que es sentimental, nostálgico, y romántico irredento.

Bueno, sí tengo un sentido práctico de las cosas y de hecho Beatriz, mi mujer, siempre me hace la crítica de que no expreso mis sentimientos, pero es que ponerme a llorar si me queda muy cuesta arriba. Pero usted tiene razón, en el fondo soy muy nostálgico.

* Alguien importante en su recuperación es Beatriz, que nunca se rinde...

Así es. Ella, que también tuvo cáncer y ahorita cumple diez años de que se lodetectaron, fue un ejemplo para toda la familia. Me impactó mucho que cuando estaba empezando su quimioterapia, una mañana se despertó y vio encima de la almohada mucho cabello, pero no me dijo nada. Cuando volví a mediodía se había mandado a rapar. Siempre tuvo mucho ánimo. Yo la acompañaba a la clínica a sus quimios y nos tocaba hacer unas colas larguísimas, pero nunca se quejó. El médico nos advirtió que si la persona se deprime y se hunde , todo el entorno familiar se hunde. Yo tengo el trabajo y a mis nietos, que han sido claves para salir adelante.

* ¿Cómo se combate la depresión?

Natalia Malaver, una médica que maneja el tema renal, me mandó una pastilla. Cuando volví al chequeo un mes después, me preguntó si había llorado mucho, porque esa pastilla causa depresión en casi todos los pacientes, que terminan derrumbándose. Le dije: ¿sabe doctora? yo me tomo esa pastilla a las 12:00 del día y como tengo programa a la 1:00 de la tarde, no podría deprimirme porque entonces, ¿cómo hago el programa?

* ¿Ha rezado?

Dicen que uno no debe pedirle cosas a Dios, sino darle gracias por todo. Por eso tengo un intermediario que es San Charbel, un monje maronita libanés que vivió como ermitaño y murió hace más de cien años. Dicen que cura el cáncer. Le rezo el Padrenuestro y también voy a misa.

* Le deseo lo mejor. ¿Cuénteme ahora por qué se vinieron de Cali?

Vivíamos en el barrio San Nicolás y cuando hubo la tragedia de la explosión el 7 de agosto de 1956, el negocio de mi papá desapareció. Él tenía un taller de carpintería ornamental. Mi tía Paulina, que vivía en Bogotá lo convenció de que nos viniéramos. Él era un artista y entró a trabajar a Inravisión, donde hacía los llamados “créditos” de los programas, y pintaba muy bien. Como yo estudiaba en el Berchmans, los jesuitas me recibieron en San Bartolomé La Merced.

* ¿Cómo lo atacó la pasión del futbol?

Empecé jugando en el barrio y después me iba al Pascual Guerrero a pie y pagaba con un billetico de 50 centavos. En el camino había un localito del señor Torres Tenorio, donde miraba todas las revistas argentinas de fútbol, como El Gráfico. Ya en San Bartolomé jugaba de 10 en el equipo y después jugué en la Universidad América.

* ¿Alguna vez lo lesionaron?

Muchas. Tuve menisco, que en esa época lo extirpaba el Dr. Quintero Esguerra. Años después me hicieron cambio de rodilla porque se me desbarató. En esa época daban muy duro. Pero después no volví al estadio.

* ¿A raíz de la muerte de Andrés Escobar?

Sí. Eso para mí fue devastador porque era el muchacho más decente y alegre que se pueda imaginar. Era un pan de Dios.

* Su memoria es legendaria, no solo ha visto centenares de partidos, en casi 50 años de profesión, sino que se acuerda de las alineaciones de cualquiera de ellos, ¿cómo lo logra?

Me acostumbré a memorizar con los jesuitas, que nos hacían aprender todos los nombres de ríos, pueblos, países, poesías, fechas, fórmulas, ecuaciones, y cuanta vaina había, y las decíamos sin respirar. La gente se sorprende, pero la verdad es que la memoria es un músculo que se entrena. Claro, que también tengo memoria fotográfica.

* ¿Por qué ve los partidos por televisión, sin sonido?

Para que no me condicione el narrador.

* Otra de sus grandes pasiones es la música y especialmente los boleros, ¿se sabe muchos?

Cientos, porque frente al taller de mi papá había un café que tenía un aviso que decía Siglo XX, pero como yo no conocía los números romanos, decía Siglo equis, equis, (risa). Todas las coperas se paraban en la puerta y desde las 6:00 de la mañana le metían duro y parejo a la radiola. Por eso conocí las canciones como las de Bienvenido Granda, a quien apodaban ‘El bigote que canta’. Yo fui a oírlo una vez, y me dio mucho golpe ver que, entre pausa y pausa de los boleros más sentidos, el tipo sacaba tranquilamente un peine y se peinaba su enorme mostacho.

* ¿Cuál ha sido para usted el mejor jugador colombiano?

Willington Ortiz, si jugara hoy, no tendrían con qué comprarlo, pero, como dice la propaganda, nació en la época equivocada.

* ¿A quiénes considera los mejores futbolistas desde que empezó a narrar?

Empezando desde la época del ruido: Garrincha; fue un jugador brasilero fabuloso que murió alcoholizado; Pelé por supuesto, el Charro Moreno, Cruyff el holandés y Beckembauer. Messi es el jugador del momento. La gente que lo ve hoy se deslumbra porque hay un vacío grande entre el Messi de hoy y Pelé que se retira en 1977 con 36 años.

* ¿Maradona no era muy bueno?

El problema de Maradona era que el entorno le hacía más bombo y escándalo que lo que el tipo hacía, porque era la adoración de los argentinos, un verdadero culto.

* ¿Y que tal es Piqué, el de Shakira?

Regular. Tiene buena novia.

* ¿Usted era hincha del Deportivo Cali?

Sí, porque fue mi equipo cuando yo era pequeño. El primer partido que vi fue un Cali-River Plate, luego el Cali desaparece y cuando vuelve, yo estaba ya en Bogotá. Fue el primer equipo con el cual tuve contacto.

* ¿Cuál es el mejor equipo del mundo?

El Barça despierta pasiones.

* La Luciérnaga, cumple 20 años en el aire. ¿Cómo llegó a dirigirla?

Vino el apagón en la época de Gaviria y se pensó en un programa que acompañara porque no había energía, ni televisión y la gente se desesperaba. Resolvimos meterle poesía, música, algo de noticias y humor. Se pensaba que era por tres meses y como se prolongó seguimos hasta hoy, ya con imitaciones, mucha más información, denuncia, crítica, y un poco de guachafita.

* ¿Con las imitaciones, la gente no se llama a engaño?

No, la gente ya sabe. Pero una vez Bolillo Gómez me contó que iba en su carro oyendo La Luciérnaga y que se puso furioso porque Leonel Álvarez estaba hablando mal de él. Lo llamó y le gritó: ¡oiga güevón! ¿qué es lo que está diciendo de mí? ¿Yo? Nada. ¡Pero si lo estoy oyendo! Entonces yo dije: la imitación es perfecta.

Publicada por
COLPRENSA, BOGOTÁ
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