Lunes 22 de Septiembre de 2014
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Colombia
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Domingo 31 de Marzo de 2013 - 09:31 AM

Sacerdotes que buscan la paz en zonas de conflicto

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Sacerdotes que buscan la paz en zonas de conflicto
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Durante la Semana Santa que hoy concluye, en las oraciones de los colombianos de nuevo se elevaron súplicas por la esquiva paz que anhela el país, pero en especial, en esas regiones azotadas por la violencia y el conflicto armado.

La visión de los sacerdotes de la Iglesia Católica que han participado en otros procesos de paz y de los párrocos de zonas apartadas de Urabá y Chocó, azotadas por los grupos ilegales, coincide en la esperanza de terminar el conflicto con el actual proceso de negociación.

Pero también tienen claro que el país no puede esperar milagros de los diálogos entre el Gobierno y las Farc en Cuba. Por eso en sus mensajes de la Semana Mayor recordaron a los creyentes que la paz no depende de un acuerdo entre el Gobierno y las Farc: se construye entre todos mediante la reconciliación.

Entre mayo y septiembre, 34 diócesis se unirán en una peregrinación para motivar la búsqueda de la paz. En 20 días se trazarán las lineas de acción de la Iglesia y su misión pastoral en caso de lograrse un acuerdo definitivo con la guerrilla.

EN CUBA SE NEGOCIA FIN DEL CONFLICTO, PAZ LA CONSTRUIMOS TODOS"

Para monseñor Darío Echeverry, secretario de la comisión de Conciliación de la Conferencia Episcopal, la búsqueda de la paz es una necesidad del país, un derecho constitucional y un deber cristiano.

¿Tiene fe en la oportunidad de terminar el Vía crucis del conflicto armado con la negociación actual con Farc?

"La Iglesia es consciente de las de grandes dificultades por superar, pero existe el derecho y el deber constitucional de buscar la paz, que también es un deber cristiano. Creo que hay una oportunidad con el actual proceso de terminar con el conflicto armado con la guerrilla. Pero los colombianos debemos entender que en Cuba se negocia terminar la confrontación armada, el primer paso para iniciar la reconciliación nacional que nos conduzca a la verdadera paz. De lo que pase en La Habana no podemos esperar milagros, la paz la construimos todos".

¿Qué puede hacer la Iglesia para motivar a sus creyentes para que aporten a esa reconciliación?

"Ahora no participamos en el proceso de negociación. Nuestro papel principal sería en el posconflicto. Si se logra llegar a esta etapa nos corresponde a los sacerdotes desde nuestras regiones y parroquias ambientar la reconciliación, tendiendo puentes entre victimarios y víctimas para sanar heridas, previniendo la revictimización. Los sacerdotes también podemos ayudar a la reinserción social de los excombatientes y motivar a los cristianos a hacer lo mismo. Recuerdo que tras la desmovilización de las autodefensas, mucha gente dijo que apoyaba la reinserción pero con platica, no le abrían las puertas de la sociedad ni su empresa a un desmovilizado. Ahí no hay coherencia cristiana".

¿Hay directrices para empezar a promover en el país ese activismo por la paz?

"Vamos a empezar con eso. Entre mayo y septiembre saldremos de peregrinación con la Virgen de Chiquinquirá en 34 diócesis en distintas regiones para pedir la paz y reconciliación nacional. El objetivo es ambientar el fin del conflicto y la reconciliación que necesita el país. Y el 19 de abril unos 20 obispos del Consejo Episcopal de Paz se reúnen para definir las líneas de acción y el trabajo pastoral en caso de una hipotético acuerdo de paz con las Farc, y si se logra iniciar un proceso con el Eln".

“Suplicamos por la reconciliación de los corazones”

El arzobispo de Popayán, Iván Antonio Marín López, ora por el éxito del proceso de paz desde una de las regiones más azotadas por el conflicto armado y la acción insurgente.

Cauca es una de las regiones más conflictivas de Colombia, ¿cómo cree que la región se verá beneficiada en caso de lograr la Paz?

“La negociación con las Farc es muy esperada. Esa es la súplica que le hacemos al Señor, esperamos la reconciliación de los corazones y que podamos vivir como hermanos. El Cauca sí ha sido una de las regiones más afectadas. Son muchos los sufrimientos que hemos sufrido y nuestros habitantes se encuentran destrozados por la violencia.

Nosotros le pedimos al Señor con toda vehemencia que nos regale la paz muy pronto, porque este pueblo está sufriendo mucho, el Cauca ha sufrido constantes actos de violencia. Tanta gente que ha muerto, tantos niños huérfanos, tantos que han tenido que desplazarse, tantos atentados tienen que acabarse ya”.

El Eln anunció que está dispuesto a negociar con el Gobierno. ¿Cómo recibe usted esta noticia?

“Me parece maravilloso porque este país lleva muchos años en conflicto y esos grupos tienen que entender que el camino debe ser el de la paz y el amor que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo. Si ellos se unen al proceso será una noticia muy bien recibida por los colombianos”.

“La paz que buscamos hay que impulsarla desde las regiones”

Su trabajo sacerdotal de casi 30 años en una región azotada por la violencia como Urabá, le da autoridad al padre Leonidas Moreno, vicario de Apartadó y Director de Cordupaz, de reflexionar sobre la dura misión pastoral en zonas conflictivas.

¿Qué programas desarrollan por la pacificación?

“La paz hay que impulsarla desde las regiones. Las diócesis de Apartadó, Montelíbano y Montería han estado por tres años impulsando 19 programas de desarrollo integral con progreso sostenible desde las comunidades y el territorio. Los programas buscan el respeto por la vida y el crecimiento personal”.

¿Qué es lo más difícil para ustedes como pastores de la iglesia en estas zonas de conflicto?

“Una de las cosas más complicadas es ver a mucha población marginada y los jóvenes muy perdidos con su proyectos de vida. La violencia se origina desde la población marginada, de los jóvenes que están excluidos de oportunidades laborales y al mismo tiempo porque los proyectos de desarrollo no tienen esa perspectiva regional. Surgen ahí fuerzas que los manipulan y los utilizan en actividades ilegales. Es un reto muy grande ofrecer otras oportunidades para que no caigan en la trampa de la violencia porque son vulnerables y manipulados”.

¿La iglesia es vulnerable en zonas de conflicto, la respetan los grupos armados?

“La Iglesia se mueve en todos estos territorios y gozamos del respeto y no sentimos que haya una hostilidad a la labor que hacemos, por el contrario, a todas estas comunidades podemos llegar. No hemos tenido sitios vedados, lo que uno si sabe es que hay veredas o lugares o comunidades donde las relaciones cotidianas y la movilidad están muy controlada por grupos ilegales y sus actividades ilícitas”.

¿En su región la gente está ansiosa por la paz o desconfían del actual proceso?

“Yo creo que hay una gran esperanza y no creo que sea sin fundamento. No hay razón para que se siga en un conflicto armado por casi 50 años sin tener ninguna solución y la gente espera que el conflicto termine, aunque son realistas de que la firma de un acuerdo no trae por sí misma la paz, eso requiere más tiempo. Pero es necesario para que el estado social de derecho empiece a ocupar su lugar”.

“En estas zonas asumimos responsabilidades ajenas”

Antún Ramos no solo ha sido sacerdote en una región marcada por la violencia. Es también un sobreviviente de uno de los episodios más cruentos del conflicto en Colombia. Estuvo en el templo de Bojayá (Chocó) donde murieron 78 personas en medio de un enfrentamiento entre la guerrilla y las autodefensas en mayo de 2002.

¿Cuáles son las dificultades que pueden tener los sacerdotes en las regiones de conflicto armado?

“De alguna manera los señalamientos de los que estamos con la comunidad por parte de los armados, a los que no dejas que se den ciertas cosas en contra de la comunidad. Al grupo armado al que no le permites esas acciones o lo denuncias ante organizaciones internacionales toma acciones contra el sacerdote, contra la Iglesia y contra los equipos misioneros generalmente”.

Usted sirve en una región azotada por la violencia, pero también más pobre y olvidada...

“Sabemos que para cumplir a cabalidad el trabajo en estas comunidades donde la autoridad civil está ausente o no pueden cumplir bien su papel, tenemos que tomar ciertas responsabilidades. La Iglesia sigue siendo en Chocó, donde la Procuraduría o la Defensoría no llegan, un referente para la gente que nos comenta las dificultades, los acompañamos y transmitimos la necesidad o la problemática a la autoridad respectiva y a la diócesis de Quibdó. Se hace la respectiva alerta para buscar soluciones”.

¿Han mediado en sus territorios para mitigar el conflicto armado?

“De alguna manera los diálogos de paz regionales son importantes. En Chocó se ha hablado con los actores del conflicto porque desplazan personas, porque asesinan personas y le toca a uno que estar en medio de esa situación y se busca proteger a la población civil. Por razones de nuestro oficio se denuncian, pero también se dialoga con ellos para que los embates del conflicto causen el menor impacto posible en la gente”.

¿Hay sitios vedados para la Iglesia en su región?

“Todos los actores armados de alguna manera, tanto como paramilitares y guerrilla, intentan controlar territorios. Estos actores no lo han hecho saber si se puede o no ir a determinadas zonas y de alguna manera hay que entrar cuidando la vida y siguiendo las precauciones del caso. Pero la Iglesia se mete donde tiene que meterse y es prudente donde hay que serlo”.

CARDENAL PIDIÓ ACELERAR DIÁLOGO

El cardenal Rubén Salazar pidió al Gobierno y las Farc que aceleren el proceso de paz que se desarrolla en Cuba. "Es necesario que esa negociación de La Habana se haga a un ritmo rápido, a un ritmo veloz, porque no podemos permitirnos el lujo de estarnos años ahí sentados dialogando casi de espaldas al país", aseguró tras el Vía crucis.

También advirtió que "no basta esa firma, tenemos que desarmar a todo el país, y desarmarlo no solamente de las armas que matan a fuego o de las armas punzantes, sino desarmar los corazones".

En ese sentido Salazar se refirió a las enfrentamientos verbales entre los que apoyan el proceso de paz y los opositores.

"Me asusta la terrible agresividad que se mantiene en Colombia en todos los campos, generalmente ante cualquier hecho, inmediatamente las palabras duras, los insultos, las recriminaciones".

Publicada por
COLPRENSA, BOGOTÁ
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