Viernes 25 de Julio de 2014
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Colombia
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Sábado 28 de Septiembre de 2013 - 10:16 AM

¿Por qué nos estamos matando por el color de una camiseta?

Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL
¿Por qué nos estamos matando por el color de una camiseta?
(Foto: Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL)
Carlos Andrés Medellín no alcanzó a reaccionar. Cuando la puerta del articulado de TransMilenio se abrió en la estación Ricaurte, cinco jóvenes, al parecer hinchas de Millonarios, se le fueron encima, lo hirieron de gravedad y lo mataron en el acto.

Carlos Andrés Medellín no alcanzó a reaccionar. Cuando la puerta del articulado de TransMilenio se abrió en la estación Ricaurte, cinco jóvenes, al parecer hinchas de Millonarios, se le fueron encima, lo hirieron de gravedad y lo mataron en el acto.

Tampoco alcanzó a reaccionar don Pedro Contreras. Cuando quiso defender a su hijo, que lucía una camiseta de Santa Fe, fue atacado por cinco jóvenes, liderados por alias ‘Toledo’. Una herida le segó la vida.

La misma suerte corrió Carlos Javier Rodríguez. Alcanzó a llegar con vida a un hospital, pero murió horas después, solo por llevar una camiseta verde.

A los autores de estos crímenes el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá los llamó “perros rabiosos”, mientras el presidente Juan Manuel Santos los tildó de “delincuentes disfrazados de hinchas”.

De cualquier forma, se trata de una expresión más de las bajas pasiones que despierta en algunas personas el color de la camiseta del equipo contrario.

Innumerables podrían ser las explicaciones del por qué los colombianos nos estamos matando a nombre del fútbol, el deporte que quizás más muertos ha aportado a las ya largas estadísticas de la intolerancia.

Desde el punto de vista sociológico, explica Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, “el fútbol es una metáfora de amor, pero también de guerra”.

Se refiere el sociólogo a las pasiones que despierta en sus fanáticos un deporte al que llama “la fiesta erótica donde los hombres se acarician, se besan, se manosean y se combinan el amor y la guerra”.

Por eso, dice el experto, “así como se puede amar al vecino porque compartimos el amor por la misma camiseta, también lo puedo ver como mi enemigo si le gusta la de otro equipo”.

Pero, ¿qué tiene una camiseta que lleva a los jóvenes a dejarse llevar por sus bajos instintos hasta el punto de atentar contra la vida del otro?

Todo indicaría que detrás de una camiseta, un emblema, un himno o cualquier otro elemento que implique identidad o pertenencia, está la génesis de ese individuo, sus antecedentes familiares, su propio perfil personal.

‘Juanito’, vocero de la barra ‘Guardia Albirroja Sur’, de Independiente Santa Fe, tiene su propia explicación: “Las barras somos como tribus urbanas: no solo nos vemos en el estadio durante el partido de fútbol, sino que nos convertimos en manadas, en una familia unida, porque los jóvenes se sienten solos en casa, poco ven a sus padres, no tiene cómo desahogarse, y buscan afinidades en otros grupos”.

Fanatismo descontrolado

Wilson Gutiérrez es el director Técnico de Independiente Santa Fe, y como tal defiende al “verdadero hincha”. Dice que quienes cometen esas acciones criminales “son desadaptados que pertenecen a pandillas y se esconden detrás de la camiseta de un equipo para robar, para atracar, para delinquir. Un verdadero hincha no hace eso, un verdadero hincha disfruta del espectáculo llamado fútbol”, sostiene.

Por eso, el profesor Gutiérrez dice que detrás del fútbol se esconden otros factores sociológicos como el personalismo marcado y hasta los regionalismos propios de nuestro país.

En ese sentido, agrega Albert Duarte, ex árbitro Fifa y hoy dedicado al fútbol aficionado, muchos jóvenes sienten que los equipos de fútbol forman parte de su vida, defienden sus colores, su historia, porque lo aprendieron en casa. Y eso les sirve como sofisma de distracción para generar violencia, porque es la forma de liberarse de sus frustraciones, pues generalmente son muchachos de bajo perfil cultural, sin muchas oportunidades laborales o académicas”.

Duarte dice que muchas veces las llamadas ‘barras bravas’ ni siquiera miran el partido: “uno se da cuenta de que ellos no miran el juego, solo se insultan, se agraden, y todo lo que sea de color diferente lo ven como su enemigo”.

Responsabilidad empresarial

Las fuentes consultadas por Colprensa coinciden en que es mucho lo que tiene que aportar los propios clubes deportivos para frenar esta violencia irracional en las nuevas generaciones de colombianos.

Para Víctor Marulanda, gerente del Club Atlético Nacional, el actual nivel de violencia “es un tema de sociedad, de formación académica, de pérdida de valores. Más que mancillar el fútbol, yo hablaría de degradación de la sociedad en general”. Según el directivo, “los jóvenes le devuelven a la sociedad los mismos valores que han aprendido en casa. Es un círculo vicioso”.

Marulanda y el profesor Gutiérrez coinciden en que es necesario, desde los clubes de fútbol, desarrollar y fortalecer el tema de la responsabilidad social empresarial.

“Tenemos actividades con muchas familias de hinchas: una copa con la comunidad, escuelas de formación básica, visitamos personas con discapacidad, ayudamos algunas familias que tienen ciertas dificultades, llevamos a niños a compartan con nuestros jugadores, etc.”.

Gutiérrez, mientras, asegura que periódicamente las directivas de Santa Fe se reúnen con las ‘barras bravas’. “Estamos dispuestos a buscar y a apoyar cualquier forma que permita erradicar la violencia en el fútbol”, afirma.

‘Juanito’, entre tanto, reclama que la Administración les brinde más oportunidades a los jóvenes. “Un muchacho que practica algún deporte está liberando toda esa energía, todo ese estrés que lo lleva a ser violento. Ahí es donde nosotros, como líderes, les decimos que los barristas no se hacen a punta de cuchillo”.

“HAY QUE TOMAR MEDIAS DE FONDO”, Francisco José Lloreda, Alto Consejero Presidencial para la Seguridad y la Convivencia Ciudadana.

¿En qué quedó su propuesta de suspender el campeonato?

Bueno, en el Gobierno hay diversas opiniones. La mía es que de ser necesario se debe contemplar la cancelación del campeonato. Las autoridades administrativas determinarán si existen o no las condiciones de seguridad y convivencia para que el campeonato continúe.

¿Eso le pondría fin a la violencia entre hinchas?

Debemos distinguir dos situaciones: lo que ocurre dentro del estadio, y lo que ocurre por fuera del estadio. En eso hemos mejorado: contamos con la Ley de Convivencia y Seguridad Ciudadana, que dedica un capítulo especial a la seguridad y la convivencia en los escenarios deportivos, impone multas y establece sanciones. Pero es que esa violencia se ha trasladado a los barrios, a los sistemas de transporte masivo. Ahí es donde la labor de la Policía no es suficiente.

¿Qué responsabilidad tienen los clubes?

Lo que ha ocurrido aconseja una reflexión sobre tres aspectos. Primero, ¿no será que es hora de examinar que los equipos paguen su propia seguridad privada en los estadios? Es que cuando hay un partido buena parte de la Policía se destina a proteger el partido y se descuidan otros aspectos. Segundo, qué están haciendo los equipos para evitar que se presenten estas situaciones. Tercero, cuál es el rol de los equipos frente a las barras. Aquí hay que tomar medidas de fondo: si no hay un compromiso cierto de los equipos, de las barras, en poco tiempo nos estaremos rasgando de nuevo las vestiduras por hechos similares.

¿Se está generalizando esa violencia?

No, porque estamos ante hechos puntuales, aunque muy graves. La hinchada se mueve por lógicas propias del fútbol y de la juventud: a veces los muchachos se citan por redes sociales para agredirse.

¿Entonces?

Creemos que los equipos pueden hacer más por las barras para que se conviertan en promotores de paz. El tema eminentemente policial ya está cubierto, pero la pregunta es ¿qué pasa más allá de los estadios, en los barrios, en los sistemas de transporte masivo?

¿Hace falta cultura ciudadana?

Claro, es que es una combinación de soluciones. Es importante que los equipos impulsen de manera individual y colectiva procesos de pedagogía con sus propias barras.

Publicada por
COLPRENSA, BOGOTÁ
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