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Martes 02 de Diciembre de 2014 - 05:46 PM

La muerte de Pablo Escobar ya tiene otra versión

El narcotraficante Pablo Escobar murió hace 21 años en un operativo policial que lideró el coronel Hugo Aguilar, sin embargo más de dos décadas después de su muerte diferentes publicaciones contradicen la versión oficial.
Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
La muerte de Pablo Escobar ya tiene otra versión
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

La historia de los hechos ocurridos el 2 de diciembre de 1993 señala que “el Patrón”, acorralado por enemigos, inmerso en una guerra contra el Estado y tras haber perdido a parte de su anillo de seguridad, fue localizado en una vivienda de Medellín, bastión de su imperio de las drogas.

Tras ser descubierto gracias a una llamada localizada por el Bloque de Búsqueda de la Policía, los agentes dirigidos por el coronel Hugo Aguilar rodearon la vivienda e iniciaron su operativo.

Atrapado y sin escapatoria, el narcotraficante con dos pistolas, huyó a trompicones por el tejado del edificio, donde fue alcanzado por las balas.

Su dantesca imagen caído sobre el tejado con la barriga al aire rodeado de agentes ufanos y sonrientes se quedó en la retina de todo el pueblo colombiano y fue plasmada por el pintor y escultor Fernando Botero, quizás inspirado por los volúmenes de Escobar.

Esa es la historia que recoge en el libro El hijo de la guerra de Richard Aguilar, gobernador del departamento de Santander e hijo del coronel que dirigió el operativo.

En las páginas de la obra, Aguilar recuerda conversaciones que ha mantenido con su padre motivadas por la fascinación que le producía el oficio de su progenitor.

“Ellos (los policías) lo tenían muy bien ubicado, tenían como unos anillos donde tentativamente tenían la posición de Pablo Escobar y lograron sobre las 3:00 de la tarde empezar a escucharlo hablando con su hijo”, indicó Aguilar.

Esa conversación fue posible, agregó el autor, por “su afán de seguir hablando con su hijo”, lo que permitió “iniciar el operativo y sobre las 3:20 de la tarde dieron de baja a Pablo Escobar”.

El hijo del otro protagonista, Juan Pablo Escobar, publicó recientemente la novela “Pablo Escobar: Mi Padre”, obra que no solo recoge las crueldades y excentricidades del jefe del narcotráfico colombiano, sino que afirma que El zar de la cocaína murió por su propia mano.

Escobar hijo cuenta que su padre se suicidó cuando se vio herido y acorralado en los tejados de una vivienda de Medellín.

“Muchas veces me contó que en su pistola tenía 15 disparos: 14 para sus enemigos y uno para él”, dijo en una entrevista.

Esa versión también la defiende su hermana Alba Marina, considerada “ojito derecho” del capo del cártel de Medellín, y se apoya en la necropsia que indica que recibió una bala que entró cerca de la oreja derecha, lo que podría indicar un tiro en la sien propio de un suicidio.

Aguilar descartó esa versión y recordó que cuando tenía doce años le hizo esa pregunta a su padre acerca de la acción policial y recientemente se la repitió, y “lo que narra el libro es la versión de la persona que lideró y comandó el operativo”.

“Respetamos las versiones, pero narro lo contado y narrado por mi padre”, apostilló.

La tercera de las versiones recientemente en boga nació de otro libro de autoría del desmovilizado jefe paramilitar Diego Fernando Murillo, alias “Berna”, extraditado a Estados Unidos, donde cumple pena por narcotráfico.

Según su versión, él estuvo con la Policía que mató al capo y señala que fue su hermano quien le disparó al narcotraficante.

En el relato destacó que un grupo de policías y hombres de los llamados “Pepes” (Perseguidos por Pablo Escobar), fueron los primeros en llegar a la casa en la que se escondía en Medellín, lo que descarta la versión policial de una conversación interceptada.

El exparamilitar cuenta en Así matamos al patrón que tras rodear la vivienda avisaron al coronel Aguilar, quien se dirigió hasta la casa, pero ante su retraso el primer grupo decidió iniciar el operativo en una acción que calificó como “intrépida y arriesgada”.

Sea como fuere, la muerte del capo cerró una de las páginas más sangrientas de la historia de Colombia y abrió una nueva era en la que los narcotraficantes se atomizaron en pequeños grupos.

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