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Domingo 09 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

¿A qué le teme Sarah Palin?

Deben ser pocas las personas que creyeron en la sinceridad de las palabras con las que Sarah Palin anunció que no será candidata a la presidencia de los Estados Unidos en 2012: “Luego de muchas plegarias y serias consideraciones, decidí no buscar la nominación en el 2012 del Partido Republicano para Presidente de los Estados Unidos”, dijo.
Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
La sombra de Gabrielle Giffords opacó a la exgobernadora.
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

Los medios nacionales y mundiales destacaron la noticia porque, sin duda, Palin es una de las figuras más controversiales en el horizonte político actual de Norteamérica. Incluso, puede decirse que, aunque ya había ganado su elección como gobernadora de Alaska, en realidad a Palin sólo se le conoció cuando el entonces candidato republicano, John McCain, la presentó como su fórmula en la vicepresidencia.
Entonces, del gélido anonimato de Alaska, Palin saltó a las altas temperaturas del debate político y rápidamente los medios la convirtieron en vedette, entre otras cosas porque sus primeras declaraciones, salpicadas de imprecisiones y gestos espontáneos, la convertían en un gran atractivo, sobre todo al compararla con el enigmático y adusto McCain.

Nuevo aire
Con la presencia de Sarah Palin, la campaña republicana intentaba darle oxígeno a su candidato, quien tenía una imagen bastante maltrecha frente al arrollador carisma de Obama y a quien las encuestas mostraban en barrena por culpa del pobre balance del entonces presidente republicano, George W. Bush.
Pero el progreso fue poco y muy relativo. La dinámica de la campaña no cambió y sólo se logró que Palin ocupara un nuevo lugar en la primera línea de los periódicos y de los líderes de su partido.
Los republicanos perdieron las elecciones, pero la entonces gobernadora de Alaska aprovechó al máximo su fama recién ganada. Permaneció al lado de los medios, opinó cada vez con mayor frecuencia sobre la realidad nacional e incluso publicó un libro y comenzó un tour en bus por toda la nación, todo lo cual la convirtió en una especie de rockstar y la hizo sonar con fuerza como futura rival de Barack Obama.

‘Tiro al blanco’
Pero, ¿por qué Sarah Palin no quiso enfrentar a Obama, sobre todo cuando parecía que su popularidad y el éxito inicial en su resuelto apoyo al Tea Party, que reúne a la facción más radical del conservadurismo republicano, estaba llevándola a una categoría aparte dentro de su partido y la opinión, como si las primarias rojas estuvieran definiendo simplemente a su contendor?
Esa era la impresión que hasta el pasado miércoles había en los Estados Unidos, cuando sorpresivamente Palin notificó que no entraba a la contienda por la nominación presidencial republicana.
Dos de las razones que con mayor fuerza se señalan es precisamente su liderazgo en el Tea Party, sumado a su afición y defensa del uso de las armas; esta combinación resultó letal para la candidata en ciernes, al quedar bastante cuestionada luego del grave ataque del que fue víctima Gabrielle Giffords, congresista demócrata de Arizona, quien el 8 de enero de este año fue gravemente herida de un disparo en la cabeza, en un atentado en el que perdieron la vida seis personas y que se le adjudica a un fanático de tendencia conservadora.
Luego de varios meses de tratamiento, Giffords se recuperó y regresó a su curul en la Cámara de Representantes.
El mismo día de la agresión a Giffords, Estados Unidos y el mundo voltearon su mirada hacia Sarah Palin. La razón, pocas semanas antes ella había publicado en su página de Facebook un mapa en el que marcaba a los candidatos demócratas que había que derrotar; lo peor del asunto es que para identificarlos acudió a la convención que se usa para señalar un objetivo de disparo o tiro al blanco. El despacho de la congresista Giffords era uno de los objetivos en el mapa y por lo que acabamos de ver esta semana, el ataque se ha devuelto y Palin sería ahora víctima de su propio invento y habría resignado su aspiración ante el temor de quedar envuelta por el revivido escándalo del tiroteo de Tucson, Arizona.

Incierto futuro
Palin ha dicho que trabajará junto a quien gane la nominación de su partido, pero la verdadera pregunta es si, como muchos lo pronosticaron en su país, la carrera de la audaz exgobernadora de Alaska sería flor de un día y ese día ya terminó. Por ahora, nadie apuesta por ella y aunque en política nada es definitivo, cuando mucho le dan una posición titular dentro del discutido Tea Party y una figuración secundaria en la dirección de su partido.

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