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Viernes 24 de Febrero de 2012 - 09:28 AM

Raúl Castro cumplió cuatro años en el poder dedicados a las reformas en Cuba

Entre apremios de simpatizantes que piden más velocidad a sus reformas, y críticas de la oposición y Washington, que consideran "lentos" y "cosméticos" esos cambios.
Tomada de internet
En cuatro años, Raúl ajustó el equipo y la estructura de Gobierno, abriendo el poder a los militares, cambió a medio centenar de dirigentes de la época fidelista, e impuso la racionalidad económica sobre los criterios políticos.
(Foto: Tomada de internet)

Interinamente a su hermano enfermo Fidel Castro en 2006, y ser electo presidente por el Parlamento en 2008, limitó los cargos en Cuba a dos mandatos de cinco años, periodo en el que tendría que implantar su proyecto de cambios.

"No se puede decir que no haya habido cambios en estos cuatro años, sobre todo en el terreno económico, no tanto en el terreno político", dijo a la AFP el economista opositor Oscar Espinosa Chepe, aunque calificó a las reformas económicas como "totalmente insuficientes".

Raúl se mantiene firme en su estrategia "paso a paso" en los cambios, "sin prisa, pero sin pausa", lo que al académico cubano norteamericano Arturo López Levy, de Denver, Colorado, le hace pensar que "no parece consciente de los costos de un excesivo gradualismo".

"La lentitud en la aplicación de las aperturas, incluida la reforma migratoria y la ausencia de una política que incentive las inversiones de cubanos del exterior, está haciendo más difícil y doloroso el ajuste económico", dijo López Levy a la AFP.

En cuatro años, Raúl ajustó el equipo y la estructura de Gobierno, abriendo el poder a los militares, cambió a medio centenar de dirigentes de la época fidelista, e impuso la racionalidad económica sobre los criterios políticos.

Aún así se precisa "la actualización del modelo político", dijo el académico cubano Julio César Guanche en un reciente artículo, y demandó "la democratización de las prácticas partidistas y estatales, la urgencia de mecanismos de gobierno más eficaces, responsables y transparentes, la necesidad de regularizar la protección de derechos ciudadanos".

Raúl también les dio a los cubanos el acceso a hospedarse en hoteles y comprar computadoras y electrodomésticos, así como eliminó otras "prohibiciones excesivas".

Su mayor actividad se concentró en la economía: convocó a un congreso del Partido Comunista que aprobó más de 300 cambios para "actualizar" el agotado modelo económico de corte soviético y hacerlo rentable.

La prioridad es aumentar la producción de alimentos, para lo cual repartió parcelas en usufructo, mejoró los precios a los productores, liberó la venta de implementos agrícolas y ofreció créditos. Pero el despegue es aún lento.

También amplió el trabajo privado, prepara las bases legales de pequeñas y medianas empresas estatales y cooperativas urbanas de producción y servicios, y comenzó un proceso de autonomía de las industrias estatales.

La médula de sus reformas -ha dicho Raúl- es conservar el socialismo, por lo cual mantuvo la propiedad estatal de tierras, locales, subsuelo, industrias u otro elemento negociado con el capital extranjero o con trabajadores privados.

Es un "cambio económico significativo con continuidad política unipartidista y escasa transición inter-generacional", opina López Levy.

"El secreto mejor guardado es que los cambios económicos ya han provocado acomodos políticos imprescindibles", añadió el académico, citando el diálogo con la Iglesia Católica y "expansiones del rol de la sociedad civil".

Para López Levy, "la permanencia en puestos claves de dirigentes asociados al modelo y las concepciones anteriores que se pretende cambiar", así como la persistencia de un sistema político "extremadamente jerárquico y centralizado" en torno a Raúl, son insuficiencias presentes en las reformas.

Con una oposición interna dividida, Raúl encuentra la verdadera resistencia en la "burocracia" del sistema, que frena las reformas, y en la corrupción, una olla que destapó y que pese a acciones enérgicas no logra vaciar.

Pero "le va quedando poco tiempo" -señala Espinosa Chepe-, "es un hombre mayor, aunque se ve todavía ágil, pero no hay duda que está en una edad que le va quedando muy poco tiempo para las enormes tareas que tiene".

Ese es otro desafío del general-presidente a los cuatro años de Gobierno: formar urgentemente un relevo capaz de mantener el proyecto, pues la generación histórica dirigida por Fidel, siempre pospuso esa tarea.

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