Los adeptos de la secta vivían desde hace más de 10 años en el búnker preparado por su líder espiritual, Faizrajman Satarov, de 85 años, en una vieja casa transformada en mezquita clandestina en Kazan, la capital del Tartaristán, precisó el Ministerio de Interior local.
Satarov, quien en 1964 se declaró profeta, impuso a los miembros de la secta una vida reclusa, prohibiéndoles salir del refugio salvo por urgencias, enviar los niños a la escuela o recibir tratamiento en un hospital.
Los niños “no tenían contacto con el mundo exterior, no fueron a la escuela, no fueron a instituciones médicas, lo que constituye la peor de las violaciones de los derechos del niño”, indicó el ministerio.
Las autoridades informaron que encontraron 19 niños en el lugar, la mayoría de menos de seis años de edad, tres de ellos bebés.

