El 29 de noviembre de 2007 Vanguardia Liberal me envió a Venezuela a contar cómo vivía ese país bajo el régimen de Hugo Chávez. Ese día estuve en estadio de Mérida donde se realizó una masiva concentración con Chávez. Esta es la historia de mi hora con Hugo Chávez Frías.

Publicado por: JUAN CARLOS GUTIÉRREZ
Pasadas las dos de la tarde, en el Estadio Olímpico Metropolitano de Mérida, Venezuela, un coloso de cemento con capacidad para 41 mil personas, se escucha la voz inconfundible del Presidente Hugo Chávez Frías.
Aunque la manifestación de apoyo está prevista para las cuatro de la tarde, ya se escapa de los parlantes su vibrato áspero, ese que acompaña a los venezolanos desde 1998, cuando Chávez Frías ganó las elecciones presidenciales con una votación del 52%.
Por esos días Chávez recorre el país cerrando la campaña por el “Sí” a la reforma constitucional, esa que luego le permitió su reelección.
Pero el presidente no está presente en el estadio. Su discurso se amplifica por parlantes del municipio Andrés Bello, en el Estado de Táchira, donde se inaugura una aldea universitaria.
El estadio está algo lleno y la gente sostiene conversaciones amenas, sin percatarse mucho del discurso, que por esas cosas de la política internacional se refiere a Colombia.
“...Mientras el Presidente Uribe sea Presidente de Colombia yo no tendré ningún tipo de relación ni con él ni con el Gobierno de Colombia”, dice Chávez.
En el estadio de Mérida nadie grita. Tampoco lo aplauden. Menos se levantan las banderas rojas con la expresión “Sí”.
Los venezolanos que a esa hora ocupan en orden las graderías, parecen más interesados en sus conversaciones que en las palabras que se riegan desde lo alto del escenario.
No es con los colombianos
Ignacio Hernández, quien lleva una camiseta roja y una gorra con la imagen del “Che” Guevara, quien espera conmigo en la cancha de fútbol, asegura que la pelea de su máximo comandante es con el Presidente Álvaro Uribe Vélez y no con los colombianos.
“Ustedes son nuestros hermanos. A los colombianos los respetamos en Venezuela, la pelea es con Uribe, no con ustedes”, aseguró.
Guardo prudente silencio cuando se escucha en los parlantes una aclaración de Chávez.
“...Pero, como ustedes lo saben, nosotros amamos a Colombia y estos dos brazos y este corazón estarán abiertos siempre al pueblo colombiano, que es un pueblo hermano, y especialmente a los colombianos que aquí viven...”.
Y otra vez, nadie se inmuta. La polémica entre los mandatarios no es prioridad esa tarde de jueves en el estadio de Mérida.
La advertencia también la hace el (entonces) Gobernador del Estado de Táchira, Florencio Porras, quien como nosotros espera al Presidente.
“Entre colombianos y venezolanos existen buenas relaciones”, y asegura que “las diferencias diplomáticas no afectan la relación económica e histórica entre nuestros pueblos”.
El capitalismo del socialismo
Afuera, más y más autobuses provenientes de diferentes localidades del Estado de Mérida, se estacionan. Un chavista asegura que se contabilizan más de 90 vehículos. Imposible saber si tiene la razón.
La llamada “mancha roja” avanza por todos lados, como los letreros de “Sí” que aparecieron, desde hace 24 horas, copando las paredes del centro de esta ciudad conocida por albergar a la Universidad Pública de los Andes, uno de los tres claustros más importantes del país, que reúne unos 40 mil estudiantes.
Ya pasan de las cuatro de la tarde y el presidente Hugo Chávez no aparece en el estadio de Mérida.
Para generar entusiasmo, un animador intenta provocar una ola, pero no tiene éxito.
Sesenta minutos después hay unas 15 mil personas ocupando las sillas. Se esperaba el doble. Para que el Presidente no vea los vacíos, mueven a varios grupos de chavistas para concentrarlos en tres de las seis tribunas previstas.
Se dice que llegará en helicóptero, aterrizará en el centro del campo y se bajará con su primer cinturón de seguridad. Se dice que ese grupo de seguridad lo integra un grupo de cubanos de dos metros de altura.
Los mitos sobre la seguridad de Chávez hacen carrera fácilmente y son fácilmente vencidos, mientras esperamos la llegada del mandatario.
Artículo aprobado
La tarde se vino encima y Chávez no aparece. Ya casi oscurece.
En cambio, la agrupación de regetoon “F3B”, interpreta la canción “Artículo Aprobado”, que invita a votar por el “Sí” a la reforma constitucional, que le permitiría su reelección.
Al final de su presentación retan a gritar y saltar a los chavistas:
- ¡El que no grite es un escuálidooooooo!
Escuálido, término que hace referencia a una persona débil, le fue impuesto a los que promueven el “No” del referendo que modificaría la Constitución Política.
Pero hay más:
- ¡El que no brinque no quiere al Presidente!
Y nuevamente 15 mil chavistas intentan hacer vibrar el estadio. La presentación de “F3B” termina a las siete de la noche y nada que aparece el Presidente.
Sólo hasta las siete y 45 de la noche aparece Hugo Chávez Frías por una de las puertas de acceso.
La bulla es ensordecedora, la pólvora estalla en el cielo y la mancha roja se hace sentir con fuerza.
El saludo de Chávez Frías a Mérida está cargado de metáforas y términos de guerra.
Los llama combatientes, revolucionarios, militantes y guerreros de la revolución bolivariana.
Por ser periodista tengo la oportunidad de verlo a unos 30 metros. Se ve robusto, animado y poseedor de carisma que embruja con su verbo y ademanes al estadio.
“¿Quién lo mató?”
Aunque no habló de Colombia, el Presidente Hugo Chávez acusó a la cadena de televisión estadounidense CNN de invitar a su magnicidio al difundir durante siete segundos su imagen con la leyenda: “¿Quién lo mató?”.
“Anunciaron al mundo la muerte del Presidente de Venezuela. Si algo me llega a pasar, el responsable será el presidente de los Estados Unidos”.
Y los chavistas levantan sus manos, sus banderas. Es innegable que adoran a su Presidente y odian a Estados Unidos.
Chávez habla de la pluralidad, de las libertades que se tendrán si se modifica la Constitución Política y de que su gobierno no tendrá ningún tipo de restricciones.
“Hasta la victoria siempre. Patria, socialismo o muerte”. Luego se marcha bajo una lluvia de papeles blancos y rojos. Más pólvora estalla con fuerza en el cielo.
Una hora después de haber comenzado su discurso en Mérida, Chávez se baja del escenario y se dirige una pequeña sala donde se realizará una rueda de prensa.
- Es sólo para periodistas oficiales. Usted puede que venga de Colombia, pero no puede ingresar, dijo un funcionario de la Presidencia de Venezuela.
Insisto, les digo a los de presidencia que vengo de Colombia, que pertenezco a un periódico regional. La respuesta fue un contundente no y en mis narices me cierran la puerta.
Me quedó allí, intentado escuchar al presidente por un abertura pequeña que tiene la puerta, bajo la mirada desconfiada del personal de seguridad.
Mauricio Morterelli, comunicador de una estación de televisión comunitaria de Mérida, al igual que este reportero de Vanguardia Liberal tampoco tuvo acceso a la rueda de prensa.
“Qué mal. Los medios de comunicación han sido unos actores políticos en el país. La imparcialidad ha sido una terrible mentira. Los medios privados dicen verdades a medias. Los periodistas oficiales no critican, sólo obedecen, y cuando alguien quiere preguntar, como nosotros, no nos dejan...”, dijo con algo de rabia.
Minutos después Chávez se marcha, la gente sale del estadio alegre. Convencida de su líder, ese que este martes los chavistas lloran.













