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Martes 14 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Ponen en venta secretos tecnológicos de la guerra fría

La Estación Terrena de Jamesburg es el equivalente de lo que se conoce como ‘fortaleza de la frontera’, que es el campo de batalla militarizada del espacio.

En años en que el mundo vivía aterrorizado ante la evidencia de que una guerra nuclear podía desatarse solo con girar tres llaves y oprimir un botón, todos sentían una mezcla de temor y reverencia por los potentes avances tecnológicos que eran capaces de sostener amenazas de semejante magnitud. Algunas de esas tecnologías, en su tiempo el mayor secreto que cada una de las potencias guardaba con tanto celo, serán ahora vendidas en una subasta.

Secretos al mejor postor
Hoy las cosas han cambiado, y a tal punto, que las que antes fueron ultra secretas bases militares, con no menos secretos equipos tecnológicos, hoy son simplemente anécdotas políticas de otra época y vetustas instalaciones militares y equipos que se han puesto prácticamente de remate.

Es el caso, por estos días muy publicitado, de los 21 mil metros cuadros de la ‘Base de relevos vía satélite, llamada Estación Terrena Jamesburg que fue construida en la década de los sesenta con el claro objetivo de que resistiera y funcionara después de un ataque nuclear.

La base está ubicada en una pequeña y remota elevación en la costa central de California y ha sido ofrecida en venta por tres millones de dólares, con el ‘gancho’ comercial de ser poco menos que un paraíso terrenal para los aficionados o expertos en tecnología. La oferta incluye 161 hectáreas y una gigantesca antena parabólica de 30 metros de diámetro.

Búnker comsat
Hoy es una curiosidad, pero en los 70 era en realidad un búnker de comunicaciones satelitales que cumplía un papel determinante para la vida de los estadounidenses que, entre otras cosas, contribuyó en 1968 a la transmisión de la señal gracias a la que pudo verse la primera caminata del hombre sobre la luna.

La base ya fue vendida en 2004 por dos millones de dólares a Jeffrey Bullis, uno de los magnates de la electrónica con base en Silicon Valley, quien al adquirirla dijo que esas instalaciones representaban el final del hombre de las cavernas.

Acero reforzado
En la estación Jamesburg, según quienes la han visitado, hay una sala con 14 archivadores de planos prácticamente abandonados por décadas. Las paredes de un metro y medio de hormigón armado y el techo con doble capa de acero reforzado, tiene imágenes típicas de la guerra fría, como una prueba de la bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini y un disparo de la noche de un satélite Intelsat II.

Jack Ramey, quien fue supervisor de técnica en la estación, dijo recientemente a The New York Times, que tenía buenos recuerdos de la Sala de Operaciones, que era del tamaño de un campo de fútbol, ​​donde él y sus colegas trabajaban en saco y corbata frente a los paneles de control.
Paul Saffo, quien pronostica las tendencias tecnológicas en Silicon Valley, dijo al diario newyorquino que la estación era perfecta para un astrónomo aficionado aunque, dijo, “está en la zona de peligro; hay que ser muy loco y muy rico para comprarla.”

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