Nadie conoce el Desierto de la Tatacoa como María del Pilar Perdomo Tovar.
Publicado por: SAMUEL E. NARVÁEZ P. / snarvaez@vanguardia.com
A sus 37 años de edad, sabe exactamente cuáles son los encantos de este paraíso colombiano. Con tan solo 2 años como guía turística, ha logrado que más de uno se enamore de este sitio, conocido como la cuna de la paleontología en Colombia y también por ser el mejor sitio del país para hacer observación astronómica de manera aficionada. Este exótico lugar se encuentra ubicado en el norte del Huila a 40 kilómetros de su capital, Neiva. Ofrece a quienes lo visitan la mejor experiencia, si lo que se busca es desconectarse del mundo y encontrarse con su propio espíritu. En un recorrido de 3 horas partiendo desde Villa Vieja (el casco urbano de este lugar), María del Pilar explica que el paisaje del Desierto es el primer impacto visual que tendremos debido a la singular formación de las erosiones color rojizo y gris que se ven. Además, aclara que la naturaleza ha sido caprichosa y que fácilmente encontraremos miradores donde se puede apreciar la morfología de algunas montañas con figuras de cocodrilos, tortugas, o con la forma de la cabeza de un perro, entre otras. Son las 8 de la mañana y ya se empieza a sentir el fuerte calor, que en épocas de verano llega a ser hasta de 40 grados, pero los relatos de María del Pilar emocionan a todos, así que el sofoco se olvida.Pero en mí está todo el tiempo el principal objetivo de mi viaje al Desierto de la Tatacoa: Disfrutar de los eventos astronómicos vistos desde el Observatorio ubicado allí. Nos dirigimos hacia el valle del Cuzco y sé que a pocos pasos se encuentra el Observatorio, así que la emoción y la impaciencia aumentan. En este valle, el color rojizo de su suelo producto de su riqueza en hierro hace pensar en el planeta rojo, Marte. Los aldeanos han denominado a las formaciones de las montañas en forma particular: Las Catedrales, el Ojo del Desierto, el Ojo del Tigre y una en particular llamada las Curvas de Shakira.
Luego de recorrer este valle, María del Pilar nos dirige hacia Los Hoyos, otro valle que se ubica a unos 8 kilómetros de Cuzco. El color gris de su terreno adornado con estoraques da la impresión de un fondo marino; aquí las texturas son caprichosas y el sitio conocido como El Congreso de los Fantasmas es un paraje obligado de este valle de panorama desolador. Los Hoyos es un sitio ideal para acampar por la cercanía a algunos paraderos que incluso tienen piscina, que ayudarán a tomar un segundo aire para continuar este exótico viaje. De otro tiempo El Desierto de la Tatacoa cuenta con sitos especiales para acampar, los cuales tienen áreas hidrosanitarias y restaurantes. Guías como María del Pilar explican sobre la vegetación de este lugar. Dependiendo del tiempo, la longitud del sendero y el número de personas, los guías ofrecen tarifas que oscilan entre $25 mil y $80 mil. Luego de Los Hoyos el recorrido continúa hacia La Venta, un sitio lleno de magia donde se encuentra el cementerio paleontológico del Valle de las Tristezas, fósiles de antiguos animales que se han encontrado en este lugar. 'Desde un punto de vista biológico llama la atención que dentro de una zona tan verde como corresponde a esta área del país se encuentre una de las zonas más áridas de Colombia. Porque tan sólo un poco más al sur empieza el macizo colombiano, el nudo de las papas. Allí nacen las tres cordilleras del país', explica otro de los guías. La hora del almuerzo se acerca y regresamos a la población de Villa Vieja, el casco urbano de la zona. Humberto Moreno, secretario de cultura y turismo de Villa Vieja, explica que esta población es el segundo destino turístico del Huila. Añade que no se puede dejar de visitar en esta población el Museo Paleontológico, el Monumento Nacional de la Capilla de Santa Bárbara y La Casona, una colonial edificación. Por sólo $7 mil podrá degustar un plato típico de la región que puede ser: Chivo y ovejo estofado y pepitoria, entre otros. Luego del almuerzo un recorrido por los sitios mencionados de Villa Vieja y un merecido descanso, son la antesala para el momento más esperado. la observación astronómica. El cielo en las manos
Son las 6:30 de la tarde y como todos los fines de semana Javier Fernando Rúa Restrepo, director del Observatorio Astronómico, da inicio a sus amenas charlas. 'Hablamos de conceptos básicos de astronomía, explicamos qué es lo que se observa cuando cualquier persona levanta la cabeza y mira al cielo, damos a conocer a qué parte del cielo corresponde. Se habla de cómo se forman y cómo se acaban las estrellas, en una explicación que se acompaña de la práctica', explica el astrónomo. Por su parte, Raúl Joya Olarte, director del Observatorio Astronómico de la Universidad Sergio Arboleda, explica que el Desierto de la Tatacoa es ideal para la observación 'porque el nivel de oscuridad y la poca contaminación que encontramos allí permite que se puedan apreciar las estrellas fugaces con mayor facilidad. La belleza es sin igual y los eventos que en ese lugar se organizan están abiertos para todo tipo de público. Por el estrés que produce el agitado ritmo de las ciudades esta es una buena opción para retornar al espíritu'. El encuentro con las estrellas se armoniza con charlas sobre mitología. Trazando un mapa del cielo vamos conociendo las divisiones de las constelaciones, con su nombre en griego y en árabe y observamos los principales objetos que hay en estos mapas, tales como constelaciones, planetas, galaxias, cúmulos abiertos, entre otros. Es una experiencia única que va llegando a su fin.














