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Mar Dic 6 2016
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Miércoles 19 de Octubre de 2016 - 12:01 AM

60 años de historias de baile y romance en notas mayores

Este compositor e intérprete bumangués deleitó durante más de 65 años a los santandereanos con los más bellos pasillos, valses, bambucos, paseos, boleros y danzones, entre otros ritmos, con la mítica Rondalla Bumanguesa y la Orquesta de Alfonso Guerrero, con la que ha tocado en cerca de 700 matrimonios.

Fausto Arciniegas López

A mitad del siglo pasado, para la mayoría de bumangueses la mejor sobremesa, después del almuerzo, era escuchar en la emisora Radio del Comercio el programa “Caballeros de Antaño”, en el que los músicos regionales tocaban en vivo lo mejor de su repertorio para deleitar a los apasionados radioescuchas.

Y fue en ese espacio radial del mediodía en el que el maestro Alfonso Guerrero García, en 1957, lanzó con la Rondalla Bumanguesa una de las canciones más significativas de su laureada carrera artística: “Chelita”, un hermoso paseo en el que declaraba sus más puros sentimientos hacia el amor de su vida: Graciela García, su esposa y con quien lleva casado 58 años.

Después de acabar con el repertorio preparado para uno de esos programas radiales, Alfonso Guerrero tuvo que componer rápidamente e interpretar sin mucha preparación una de las melodías que cambiarían el rumbo de su existencia.

“Esta ha sido una de las canciones que compuse más rápido, pero era que había una motivación muy grande, era el amor de mi vida. Todo salió a la perfección; pudimos terminar con éxito el programa y me casé con Chelita… qué más podía pedir”, cuenta el emblemático músico santandereano.

Han pasado muchos almanaques después de esta bella declaración de amor, y tal vez esa melodía romántica fue el impulso vital de una carrera que comenzó el maestro Guerrero cuando tenía nueve años al lado de su padre, el también músico Juan Guerrero.

Antes de los 10 años, Alfonso ya tocaba violín, clarinete y saxofón, y a los 14 ya hacía parte del Conservatorio de Bucaramanga, que con el tiempo se convirtió en la Escuela Departamental de Música.

Allí, bajo la batuta de consagrados maestros de la talla de Luis María Carvajal, Santos López, Miguel Hernández, Jaime Guillén y Álvaro Gómez, el polifacético músico se preparó en violín, clarinete, teoría musical, armonía y dirección, contrapunteo y orquestación.

Esa elevada preparación lo llevó a componer cerca de 70 canciones, a grabar dos álbumes, a hacer parte de la Rondalla Bumanguesa y a conformar la que fue una de las mejores orquestas del país, la cual lleva su nombre.

Maestro de maestros

Después de hacer parte de las agrupaciones tropicales Aída y La Claridad, con tan solo 18 años y junto a otros músicos jóvenes, Alfonso Guerrero conformó y dirigió su primera orquesta: La Panamerican, conjunto que no podía faltar en las fiestas y reuniones sociales en Bucaramanga.

De ahí en adelante todo serían victorias, pues comenzaría una exitosa carrera musical que lo llevó a hacer parte durante 40 años de la Banda Departamental, 20 de ellos como director, y crear el conjunto Los Satélites, que con el tiempo se convirtió en la Orquesta de Alfonso Guerrero.

Sin embargo, uno de los pilares de su formación como músico y, tal vez, en donde podía expresar con su violín todo ese talento heredado de su abuelo, Venancio Guerrero, era en la Rondalla Bumanguesa, grupo que cofundó su padre junto a los maestros Gilberto Moreno, Carlos Mariño y Víctor Amaya y al que ingresó en 1953, después del fallecimiento del maestro Moreno.

“Fueron años muy hermosos. La vida social de Bucaramanga se centraba en las fiestas de los clubes y en los teatros, y los programas radiales eran una cita ineludible. La gente valoraba y reconocía la buena música que uno interpretaba”, recuerda el maestro Guerrero.

Muchas generaciones bailaron, gozaron y hasta se han enamorado con la música de la Orquesta de Alfonso Guerrero, quien hace poco entregó la batuta a sus hijos Víctor Javier, Germán Alfonso y Juan Carlos para que sigan con su legado musical al frente de su agrupación.

Matrimonios, fiestas de 15 años, serenatas y aniversarios, en fin. Durante muchos años cualquier celebración especial en Bucaramanga y su área metropolitana tenía que ser amenizada por los acordes del maestro Guerrero y sus músicos acompañantes, si quería tener el toque de exclusividad.

Cuenta el maestro Guerrero que frecuentemente se encuentra con personas que le dicen: “usted tocó en mis 15 años y en mi matrimonio” u otros que le agradecen por haber engalanado la misa de su boda con los bellos acordes de su violín.

“Alguna vez tuve la oportunidad de tocar una serenata para una pareja de esposos con un grupo. Después, estuve en la misa con otro conjunto y, finalmente, toqué en el matrimonio con mi orquesta. Al final de la noche el marido me dice: ‘A la luna de miel sí déjeme ir solo maestro’. Nunca lo podré olvidar”, recordó entre risas este consagrado músico bumangués.

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