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Jueves 18 de Mayo de 2017 - 04:02 PM

Santandereana cuenta la historia de su adopción

Aunque el proyecto de referendo contra la adopción para parejas del mismo sexo y solteros recibió un no contundente en la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, sus promotores anunciaron que no se rendirán, aumentando la polarización del país respecto al tema. Angélica, de 31 años y adoptada por una pareja heterosexual, cuenta su caso y asegura que para ella lo importante es el amor.
Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
La familia que adoptó Angélica es una familia, podría decirse, tradicional. Sin embargo, ella asegura que aunque no lo fuera, estaría feliz: "lo que importa es el amor y la oportunidad que puede tener un niño de vivir".
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL )

Lloró tan fuerte que al otro lado del cementerio la escucharon. El sonido de sus lágrimas alcanzó a los militares que corrieron hacia ella y la encontraron, abandonada sobre una lápida por su madre biológica. No quería que la encontraran. Tenía dos días de nacida. 

“Un 11 de noviembre, como puedo leer en los registros de mi adopción, ella, a quien ya no juzgo y por quien ahora no guardo ningún rencor, me dejó en el cementerio central de un frío municipio de Norte de Santander (temperatura promedio entre los 12 y 14 °C), justo a las 5:00 p.m., hora en la que cierran el lugar. Ella me abandonó en las últimas tumbas del lugar, al final de una especie de loma y a lo mejor huyó enseguida sabiendo que pronto cerrarían el sitio”, narra Angélica en una carta que escribió al Congreso de la República. Angélica se sigue manifestando en contra del referendo que buscaba prohibir a parejas homoparentales y solteros adoptar. 

Sus promotores afirman que apelarán la decisión. Angélica afirma que seguirá luchando para que los niños tenga un hogar que les dé amor, independientemente de quién se los dé. 

Angélica creció con sus cuerdas vocales gruesas, vibrantes. Es soprano. Estudia música. El lunes pasado, esperaba su gran momento para pasar al escenario en el auditorio de su universidad. Cantaría ‘People will say we are in love’, del musical Oklahoma. Su mamá la veía desde el auditorio, lista con su celular para tomarle fotos. Antes de que su nombre retumbara con todas sus letras, con los apellidos de quienes le dieron la oportunidad de vivir su pasión esa noche, Angélica se asomó tras la cortina de madera. Se miraron. Y Angélica recordó. Su carta, más vigente que nunca, es una carta de amor para su familia adoptiva.

 

Su historia en su voz

 “El día en que ella me abandonó, mi cuerpo, desnudo, indefenso, lo cubría tan sólo una sábana. Y fue mi fuerte llanto, quizá de síntomas como frío o hambre, lo que me salvó la vida… Dios mismo, el universo conspirando por mi permanencia en este planeta. Diminutas cuerdas accionadas en medio de mi desespero, permitieron que dos soldados, quienes se retiraban del lugar, que iban a cerrar justo a esa hora, escucharan y corrieran horrorizados (como me narran mis padres) hasta la iglesia ubicada en la entrada del cementerio, para alertar así que algo pasaba allá arriba. Y así fue como supieron de la niña abandonada del cementerio”, cuenta Angélica. 

En 1985 morían 49 de cada mil niños nacidos menores de cinco años. Los soldados la salvaron, pero sin una adopción, el futuro de Angélica habría sido un hogar del Bienestar Familiar. En espera de una adopción. El instituto reporta que este año han sido adoptados 17 niños en Santander. En 2016, 73 niños encontraron un hogar. Pero en 2011, un total de 112 niños tuvieron la oportunidad de una nueva vida. La cifra ha decaído. 

“Mi padre jamás hacía un receso durante su trabajo. Días después a lo acontecido, él (aburrido, estresado y como estaba sin luz en su oficina) salió al parque a tomar un poco de aire y lo cruzó para ir a la oficina de un amigo que no frecuentaba. Le narró a mi papá lo ocurrido en el cementerio. Y así sin conocerme, sin saber de qué raza era yo, ni mi color de ojos, ni mi origen, ni mi contextura, o qué enfermedades podría desarrollar por mi genética, así no más, sin nada de nada. 

-Esa niña es lo que estábamos anhelando. Ese era nuestro deseo- replicó mi padre a su amigo y el universo conspiró”, dice Angélica. 

Para otros niños, el universo puede conspirar de dos maneras: a través del Icbf o de las instituciones autorizadas para la adopción. Juan Felipe Jaramillo Gärtner, del Centro para el reintegro y atención del niño explica que el proceso de adoptar a un niño incluye talleres informativos, radicación y análisis de documentación, talleres de reflexión sobre la adopción, evaluación de idoneidades de las familias solicitantes y el comité de adopciones toma la decisión. 

Si es aprobada, viene la asignación de la familia al niño adoptable de acuerdo con el interés superior del niño, la preparación, encuentro e integración así como una sentencia del juez decretando la adopción.  Después, la institución hace un seguimiento por dos años cada seis meses. 

No es fácil, se trate de familias homoparentales, personas solteras o familias conformadas por papá y mamá. En Colombia el año pasado fueron adoptados un total de 1.181 niños, niñas y adolescentes, lo que significa un promedio de 98 adopciones cada mes. Este año 396 niños esperan una familia en Santander. En 2015 eran 543, con lo que más mujeres y hombres que concibieron hijos no pudieron o quisieron hacerse cargo de ellos. 

Cuando piensa en estos niños, justo antes de salir al escenario, la herida de Angélica vuelve a abrirse: “¿Por qué de esa manera? ¿Por qué no en un parque, o una banca? Qué se yo ¿una tienda?… ¿Quería mi muerte lenta? ¿Y qué culpa tenía yo de haber llegado a su vida? ¿No tiene corazón? ¿Y mi padre biológico en dónde estaba? La razón la expondría ella misma unos 20 días después de mi hallazgo, cuando ella compareció ante ICBF y, en declaración libre, confesó que me había abandonado por no tener manera de alimentarme, ni de tenerme y por odio a mi padre biológico. Cuánta tristeza para mí en tan cruda y escueta frase”. 

Angélica está sana de esa herida. El amor de su familia la ha ayudado. Su talento la salvó. Luego de un difícil proceso de divorcio y de luchar con algunos problemas de salud, la fuerza de su voz es uno de los motivos para vivir. El otro, el agradecimiento a quienes la adoptaron. 

Lo que importa es el amor

En los años sesenta, la ilustre antropóloga socorrana Virginia Gutiérrez de Pineda, encontró que “en Colombia hay tantos tipos de familias como regiones, porque en cada una se distinguen los tipos de uniones. No es que en todas las regiones la unión en matrimonios católicos sean las más frecuentes”, explica a su vez el sociólogo y economista Julián Gómez. 

El experto explica que Gutiérrez de Pineda halló cuatro grandes subregiones o complejos culturales: “complejo andino o americano (que es Bogotá y zona fría), complejo santandereano, complejo de la montaña o antioqueño, complejo litoral-fluvio-minero o negroide. Ella explica cómo el tipo de actividad productiva y la religión, se configuran y afectan las formas familiares. La etnia de cada lugar también influye”. 

Lo que es muy interesante, explica Gómez, “es cómo diferentes características interactúan y dan resultados distintos y cómo en los años sesenta Virginia descubre cosas que no se creían: por ejemplo, que no es tan cierto que la mayoría de familias sean solamente matrimonios católicos. Es todo más complejo que eso”. 

Es hora de que Angélica salga al escenario. Es una de las más esperadas, sus compañeros saben que en el escenario lo entrega todo, lo abarca, vive las letras como aquellas divas que exudan lírica al caminar. 

“Y ¿cómo ha sido la historia desde entonces?: ¡Jamás he notado la diferencia! Es que como adoptada tal vez no tengo sino la palabra, porque todo ha sido absolutamente normal. He crecido en este hogar como un miembro más, sin distingo alguno, consentida y mimada por ser la más pequeña. Muchos ojos encima ¡eso sí! Todos eran muy grandes cuando llegué a este hogar. Mi hermana mayor ha sido como mi segunda mamá… Y todo ha transcurrido normal. Con alegrías, tristezas, en las buenas, en las malas, en la salud, en la enfermedad, ellos y sólo ellos son quienes han estado ahí”. 

Pero, si su familia se corresponde con el modelo heterosexual que parece idóneo, ¿por qué Angélica cuenta hoy su caso? 

 “¿Por qué me despojo hoy de todo para revelar a ustedes mi historia? Porque creo en la adopción no como un tema de etiquetas u hogares etiquetados como ‘adecuados’ o ‘no adecuados’ por características relacionadas estrictamente con su conformación. Yo hablo en favor de la adopción en general como acto de amor por el resto de la vida. Un acto de fe entre las partes. Para mí, llegar a un hogar en el que me dieran la vida y el amor que me negaron irresponsablemente, hubiese sido ganancia, tanto en un hogar heterosexual como homosexual o conformado sólo por un padre o madre. Para mí, mi familia no es perfecta por ser hetero, es perfecta porque es la familia que me dio amor, una nueva oportunidad de vivir”. 

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