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Lunes 03 de Julio de 2017 - 06:01 AM

Al interior de la marcha del orgullo gay en Bucaramanga

Cerca de dos mil personas marcharon a favor de los derechos de la comunidad Lgbtq en Bucaramanga. Ni el sol, ni la lluvia, ni algunos rostros desencajados de los curiosos turbaron la manifestación pacífica que comenzó en el Parque San Pío y terminó en el centro de la ciudad.
Elver Rodríguez / VANGUARDIA LIBERAL
Al interior de la marcha del orgullo gay en Bucaramanga
(Foto: Elver Rodríguez / VANGUARDIA LIBERAL )

La atención se centra en Charlin Lorena Otálora, una “maléfica” con los rasgos tan marcados como los mismos cuernos de su disfraz, que casi rozan la sombrilla que la protege de la lluvia. Sus ojos tienen un verde intenso protegidos por un par de pestañas largas y cejas perfectamente delineadas. El rostro sobresale por sus pómulos como dos picos, logrando perfilar su cara y abultar sus labios. Como una verdadera bruja gótica y vestida totalmente de negro, camina con tal garbo manteniendo a los curiosos intrigados. La calle es suya. 

Abandera la marcha del orgullo Lgbtq (Lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y queers). Es el sábado  24 de junio, en Bucaramanga.  

Como si se tratara de una conspiración del universo, el cielo de Bucaramanga está rodeado por un enorme halo de colores dos días antes de la fecha en que se conmemora el mes del orgullo gay y en la que cientos de miembros de la población recorren las principales calles. La misma cita la cumplen otros integrantes del Lgbtq en otras urbes del país. Todos tienen un mismo ideal: dar voz a sus derechos.

Afuera los otros miran. Recostado sobre un poste de luz y con los brazos cruzados, José Solano espera y se concentra en una pareja de hombres que decora un carro blanco con bombas y papel de distintos colores. No puedo evitar acercarme y preguntar:

 -¿Qué le llama tanto la atención?

-Realmente nada en particular. 

-¿Qué opina de estos eventos?

-Me parece un asunto totalmente normal. Todo tipo de comunidades tienen derecho a hacer lo que sea conveniente para su desarrollo en la sociedad.

Habla con timidez. Hace una pausa y gira su cabeza para admirar a una mujer transgénero alta de pelo rubio y ondulado, vestida con un enterizo plateado, que una vez descendió de un taxi corrió ligeramente hacia el Parque San Pío, junto a la Gorda de Botero, que está iluminada por la bandera de los seis colores, donde la concentración empieza a crecer. Con una expresión seria, José dice: “cada quien tiene libre albedrío y decisión de elegir su camino, aunque en Bucaramanga todavía es un choque grande”.

Un hombre de estatura media y aproximadamente 60 años, extiende su brazo izquierdo sobre un árbol, el derecho rodea su cintura, mientras clava los ojos en un grupo de transgéneros: altos, con tacones y shorts en jean muy cortos. Sus torsos estan al descubierto y solo uno de ellos tiene prótesis en sus pechos. Todos morenos. Fuman, hablan y ríen. Cuando me acerco a pedirles una foto, su reacción es de agrado y acceden de inmediato a posar para el lente. El hombre del árbol sigue paralizado. Me acerco y con una leve sonrisa opina: “es una cosa totalmente normal. Todos ellos tienen sus derechos, pero me sorprende ver tanto joven de 14 o 15 años”.

Color y música

Olga Materón, presidenta de la Asociación Plataforma Lgbtq de Santander, ayudándose con un parlante da inicio a la marcha. El volumen de la música sube. Lady Gaga, Rihanna y Beyoncé son las favoritas en los sistemas de sonido. Delegaciones de Casanare, Barrancabermeja, Medellín y los municipios del área metropolitana, así como familias heterosexuales y homosexuales se unen a la colorida fiesta que se celebra desde 1969, cuando estallaron disturbios en Nueva York que dieron origen a la lucha de los derechos de los homosexuales, y que cumple su versión número 48.

La esencia básica de esta celebración, afirma Materón, es que ninguna persona sienta vergüenza de lo que es, sea cual sea su orientación sexual o identidad de género.

Liliana Jiménez camina dando brinquitos al ritmo de la música tomada de la mano de su pareja, también mujer, con quien lleva dos años; detrás van sus hijos de 22 y 16 años. Para ella esta imagen familiar era lejana e imposible, luego de que sus hijos se alejaron dos años cuando se enteraron de que es lesbiana. “Un proceso bastante fuerte para todos. No me hablaban, me ignoraban por completo. Pero no podía seguir criándolos dando un ejemplo de mentira. Hoy tenemos una relación maravillosa”.

Los últimos años han sido importantes para la población Lgbtq colombiana, pues ha habido logros significativos con relación a la igualdad en derechos. En 2015, la Corte Constitucional dio aval para que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar. Al siguiente año, se aprobó el matrimonio igualitario.  Pero a su vez, se ha radicalizado un sector del país que pide que se revoquen estos derechos y que se opuso de manera abierta a que el Ministerio de Educación Nacional garantizara que en los manuales de convivencia de los colegios se respete la orientación sexual de los estudiantes. Pero aún con estas voces opositoras,  esta minoría ha conseguido que no se les prohíban las manifestaciones ni expresiones afectivas en público, así como que existan espacios incluyentes.

 

"Aquí todos cabemos”

La multitud avanza sobre la carrera 33. El sonido de los carros, la música, incluso la pólvora alertan a los curiosos quienes se detienen a observar. Ni siquiera la lluvia interrumpe a las más de 1.500 personas. Incluso el maquillaje de las trans no se arruina.

“Ellas deben salir con sus trajes, con el género con el que se sienten identificadas. Antes se pensaba que una transgénero solo se vestía de esta forma para prostituirse. No podían ir a un parque sin que fueran consideradas prostitutas”, explica Paola Esteban, periodista especialista en temas de género e invitada a la marcha.

Por su parte Catalina Mendoza Cáceres de 24 años, una mujer que nació con sexo masculino pero que ya hace varios años usa tacones, lleva su pelo largo y maquillaje, cuenta que siempre hay alguien que ofende y grita en la calle. “Este tipo de tratos nos afecta mucho, porque nos cierran las puertas en la sociedad, en la democracia. Yo trabajo, estudio diseño de modas y soy una buena mujer”.

Rosa Montañez se cubre de la lluvia sobre la calle 36. La mujer sonríe animada y aplaude al paso de la marcha: “aquí, en esta sociedad, todos cabemos. Me parece buenísimo, a propósito de estar en una ciudad con mucha discriminación. En mi casa y en mi familia, no tenemos problema con esto”. Cerca, una mujer trigueña de aproximadamente 40 años mira con incomodidad a dos hombres que pasan frente a ella tomados de la mano. Da la espalda, entra a un almacén de implementos deportivos y cierra la puerta.

La marcha llega a la calle 36 con carrera 27 y se detiene por unos minutos. El tráfico en todos los sentidos colapsa; algunos motociclistas cruzan sobre los separadores, tal vez por el afán de la lluvia. Sobre la terraza de un concesionario de motos, un grupo de 14 personas aplaude el evento. Jhon Ardila de 35 años carga una tabla blanca repleta de gafas para el sol, aunque por la lluvia la venta ha mermado. Dice que aunque siempre ha respetado al prójimo, la vida le enseñó aún más luego de enterarse de la homosexualidad de su sobrino. “Para mi hermana y mi cuñado no fue nada  fácil. Pero luego lo asimilaron. Me da gusto que lo respeten y lo apoyen”.

Martha y Omar caminan juntos hasta llegar a la Plaza Cívica Luis Carlos Galán Sarmiento, donde finaliza la marcha más colorida de la ciudad. Los esposos y vendedores de banderas de la comunidad llegaron la noche anterior de Medellín. Ella, señala que es algo admirable la unión de los homosexuales, y él que elaborar banderas de 5, 10 y 15 mil pesos para los que apoyan los gais es un verdadero gusto.

Lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y queers, caminaron durante tres horas voceando frases en contra de políticos como la diputada de Santander Ángela Hernández, recordada por promover desde redes sociales la marcha contra la “ideología de género” en agosto de 2016, y el exprocurador Alejandro Ordóñez. Dos hijos de esta tierra que se han caracterizado en los últimos dos años por promover un discurso conservador frente a los temas de familia.

También recibieron una corta charla sobre prevención de enfermedades y respeto hacia el otro. Agradecieron los aplausos de las personas que se asomaron en el balcón del Club del Comercio que soltaron sus copas y vasos, aplaudieron y empuñaron sus manos en símbolo de fuerza y resistencia. Repartieron preservativos masculinos y femeninos en medio de una campaña contra el VIH.  Y finalizaron su recorrido entre bailes, besos y abrazos, bajo el el sol y luego la lluvia.

“La jornada terminó, pero la fiesta continúa en el trabajo individual por sus derechos. Algunos desde negocios independientes, los colegios, trabajos o desde la academia. Discriminar pasó de moda”, dice una madre junto a su esposo, mientras esperan a su único hijo, gay, al final de la marcha.  

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