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Martes 18 de Julio de 2017 - 10:20 AM

La historia detrás de Negro: el perro que puso su pata en una tutela en Bucaramanga

Negro fue encontrado resignado a morir en el lodo, con su cadera rota. Jackeline Arias lo salvó y hoy la huella de su pata está en una tutela. ¿Qué hay detrás esta historia?
Vanguardia Liberal
Los tutelantes esperan que se siente un precedente jurídico sobre los derechos de los animales callejeros y la responsabilidad del Estado para cuidar de su salud.
(Foto: Vanguardia Liberal )

Negro tenía el hocico dentro del lodo. Estaba enterrado en medio de la lluvia, resignado a la suerte de la calle para muchos animales: la muerte. 

Un bulto se asomaba entre el barro. Era un viernes, 10 de marzo. Jackelin Arias salía de su casa en el barrio La Feria de Bucaramanga para asistir a una reunión con hijo. Fue Jhosue quien primero se percató de que había algo inmóvil, pero con vida. Entraban ya al barrio Girardot. 

-Mami, mire eso. ¿Qué es?

-Eso es un perro -respondió Jackelin-. Pobrecito, lo cogió el aguacero. 

Se acercaron. Negro ni levantó la nariz. Trataron de sacarlo, pero no se movía. Estaba frío: tenía hipotermia. Intentaron otra vez. Negro se alertó ligeramente, quiso defenderse de lo que parecía una agresión. Una más. 

Jackelin y su hijo pidieron ayuda a una mujer que pasaba por la vía para que les ayudara a desenterrarlo y ayudarlo. No podía caminar. 

Negro no solo estaba enterrado, estaba herido. Es un perro grande. Era aún un perro fuerte: pesaba 22 kilos. Pero no hay fuerza que soporte dos fracturas de cadera. 

A Negro lo habían atropellado. Minutos después, sin saber qué hacer, Jackeline llamó a la Policía Ambiental. 

"Les dije que me había encontrado un perro grandísimo, que estaba enterrado en el lodo, que no lo podía mover, que si me podían ayudar, que creía que estaba lesionado. Me respondieron que no me podían ayudar porque ellos no tenían para donde llevarlo. Que no había nada para transportar un perro grande. Entonces pues nada, mirar a ver cómo hacíamos", cuenta Jackeline. 

En su casa, en La Feria, Jackelin tuvo hasta 22 gatos. Dio algunos adopción, pero un pequeño negro de ojos brillantes da vueltas por ahí. En la casa también está Nacha, una perrita rescatada por la mamá de Jackelin. 

"Mi mamá se había ido para una cita médica y no llegaba. La llamé, le pregunté qué le había pasado, que si la habían dejado en la clínica, pero ella me respondió que estaban botando a un perrita. Le dije que se la trajera", dice Jackelin. Es pequeña, tiene los ojos grandes y habla con ahínco. Sola no podía llevar a Negro. Jhosue es pequeño y delgado también. No podían solos llevar a un perro que, además, sentía miedo. Y dolor. 

Sin embargo, fue otra camioneta de la Policía, que hacía ronda por el barrio, la que se detuvo para cargar a Negro y llevarlo finalmente a una veterinaria en el barrio San Alonso.

En la primera veterinaria no lo recibieron porque no llevaba dinero. La camioneta de la Policía ya se había ido. Tomó un taxi y como pudo lo trasladó a la veterinaria Hemalav. 

Jackelin usó las redes sociales para contar la historia de Negro. Marcela Ortíz, integrante de la Santander por Naturaleza, organización que busca proteger los ríos y los animales callejeros en el departamento, vio la historia y pagó las radiografías. Negro tenía la cadera rota.

Jackelin lo llevó de regreso a su casa. Lo siguiente que tenía que hacer: operarlo. Y castrarlo además. Los perros corren en busca de las hembras y son atropellados. O maltratados. Buscó ayuda de quien pudiera, de quien quisiera. 

"Vi mucha indiferencia de parte de las personas. Solo cooperaron 4 o 5 personas. Colaboró gente de la Fundación Fanat. Negro llevaba dos semanas tirado. Había aguantado varios aguaceros y la gente pasaba y le dejaba la comida, pero no se podía mover. Ahí mismo hacía sus necesidades", cuenta Nubia, una de las personas que ayudaron económica. Y agrega: "los animales de la calle son un compromiso de toda la ciudadanía. Es un ser vivo, siente. Los que estén más próximos a auxiliarlo, deberían hacerlo. Y ellos no pueden hablar".  

Nubia vive en Bucaramanga hace 24 años. Dice que entonces era distinto. Había más civismo. Ha visto botar a los gatos con sus crías en cualquier lote. "Los entes gubernamentales deben exigir a la ciudadanía responsabilidad con los animales", concluye.  

¿Cómo llegó la pata de Negro hasta una tutela? 

Marcela Ortíz, asegura que ayudar a Negro fue duro: "hubo ocasiones que pensamos 'no podemos, qué hacemos'. Negro había convulsionado varias veces. Hubo que hacerle incluso una radiografía del cerebro. Tenía también una infección y tuvimos que darle medicinas". 

Aún tiene que tomarlas. Le han reclamado varias veces, a ella y a Jackelin, ¿por qué recogen a un animal de la calle sino tienen los recursos para ayudarlo? 

"Hasta que uno no tiene un animalito no se concientiza del amor que le da un animalito. Todas las personas que no han tenido un perro no saben y no sienten lo que es el amor de un animalito. Cuando lo ve a uno va a correr, va a saltar", dice Marcela. 

El dinero se acaba. Jackelin vende comida. Así se sostiene. Y Negro tendrá que ir a Zoonosis si nadie puede, finalmente, hacerse cargo de él. Está cojo. Sus posibilidades de adopción son menores por esta razón. 

Jhosue solo quiere ver caminar de nuevo. Este comentario alimentó la idea del abogado Ludwing Mantilla, líder de Santander por Naturaleza. 

"Dentro de los fines esenciales del estado está la protección de los animalitos. Buscamos que la corte constitucional se pronuncie. Le pedimos a la policía ambiental que se hagan cargo de los animalitos que están en la calle, que les presten auxilios", asegura Mantilla y explica la tutela en la cual figuran como tutelantes él, Jhosué y Negro, con la huella de su pata. 

"Cuando la tutela llegó al juez Luis Orlando Galeano Hurtado, me preguntó: abogado, usted cómo hace para que el perro ponga la huella. Y le respondí:  porque él no puede hablar y necesita que nosotros hablemos con él".

Lo que el abogado quiere es que se respete la vida de Negro; el derecho de Jhosué, quien ha desarrollado un vínculo con Negro, a ser feliz; la dignidad de Jackelin, quien tuvo que pedir limosna para ayudar al perro y el derecho de todos a un ambiente sano, porque los animales de la calle hacen parte de éste. 

Pero, ¿un perro tutelante?

Juan Pablo Sterling Casas, abogado, docente y Vicepresidente Región Oriente de  la Asociación Colombiana de filosofía del derecho y filosofía, explica que "el Estado actual del deber de protección animal es que se protegen los derechos fundamentales al libre desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal, cuando se impide la tenencia de animales doméstico, empero estos derechos compartan una serie de obligaciones de cuidado, respeto y salubridad, derivadas de normas del Estatuto de Protección Animal, haciendo procedente la acción de tutela para resguardar los derechos de rango fundamental y cuya titularidad está en cabeza del individuo; la prohibición de tenencia y explotación de animales silvestres y, la existencia de un deber constitucional de protección al bienestar animal, que conlleva a obligaciones tanto para el Estado como para los individuos, de proteger el medio ambiente y con ello, a los seres sintientes. 

Sin embargo, de este mandato constitucional no se puede extraer la existencia de un derecho al bienestar animal, ni la fundamentabilidad del mismo, ni mucho menos la exigibilidad por medio de la acción de tutela. De este deber constitucional sí surgen obligaciones de cuidado y prohibiciones de maltrato y crueldad contra los animales, a menos que éste devenga de alguno de los límites consagrados en la Carta Política", según lo estableció la Corte Constitucional en la sentencia T-095 de 2016.

Por su parte, otros líderes animalistas, como Orlando Beltrán aseguran que exponer a un perro como tutelante tiene dos caras: "la acción de tutela se ejercen para proteger los derechos fundamentales, que son los de las personas. Los animales no tienen derechos constitucionales. Es una acción para llamar la atención, pero eso es bueno. Se ve la falta de justicia para los animales en Colombia". 

Además, Beltrán señaló que no existe tampoco un procedimiento claro para las personas que quieran hacer algo por los animales: "lamentablemente las posiblidades de que el Estado resuelva el problema son muy pocas. Lo que debe hacer es acudir a su propio bolsillo o al corazón de las personas". 

Por su parte, la Subteniente Lucy Carolina Salcedo Durán, Jefe del Grupo de Protección Ambiental y Ecologica de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, explicó que "la función de la Policía Ambiental es el de prestar acompañamiento a las autoridades ambientales y administrativas, para labores de educación, vigilancia y control. Por lo tanto al momento de que la comunidad nos solicita o nos informa sobre situaciones de abandono, maltrato animal u alguna situación especial con animales domésticos que deambulan por las vías públicas sin persona responsable, efectuamos coordinación con la autoridad municipal delegada en la Secretaria del Interior o de Gobierno, para que se hagan cargo de la custodia y demás protocolo de atención a seguir con estas especies domésticas". 

Salcedo Durán agregó que una persona que quiera ayudar a un animal callejero "debe ponerse en contacto con la Secretaria del Interior o de Gobierno municipal para poner en conocimiento la situación y ellos deberán coordinar para recepcionar este animal doméstico hacia un lugar donde se le brinde bienestar, que posteriormente de acuerdo al artículo 120 de la ley 1801 de 2016, la administración municipal podrá hacer entrega o jornadas de donación de aquellos animales domésticospreviamente esterilizados".

Este martes, a las 3:00 p.m., el Juez Tercero Laboral del Circuito de Bucaramanga, citó a Jackelin Arias, quien promovió una acción de tutela para evitar la muerte de Negro, un perro herido que encontró en las calles de Bucaramanga. El destino de Negro aguarda.

Negro juega con Nacha y parece que una jauría de lobos está en ataque. Pero los perros, machos y hembras, son así. Con el hocico hacen un gesto: el maxilar y el mandibular se estiran, sacan la lengua, abren grandes los ojos y brillan. Parece que ríen. 

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