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Lunes 17 de Julio de 2017 - 11:40 AM

La batalla por la igualdad de las mujeres que hacen parte del Ejército

En un ambiente custodiado en su mayoría por el género masculino, las mujeres colombianas están conquistando espacios que antes eran inimaginables. A pesar de las situaciones difíciles, ellas siguen ganando respeto dentro de la Institución.
La batalla por la igualdad de las mujeres que hacen parte del Ejército

- ¿Estas viejas qué? ¿Ahora nos toca hacerles caso a estas chinitas? No me hagan reír, se escuchó en la Escuela de Logística del Ejército Nacional en Bogotá.

Acababan de llegar las primeras tenientes de mando de tropa a esa institución y los soldados profesionales que formaban en ese momento en el patio principal pensaron que era un chiste. Aunque estaban acostumbrados a ver mujeres en la Escuela, ellas se desempeñaban en el área administrativa y no tenían autoridad sobre ellos. Pero las cosas habían cambiado y ahora quienes ejercían como comandantes de algunos cursos eran mujeres.

- ¡Vienen es a formar niñas! ¡Estar acá es para varones!, eran las frases que acompañaban las rechiflas y con las que más de una vez hicieron llorar a las tenientes, que aunque no lo quisieran aceptar eran sus superiores.

“Al principio fue tenaz, el choque es duro. Uno acostumbrado a los ‘madrazos’ de los capitanes o superiores  y luego tener que hacerle caso a una chinita, porque si tenían 20 era mucho, era difícil. Pero la verdad, después uno se da cuenta de que hay otra forma de tratar a las personas, como ellas nos mostraron y uno aprende a aceptar. Hoy en día a la mujeres que tienen mando las respetan más, las quieren más y las admiran más”, cuenta un soldado profesional.

Aunque el camino no ha sido tan fácil, tampoco ha sido imposible,  y el ascenso a General de dos mujeres  en el país en 2014 da muestra de que  las políticas de las Fuerzas Armadas de Colombia van de la mano con los procesos de modernidad y transformación en la sociedad, donde los empleos y labores ya no se clasifican por género.

Comandando una tropa

-Mi teniente, vengo a solicitarle un permiso para salir. Resulta que mi novia está embarazada y tengo que ir a ponerle la cara a los papás, le dijo a la teniente Viviana Suárez León uno de los 90 soldados que está prestando el servicio militar bajo su supervisión, en el Batallón de Servicios de la Quinta Brigada del Ejército en Bucaramanga.

La respuesta de ella fue un consejo. “No vaya solo, ponga la cara acompañado de alguien adulto, porque usted está muy ‘peladito’ todavía”.

Para esta militar, una sola mujer entre tantos hombres hace la diferencia, pues son más organizadas, rápidas, exigentes, perfeccionistas, pero a la vez más humanas.
Suárez León pertenece a la primera incorporación de mujeres con mando de tropa del Ejército Nacional que se realizó en 2009. A pesar de que en la institución ya había mujeres subtenientes, tenientes, capitanes y hasta mayores, ninguna tenía algún tipo de autoridad, es decir, solo prestaban sus servicios en la parte administrativa o profesional.

“Por eso fue el impacto en ese momento. Éramos muy jóvenes y llegamos a darles órdenes a hombres a veces mucho mayores, que a pesar de su edad tenían menor cargo, como sargentos o cabos. Para ellos al principio fue muy difícil, pero luego se dieron cuenta que a nosotras no nos podían irrespetar, porque era como si estuvieran haciéndolo con sus mamás, hermanas o novias y entonces la cosa cambió”.

Con un papá Coronel y una mamá que siempre adoró la milicia, aunque nunca perteneció a ella, la teniente Suárez se graduó del colegio La Presentación de Bucaramanga y no dudó en ingresar a la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, lugar donde reciben formación los oficiales de esta Fuerza Militar.

Allí recibió formación en polígono, armamento, marcha,  combate y toda la teoría necesaria. Trotaba a la madrugada, en la noche o a la hora que al comandante se le ocurriera, igual que los hombres. El único momento del día que se dividían era para dormir, hombres en un lado y mujeres en otro. El resto era para todos igual.  

“Como fuimos el primer curso femenino, no faltaron los comentarios y las burlas, pero puedo decir con certeza que nunca en una marcha o ejercicio, la última fue una mujer, siempre fue un hombre”.

Ahora, con solo 25 años, la única mujer de la Quinta Brigada en Santander a la que los soldados, suboficiales, sargentos y cabos le dicen teniente dice que no se imagina su vida en otro lado y que su objetivo es llegar a ser una de las primeras generales en el país, que tenga mando de tropa, pues las primeras mujeres que ya lo lograron se desempeñan en el área administrativa.

“Lo que la mujer hace lo hace bien”

“¿En qué me metí?”, pensó la subteniente Luisa Fernanda Dávila Carrillo cuando pasó la convocatoria para profesionales del Ejército de Colombia.

Para esta abogada cucuteña el amor por la milicia no viene desde la cuna. Llegó por casualidad. Después de trabajar como inspectora de policía y abogada penalista y de familia, ingresó con un contrato de prestación de servicios al Batallón Especial Energético y Vial de Putumayo en 2012 y allí se enteró de que la institución recibía profesionales para que se incorporaran como militares y prestaran sus servicios en diferentes áreas.

Después de exámenes médicos, de conocimiento y pruebas físicas, Dávila Carrillo fue escogida entre más de 500 personas que participaron en la convocatoria de ese año.

Fue enviada a un curso de tres meses y medio en la Escuela Militar de Cadetes de Bogotá, donde le tocó aprender a manejar un fusil, trotar a las 5 a.m., recibir órdenes todo el tiempo y llevar al hombro armas y equipos más pesados que ella.

-¿Duro?, Eso fue lo más fácil. Las mujeres podemos hacer eso y más.  Por naturaleza todo lo que la mujer hace, lo hace bien. Y el ejército no es la excepción.
Luego de dos años en San Pedro de Urabá, en el Batallón Vélez, llegó al Batallón de Servicios de la Quinta Brigada en Bucaramanga, donde trabaja con procesos jurídicos en una oficina plagada de hombres.

“No he tenido arbitrariedades, pero tampoco facilidades. En Colombia se ha avanzado mucho y se le está dando un papel importante a la mujer. Falta, pero vamos muy bien. El respeto que la mujer se ha ganado en la milicia es indiscutible y eso habla bien de la cultura dentro de la entidad. Ha sido un proceso, pero realmente al Ejército le hace mucho bien la presencia femenina”.

La subteniente Dávila quiere ser juez penal militar o magistrada de la Corte Marcial dentro de la Fuerza y seguir ascendiendo, hasta llegar a ser general como su colega María Paulina Leguizamón, la primera en tener esa distinción en el país.

La institución primero

Tanto para la teniente Suárez como para la subteniente Dávila el compromiso con la institución es lo más importante. Tienen claro que deben estar disponibles  las 24 horas del día, los 7 días de la semana, porque en el Ejército Nacional prima la necesidad del servicio.

Las dos son mamás y si bien tuvieron su licencia de maternidad, ahora eso no puede estar por encima de sus responsabilidades, ni puede ser un escudo para faltar al trabajo o no llegar a las 6:00 a.m. al trote diario.

Tampoco tienen días libres ni pueden radicarse en un solo lugar, pues cada dos o tres años aparece el respectivo traslado.

-Tener un hogar es lo más difícil, así te cases con alguien que pertenezca a la Fuerza también. El tiempo para dedicar es escaso, y si no logras que te manden al mismo sitio entonces la familia se separa. Estar en el Ejército es una vocación, hay que sentir pasión por esto, si no es así, es fácil desertar, expresa Dávila Carrillo.
Y Suárez León lo está viviendo en carne propia. Su esposo, capitán, fue trasladado hace un mes a El Catatumbo, en Norte de Santander. No se ven desde que se fue, a pesar de que ella acaba de salir a vacaciones, porque el lugar donde está es zona de conflicto y llevar a su hija de un año hasta allá es ponerla en peligro.

Sin embargo, para ella, todo lo difícil vale la pena, pues las Fuerzas Militares necesitan la presencia femenina, cada vez más.

“Pertenecer al Ejército no es para machos, es para valientes y comprometidos con el corazón, y si hay dos palabras que definan a una mujer son esas dos”.

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