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Lunes 31 de Julio de 2017 - 11:54 AM

Este santandereano quiere llegar a las cumbres más altas del planeta

Con solo el 65% de sus piernas funcionando y la ayuda de un bastón, el escalador malagueño David Ramírez Duarte le mostró al mundo cómo una persona en condición de discapacidad es capaz de escalar montañas y llegar a picos que sobrepasan los 6 mil metros sobre el nivel del mar.
Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL
Este santandereano quiere llegar a las cumbres más altas del planeta
(Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)

La vértebra lumbar número 1 rota, la médula espinal comprometida y las dos piernas paralizadas. El dictamen médico: David Ramírez Duarte no volvería a caminar.

Estaba escalando las rocas de  Suesca (Cundimarca), La Meca de los escaladores en Colombia.
Iba a 20 metros de altura y uno de los seguros que se ponen en medio de las fisuras de las piedras se salió de lugar. La caída fue inevitable.

Cinco meses después Ramírez Duarte se paró de su silla de ruedas y, sin sentir la mayor parte de sus piernas, llegó hasta la cima del cerro Naríz de Judío, en el Páramo de Santurbán.

De ese accidente ya han pasado casi cinco años, tiempo en el que este santandereano de 32 años ha escalado montañas, nevados y rocas en Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, haciendo uso del 35% de la capacidad de sus extremidades inferiores y un bastón.

Ahora, además de la escalada y su empresa de turismo  “El Andinista”, este montañista está liderando el proyecto Breathing New Life, que busca mostrar que no hay límites para las personas en condición de discapacidad y que pretende lograr un mundo más inclusivo donde haya espacios y turismo para todos.
Gracias a esta iniciativa fue invitado a La Paz, Bolivia, no solo a hablar de su experiencia y trabajo, sino a emprender una de las expediciones más duras para un escalador:las tres montañas más altas de ese país. Y lo logró.

Preguntas y respuestas

¿Por qué ser escalador?
El amor por la escalada lo tengo desde muy niño, pues nací en Málaga, en plena  cordillera oriental colombiana frente a la Sierra Nevada del Cocuy. Crecí rodeado de montañas y una naturaleza única. La vida en el campo implica de una u otra forma que algún día te encuentres con una situación de escalada, ya sea en una roca pequeña o tratando de subir la cresta de un monte. Al principio lo hacía sin saber que era un deporte. Poco a poco fui conociendo y en 2003 decidí que dedicaría mi vida a eso. Y así lo hice.

¿Qué ha sido lo más difícil y lo más bonito de ser montañista?
Lo más difícil, además del accidente, ha sido aprender a soportar  el dolor, tanto físico como psicológico. El cansancio, el hambre, el miedo, el frío. Forzar tu mente y cuerpo a seguir cuando sientes que no hay más fuerza es lo más difícil.  Lo más bonito: los lugares, los amigos, los amaneceres, las experiencias y al mismo tiempo esa fuerza física y psicológica con la que logras subir y bajar de la montaña.

¿Qué es lo más peligroso?
Todo. Y más aun sin tomar todas las precauciones necesarias, pues arriba se viven situaciones que te ponen al límite todo el tiempo y es ahí donde la fuerza mental es muy necesaria. Por eso escalar una montaña no se logra de un día para otro, es un proceso.

¿Cuál ha sido el lugar o momento que más lo ha retado como montañista?
Intentar, dos años después del accidente, subir el Púlpito del Diablo en el Nevado del Cocuy. Es una pared de roca de 80 metros que hay en el glaciar conocido como Pan de Ázucar, a 5.100 metros sobre el nivel del mar. Fue un reto volver a un lugar que había escalado tantas veces, pero en esta ocasión solo con el 35% de mis piernas funcionando. Fue duro, muy duro, el miedo fue impresionante porque era la primera montaña grande que escalaba después de lo que me pasó, pero lo logré y después de eso, estuve seguro de que todo lo iba a lograr.

¿Montaña, hielo o rocas?
Me gusta escalar en  grandes montañas. La escalada en roca me gusta, pero ya no puedo hacerlo como antes. Subir montañas por las rutas normales y en roca, si el grado no es muy fuerte,  lo hago y lo disfruto como en mis primeras veces. Sin embargo,  ahora me apasiona mucho escalar en hielo.

¿Qué es Breathing New Life?
Es un proyecto que creamos una amiga italiana, Miriam Campoleoni y yo. Tiene como objetivo promover el montañismo y el andinismo como oportunidad real y de inclusión para personas con discapacidad física. La idea es mostrar la montaña como forma de vencer las limitaciones, para que se den cuenta de que hay otro mundo y que hay otras oportunidades donde cada quien elige si se queda o sale.  

Gracias al proyecto fue invitado a La Paz, Bolivia. ¿Cómo fue la experiencia?
Fuimos a La Paz para trabajar con un colectivo que tiene el gobierno llamado ‘La Paz Maravillosa’. Ellos trabajan por la inclusión de las personas con discapacidad, el turismo de inlusión y por tener una mejor ciudad enfocada al mundo. Nos invitaron para hablar del proyecto y además fueron los artífices y financiadores de la expedición: Llegar a las cumbres de tres de las montañas más emblemáticas de Bolivia en menos de un mes: El Huayna Potosí, el volcán Sajama y El Illimani.

Llegamos el  23 de junio,  cuatro días después hicimos el Huayna Potosí. Descansamos  dos días y nos fuimos para el Nevado Sajama, el pico más alto del país, donde intentamos escalar el volcán Parinacota. Estuvimos a 150 metros de la cima, pero decidimos volver porque las condiciones eran terribles, de 30 grados bajo cero y vientos que superaban los 80 kilómetros por hora. Descansamos tres días y continuamos con El Illimani, el segundo más alto, donde pudimos hacer cumbre  a las diez de la mañana. Difícil sí, imposible, jamás.

¿Qué piensa mientras escala?
Pienso en muchas cosas. Muchos demonios se enfrentan: mi accidente, los miedos al clima, al viento, a poner un seguro mal. También me pregunto ¿por qué estoy acá? ¿Qué estoy haciendo? Pero cada vez que doy un paso venzo un miedo, y así  hasta que llego y me doy cuenta de que valió toda la pena.  

¿Cómo debe prepararse un escalador?
Para intentar subir una montaña  se necesita estar preparado 200% del 100% que te pide el cuerpo porque además de lo físico, tienes que tener fuerte tu mente, más allá de lo que se puede imaginar.
Hay que ejercitarse para aguantar la altura. En mi caso, que no puedo caminar bien, hago bicicleta estática, elíptica y entreno en un muro de escalar.
Para lograr fortaleza mental se necesita experiencia. Cada vez vas a querer subir más y más y sí, da miedo, pero los años te van enseñando a respetar ese miedo y a convivir con él.

¿Qué significa para usted la cumbre de una montaña?
Es un lugar hermoso que pocas personas pueden llegar a pisar y mucho menos llegar a entender; pero tampoco lo es todo. Como dijo alguna vez un gran escalador: “La cumbre es como la cereza de pastel, pero si ya te comiste todo el pastel no te vas a poner a llorar porque no te comiste la cereza”.

¿Cómo está el apoyo en el país para las personas que hacen montañismo?
La verdad, no hay. Intentamos buscar apoyo estatal y empresarial, pero nadie cree en esto. A nadie le interesa. Espero que lo que fuimos a hacer a Bolivia sirva para motivar la ayuda en Colombia porque Breathing New Life necesita manos amigas, no bolivianas o italianas, sino manos colombianas, nuestras.

¿Y en el tema de turismo de inclusión?
Menos. Estamos en cero, por lo menos en comparación con Bolivia. Allá están trabajando muy fuerte para que todos tengan acceso al turismo de su país y lo vivan. Además, están adecuando las ciudades para que sean aptas para todos, están instalando semáforos especiales, líneas continuas para bastones, rampas, baños.
En Colombia necesitamos inclusión no solo para las personas con alguna discapacidad, sino para todos: ancianos, niños, personas de bajos recursos.  Para dar a conocer el país en el  mundo entero por su turismo, primero hay que empezar por los que viven en él.

¿Cuál es su mayor aspiración como  montañista-escalador?
Las siete cimas del mundo. Cada continente tiene un lugar más alto y a cada uno vamos a ir. Breathing New Life va a lograrlo para demostrar que nada es imposible. Pisaremos cumbres en Alaska, Argentina y Australia, hasta llegar a la más alta del planeta: El Everest.

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