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Lunes 31 de Julio de 2017 - 10:48 AM

Encontré a mi mamá biológica en las calles de Bucaramanga

Marie Ducasse fue dada en adopción a una familia francesa a los seis meses. 21 años después volvió a la capital santandereana para encontrar sus raíces y a quien la tuvo en su vientre nueve meses, pero no se quedó con ella.
Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL
Encontré a mi mamá biológica en las calles de Bucaramanga
(Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)

3 de diciembre de 1995, hospital local de Piedecuesta. Una bebé en estado de malnutrición acaba de nacer y es entregada al Instituto de Bienestar Familiar, Icbf, en Bucaramanga. Su nombre: Maria Fernanda Saavedra. La madre: una habitante de calle con problemas psiquiátricos.

21 de julio de 2017. Asilo Casa Mayor de Bucaramanga. “Yo me llamo Marie Ducasse. Tengo doble nacionalidad: francesa y colombiana. Hace 21 años, cuando apenas tenía seis meses, fui adoptada por una familia francesa. Gilbert y Marie Claude Ducasse son mis padres. Desde que tenía 18 años deseé encontrar a mi madre biológica. Este mes de julio vine con mis padres para intentar hacer mi sueño realidad”.

Los antecedentes

Hagetmau, Sur de Francia. Marie Ducasse acaba de cumplir 18 años y pidió a sus padres dos cosas: la doble nacionalidad, y viajar hasta Colombia para conocer su historia y encontrar a su mamá biológica. Desde que tiene uso de razón sabe que fue dada en adopción y que sus raíces son colombianas.

Tiene en sus manos una carpeta de casi 100 hojas que fue entregada por el Icbf a sus padres adoptivos una vez pasó a ser su hija. Aparecen detallados día a día sus primeros seis meses: su nacimiento en el hospital de Piedecuesta, su cuadro de desnutrición, la madre sustituta que le asignó esa institución mientras alguna familia la adoptaba, su proceso de adopción y el nombre de su progenitora: María Inés Saavedra Suárez.

Nada más. Ninguna foto, dirección, cédula, referencia o contacto. ¿Por dónde empezar? ¿A dónde ir? ¿A quién acudir?, se preguntó en ese momento y casi todos los días durante los tres años siguientes.

Hizo contacto con el Icbf, el consulado y la asociación por medio de la cual sus padres adoptivos la conocieron. Nada. Nadie sabía nada.

-Je veuxaller en Colombie (Quiero ir a Colombia), le dijo Marie a sus padres en mayo de este año.

A principios de julio estaban los tres, mamá, papá e hija, en la oficina del Icbf en Bogotá preguntando por Maria Inés Saavedra. Pensaron que si preguntaban en persona iba a ser más fácil que les dieran información, pero no.

Les repitieron lo mismo que le habían dicho a la joven francesa cuando llamó: No hay rastro en la institución de ella.

El siguiente paso: Bucaramanga.

La búsqueda

Cuando Gilbert Ducasse y Marie Claude Ducasse estuvieron en Bucaramanga hace 21 años haciendo todos los trámites para adoptar a, en ese entonces, María Fernanda Saavedra, conocieron a Albeiro Vargas Romero.  

Tenía 16 años y era conocido como “El ángel del Norte”, gracias a su labor en pro de los ancianos más necesitados a través de su fundación Albeiro Vargas y Ángeles Custodios. Se conocieron, charlaron y se entabló una pequeña amistad.

“Quién iba a pensar que tiempo después él se convertiría en nuestro ángel en este camino”, menciona el padre de Marie, mientras relata que una vez llegaron a la capital santandereana lo buscaron y juntos empezaron a investigar.

La primera pista apareció en el Hospital de Piedecuesta: María Inés llegó a dar a luz en condición de habitante de calle con problemas psiquiátricos, por lo que probablemente había pasado por el Hospital Psiquiátrico San Camilo en algún momento.

Y así fue, su nombre figuraba en una historia clínica, pero además de su cuadro psicológico no había más información. Estuvo ahí un tiempo y luego se fugó.
Estaban en cero nuevamente, pero unos días después llegó la pista más valiosa.

“Decidimos visitar hogares y fundaciones, porque quizás Inés había estado en alguna. Fuimos a varios lados sin tener éxito, hasta que en el Hogar Jesús de Nazareth nos proporcionaron una foto antigua y el apodo con el que todos la conocían: ‘Bella’. Ya teníamos al menos un rostro”, cuenta Vargas Romero.

A partir de ese momento se dieron cuenta de que no podían solos y decidieron acudir a la Alcaldía, la Policía, los medios de comunicación y cualquier persona que pudiera tener contacto con habitantes de calle o hacer eco de la búsqueda a través de la foto. Empezaron a llegar los rumores: “La vimos en el Malecón de Girón”, “se la pasaba en Campo Hermoso”, “por el centro de la ciudad dormía”, “pasó por el  parque de los niños hace media hora”.

Iban de aquí  para allá, de un lado a otro, pero cada vez que estaban cerca, parecía que ‘Bella’ se escondía.

18 de julio al mediodía. 15 días de búsqueda. La policía estaba patrullando en el Parque Santander y vio a ‘Bella’. Muy distinta a la foto, con muchos años más encima, más arrugas y una capa de suciedad que la cubría. Pero era ella.

El encuentro

María Inés Saavedra tiene un conjunto de falda y pantalón azul, el pelo cortado, las uñas arregladas y huele a loción. Tiene 55 años y ha pasado más de 25 en la calle. Habla en tercera persona:

-¿Cómo se siente María Inés?, le pregunta Albeiro.

-Está feliz, está contenta, responde.

-¿Le gusta su nueva ropa?

- A ella le parece bonita, está elegante. ¿Usted está contento?, contrapregunta.

No sabe por qué está ahí, ni por qué la arreglaron, ni a quién está esperando. Desde que fue atacada con escopolamina a los 18 años, su salud mental quedó gravemente afectada y los recuerdos que tiene son muy pocos.  De vez en cuando hace referencia a Mogotes, lugar donde nació y pregunta por Tránsito, su madre.  

Está esperando a su hija María Fernanda, ahora Marie Ducasse. La joven ya sabe que su mamá apareció, pero no la ha visto porque un psicólogo amigo recomendó que el encuentro se diera cuando  María Inés estuviera en condiciones más presentables, para evitar un choque emocional más fuerte.

La joven francesa  entra a la sala de una de las sedes de la Fundación Ángeles Custodios con un ramo de flores. Se le escapa una lágrima, pero ‘Bella’ no se inmuta.

-Párese ‘Bella’, que ella le quiere dar un abrazo. Abrácela fuerte.  Dele la manita, ella es su hija, María Fernanda, le dice Albeiro.
María Inés la abraza fuerte y la mira todo el tiempo, desconcertada. No tiene idea quién es y tampoco entiende una palabra del francés que escucha.

-Bonita, ta’ bonita. ¿Está contenta?, es lo único que dice.

Sin embargo, en sus ojos hay un brillo maternal que la empuja a abrazar a su hija todo el tiempo. Y Marie, entre lágrimas, sonrisas y muchas preguntas que es imposible que su progenitora le responda, dada su situación, mira a sus papás y les dice “gracias”.

La despedida

21 de julio de 2017. Asilo Casa Mayor de Bucaramanga. Gilbert y Marie Claude Ducasse ofrecen  una comida en agradecimiento a todas las personas que colaboraron con la búsqueda de Maria Inés.

El salón está lleno y Marie Ducasse está algo molesta y confundida. Acaban de llegar a la cena hermanas y familiares de su mamá biológica. La quieren saludar y abrazar, y ella le pregunta a su padre por qué hasta ahora aparecen y  por qué no  buscaron a su mamá antes.

-Tratamos de hacerlo, pero eran tiempos difíciles y no contábamos con los recursos para ayudarla. Ella necesitaba muchos cuidados, responde Ofelia Saavedra, una de las hermanas de ‘Bella’ que vive hace varios años en San Gil, y que tan pronto se enteró de la noticia reunió a los familiares que pudo para ir al encuentro.

-¿Ahora que encontraron a su hermana, alguna de ustedes quiere cuidarla?

-No, es muy difícil para nosotros, asegura.

Marie no termina de entender, pero es su último día en Bucaramanga y no quiere perder tiempo en esas cosas. Su mamá va a estar al cuidado de Albeiro, quien le prometió que no dejará que vuelva a la calle. Ella volverá tan pronto como pueda, pues tiene que continuar sus estudios en Francia.

Después de la comida y todas las fotos que le pidieron sus nuevas tías y primos, se para de la mesa con dos hojas en la mano, pasa al frente y lee:

“Yo me llamo Marie Ducasse. Tengo la doble nacionalidad: francesa y colombiana… Desde que tenía 18 años deseé encontrar a mi madre biológica. Este mes de julio vine con mis padres para intentar hacer mi sueño realidad”… Y lo hizo.

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