Miércoles 17 de Enero de 2018 - 04:33 PM

Un refugio de amor felino en Bucaramanga

El amor por los animales llevó a una pareja de esposos a crear un refugio para gatos en un lote ubicado en la vía Chimitá. El lugar es propiedad de la Cdmb y dentro de poco deberán desalojarlo. Así como en otros sitios de la ciudad donde la proliferación y el abandono de animales es alarmante, para ellos tampoco hay solución.
César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL
Un refugio de amor felino en Bucaramanga
(Foto: César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL)

En el segundo retorno de la prolongación de la calle 45 que comunica el barrio Campo Hermoso con el municipio de Girón, sobre el andén, hay más de 15 gatos. Algunos se salen a la vía y otros solo toman el sol con las patas hacia arriba o de costado. Cuando pasan carros, los más nerviosos salen disparados hacia el lote que queda justo al lado del andén y los más osados solo se corren un poco.

Lo único que los hace olvidar su baño de sol son dos sonidos: el ruido que hace el carrito del mercado donde vienen los tarros con comida y agua o el “chuc, chuc, chuc” que la persona que conduce  ese carrito  les lanza. En total, en ese lote hay más de 150 gatos, hembras y machos, que han llegado allí porque han sido abandonados.

El predio es propiedad de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb), no de los cuidadores. Además es una zona protegida, por lo que la colonia de felinos puede quedarse sin hogar.

“Los Tabaqueros”

A los gatos que habitan la  parte más baja del lote  los bautizaron como ‘Los Tabaqueros’, porque según las malas lenguas ahí cerca había quien leyera el tabaco y las cartas años atrás. Ahora los 20 gatos  que viven allí cargan con el estigma, a pesar de tener nombre propio.

Misael Pabón Salazar y su esposa Zenith Guevara  salen de su apartamento en La Inmaculada, justo en frente de Centroabastos, antes de las ocho de la mañana y caminan hasta el lote, más o menos 10 cuadras. Todos los días.

La primera parada es casi llegando al retorno de la calle 45. A un lado del andén hay una entrada que conduce a un lote abandonado y desde que la pareja de esposos pone un pie en el pastal, los felinos empiezan a salir.

—Ahí viene Pirry, ese es el que manda la parada aquí en este grupo. Ese no le tiene miedo a nada, a todo se le mide, como el periodista —va contando Misael—. Mire, ya salió andariego-correcaminos. Mucho andar ese animal.  

Después de caminar unos metros, con algunos de los felinos acompañando el camino, se llega a un punto de encuentro donde empieza la repartija de concentrado, huesos y agua.  

Después del primer round de comida viene el segundo. Hay que ir a la parte alta del lote y visitar “El Palacio del Q’hubo”, donde hay otros 40 gatos y  donde todo empezó.

El inicio del refugio

Un día, hace más o menos dos años, mientras Misael y Zenith caminaban por la calle 45 en dirección a su casa, vieron varios gatos sobre la vía. Unos días después, haciendo el mismo recorrido, se dieron cuenta que el número de felinos era el doble y entonces no pudieron hacerse los de la vista gorda. No podían llevarlos a su apartamento porque eran muchos, pero se les ocurrió la idea de alimentarlos en el lote que quedaba al lado de la vía, mientras tanto. De eso ya han pasado dos años; y de los 10 o 15 gatos que había, ya van 150.

Hoy, con la ayuda de Alejandro Sotomonte Niño, médico veterinario, y una que otra persona que ha colaborado, el lugar es un rancho de madera, bolsas y tablas, separado por compartimientos, como si fueran ‘apartamentos gatunos’, que se convirtió en el hogar de esta colonia de felinos.
La gran mayoría están esterilizados, los que llegaron enfermos han sido curados y los que aún lo están, tienen medicinas.

Una vez oyen el sonido del carro del mercado y las voces de los esposos, los gatos salen en manada y maullan de la felicidad.

Se forma entonces una fila de lado a lado y como cualquier comensal esperan ansiosos el revoltijo de sobras que Misael recoge todos los días en un restaurante y luego un plato de concentrado para cada uno.

Mientras ellos comen, Misael y Zenith hacen una limpieza rápida,  dejan reservas de agua bien guardadas por si algún día no pueden llevar todos los tarros y alistan remedios para los que los necesitan.

A Candela, que llegó con una quemadura grado tres, le untan vaselina en la herida que ya está sanando y a los más pequeños les aplican gotas en los ojos para tratar una conjuntivitis.

—Vea ese que está ahí, ¿si ve que todos lo siguen?  Yo le digo Cano, como el comandante de las Farc. Todos le hacen caso —expresa Misael mientras muestra un gato gris, grande y gordo.

—Pero, siendo ustedes desplazados por esa guerrilla, ¿por qué la evocan en el gato?

—Ay sumercé, uno tiene que perdonar y más bien agradecer. No estaríamos acá, ayudando a estos seres si pensáramos en todo lo que perdimos —agrega la señora de la casa.

Una vez terminada la comilona, los dos adultos se despiden: “Chao Zorro, chao Médico, chao Perla, chao Mandingas, chao Cano...”, así con todos.

Zona de preservación

Misael, Zenith y el doctor Alejandro  ya han sido avisados. En el lote no pueden estar y tienen que desarmar sus ‘cambuches’ pues el predio es una zona de recuperación  para la preservación  y mantenimiento de áreas forestales y tanto las estructuras que han montado como los felinos ponen en riesgo la fauna existente y alteran el equilibrio de la biodiversidad.

Además, según la Cdmb los gatos también están en peligro, pues deambulan por la vía y pueden ser atropellados. Sumado a eso, las quejas de vecinos del sector por olores, ruidos (maullidos y peleas) han generado algunas amenazas de muerte hacia los felinos.

La Corporación les dio un ultimátum y les dijo que a finales del año que pasó deberían desmontar y reubicar los animales en un mejor lugar con el acompañamiento de la Alcaldía de Bucaramanga.  

Sin embargo, en vista de que no hay un sitio adecuado para ellos, pues el Centro de Bienestar Animal que prometió el alcalde Rodolfo Hernández en campaña no se ha construido y las fundaciones que cuidan de ellos ya no dan abasto, la única solución sería dejarlos en la calle, por lo que la Cdmb les dio un plazo de poco más de un año mientras se construye el Centro de Bienestar Animal.

Esa edificación, que está en planes desde que Hernández asumió el mandato de la ciudad, no ha tenido muchos avances. No obstante, el subsecretario de Interior Ludwing Mantilla dijo que ya está el lote para la construcción y que están a la espera de los permisos que requiere, como agua y otros servicios. Según Mantilla, la idea es que este año inicie la construcción.

—Ellos acá están bien, son libres, gordos y felices,  si se los van a llevar a otro lado a encerrarlos que mejor dejen tanta cosa y nos los dejen acá. Que me escrituren esto a mí para seguirlos cuidando, o ¿sabe qué? que se lo escrituren al gato Cano, ese si pone esto en su lugar —dice  Misael medio en serio, medio en chiste.

Un problema de salud pública

En el refugio de Misael y Zenith es constante que abandonen gatos a la espera de que ellos los rescaten. En ocasiones han dejado camadas de recién nacidos y felinos a punto de morir.

Esa situación no solo la tienen que vivir ellos.  El parque Los Guayacanes, en el barrio Mutis, es ahora conocido como el parque de los gatos, pues se convirtió en el lugar favorito de los bumangueses para abandonar estos animales. Lo mismo sucede en el Estadio Alfonso López.
Sumado a eso, las Fundaciones conocidas en Bucaramanga por llevar a cabo esa labor, como Doña Felisa, Fundación Perro Calle y Amor de Cuatro Patas, ya no cuentan con espacio para más animales.

Los vecinos de estos sectores se quejan constantemente, no solo por los olores y ruido, sino por las enfermedades que esto pueda traer. Al respecto, Dairo Muñoz Rodríguez, médico veterinario y coordinador del Centro de Zoonosis del Municipio, explicó que si bien aún no se tiene un albergue municipal para controlar esto, sí se han venido haciendo trabajos de esterilización y vacunación y que por ahora no hay reportes de enfermedades transmitidas a los bumangueses.

“El año pasado en vacunación hicimos en Bucaramanga 28.788 animales, contra el virus de la rabia, en 41 jornadas de vacunación. En cuanto a las esterilizaciones se hicieron en 1.078 animales. Este año se quiere superar la meta, la idea es hacer 5.000 cirugías, pero como mínimo”, afirmó.

A pesar de estas iniciativas, en la ciudad, por lo menos a simple vista, la proliferación de gatos y perros ha ido en aumento, hay sitios que no dan abasto con los animales y la solución no se ve tan cerca.

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