Lunes 05 de Marzo de 2018 - 09:05 AM

“Los hombres también tenemos que hablar de abuso sexual”

Cuando la mamá de Diego Ruiz denunció ante las autoridades que su hijo había sido abusado, le dijeron que se abstuviera de seguir con el proceso porque sería la reputación de su hijo, no la del violador, la que se destruiría. Diego Ruiz, quien transformó el abuso sexual que sufrió de niño en una lucha por los derechos humanos, hoy está listo para contar su historia.
César Flórez /Vanguardia Liberal
Diego Ruiz trabaja desde hace más de una década con la población transgénero y Lgbt de Bucaramanga. Explica que es momento de prestar atención al abuso sexual infantil, que ocurre en silencio, a puerta cerrada, con el beneplácito, en ocasiones, de las autoridades responsables de cuidado y bienestar de niños y niñas.
(Foto: César Flórez /Vanguardia Liberal)

Tenía 12 años y confiaba en su vecino. El hombre que abuso sexualmente de él. Años después supo que no había sido el único, que 'Pablo' era un hombre acostumbrado a obtener a costa de golpes y amenazas el silencio de sus víctimas. Y ellas, en su dolor, creían que serían culpadas por lo que les había sucedido.
Diego Ruiz tiene el brazo izquierdo lleno de pequeñas cortadas que ahora son apenas líneas grisáceas. Sin embargo, no fallan en recordarle el infierno que vivió en 1992.

Antes de comenzar a hablar de lo que sucedió, Diego duda. La mayoría de las víctimas lo hacen porque saben que se verán expuestos a un escrutinio sobre su vida y, por ende, sobre sus familias. Pone de manifiesto el caso de la periodista Claudia Morales, quien recibió todo tipo de críticas por no nombrar a su violador.
Como si estuvieran conectados por cables invisibles, su mamá lo llama. Él le explica que hablará de lo que le hizo 'Pablo'. Ella le dice que está de acuerdo, que lo haga, que lo importante es que él se sienta bien.

Ha tenido atragantado este episodio doloroso desde hace mucho tiempo y hoy quiere dar voz a los hombres que también han sido víctimas de abuso sexual.
A pesar del respaldo, sigue con la duda. No quiere que su testimonio sea usado para cuestionar su orientación sexual, que no está relacionada con el abuso que sufrió durante varios meses. Finalmente, se decide.

El asedio

‘Pablo' lo buscaba cuando llegaba del colegio. No lo dejaba en paz. Para los demás, solo lo cuidaba mientras su mamá se organizaba para trabajar y dejar a su esposo, un hombre distante de las responsabilidades familiares, según explica Diego. Y en medio de ese cuidado, ‘Pablo’ empezó a tocarlo. Lo atraía cuando estaba vulnerable y luego, tras haber ganado su confianza bajo distintas estrategias, lo violaba. Diego guardó silencio público durante muchos años.

“Los violadores no son como se piensa. Se muestran como personas buenas, hacen hasta cosas altruistas. Pero son calculadores. Ofrecen dulces para que los niños se dejen tocar o para que les toquen partes del cuerpo a ellos. Aunque uno luche o se resista, ellos lo saben hacer”, cuenta Diego.

El reconocido siquiatra Camilo Umaña explica: “Hay que reconocer que el termino ‘abuso sexual’ enmarca un abanico de posibilidades que van desde frases, insinuaciones, caricias, tocamientos, hasta el extremo del acceso carnal”.

¿Por qué hacer esta aclaración?

“Porque dependiendo de la edad y del grado de repetición del hecho y la intensidad de la acción tendrá repercusiones en la víctima”, señala Umaña.
Luego de un tiempo, Diego empezó a mostrar los indicios de abuso que sufren los niños.

A los varones les cuesta tanto como a las niñas, y tal vez, más. Tatiana Cordero, sicóloga de la Fundación Mujer y Futuro explica: “Es  complicado que un hombre hable del tema de abuso, porque para ellos la sexualidad siempre ha sido considerada sinónimo de orgullo. Al ser víctimas sienten que su hombría puede ser juzgada y señalada, en otras palabras, sentirse menos hombres de acuerdo con los imaginarios cognitivos que tienen sobre el significado de ser hombre”.

Cordero agrega que “afecta la dimensión emocional especialmente la autoestima, el autoconcepto  y asimismo un miedo persistente a que las personas se enteren del suceso y esto distorsione la percepción que tienen sobre ellos”.

La mamá de Diego lo llevó al siquiatra y allí la familia conoció el horror que vivía. Ella le preguntó por qué no había dicho nada: los niños sienten vergüenza y miedo.

Umaña señala que las consecuencias del abuso sexual en niños y niñas son “el desarrollo de conducta sexualizada, generación de un trastorno de estrés postraumático, trastornos depresivos y ansiosos, dificultades en la socialización o en el rendimiento académico y hay estudios que muestran conductas sexuales agresivas”.

El experto explica que “los niños desarrollan más comportamientos agresivos y dificultades de socialización y las niñas reacciones depresivas y ansiosas. Pero hay estudios que no logran segregar este tipo de síntomas por género”.

Umaña indica: “Lo que sí está claramente establecido y los estudios son sólidos en demostrar a largo plazo la presencia de insatisfacción sexual, mayor riesgo de victimización, presencia de ideación de suicidio, mayor frecuencia de depresión, estrés postraumático, trastorno de personalidad inestable y desarrollo de personalidad antisocial, además de mayor consumo de alcohol y drogas de abuso”.

La complicidad y el juicio

Su mamá denunció ante las autoridades el abuso que su hijo sufría. Se siguió el procedimiento del caso con las autoridades, pero antes de continuar con el proceso, en uno de los entes encargados le advirtieron que lo mejor sería que no continuara: la gente pensaría que de alguna manera Diego, con 12 años, tuvo la culpa de lo que le sucedió y su reputación se vería marcada.

Curiosamente, la de su violador permaneció incólume por varios años más.

“Los abusadores de niños varones no son en su mayoría homosexuales, como se cree. 'Pablo' era un tipo casado, con hijos, aparentemente el hombre modelo. Y todo el mundo lo siguió creyendo hasta que lo mataron”, indica Diego.

El 13 de febrero de 1994, Diego intentó suicidarse con antidepresivos. Por suerte, sobrevivió sin sufrir daño neuronal. Su mamá, incapaz de soportar ver al violador caminar campante frente a su hijo, vendió la casa y se fueron del barrio.

Diego y su mamá siguieron adelante, pero hoy reconoce que si las mujeres temen denunciar los abusos que han sufrido, los hombres mucho más.
“Se piensa que los niños varones que han sido violados se van a convertir en homosexuales, como si fuera un hecho placentero el ser violado y maltratado. En mi caso, durante casi 20 años, sentí que lo que pasó era culpa mía. Y así lo sienten muchos de los niños”.

La iniciativa internacional ‘1in6.org’, que atiende casos de hombres abusados sexualmente, explica que este es un mito: la orientación sexual no está directamente relacionada con el abuso sexual. Sin embargo, sí provoca confusión y violencia sobre su sexualidad.

En su momento, 'Pablo' amenazó a Diego para que no hablara: “Nadie le va a creer”, “si usted habla, lo mato o mato a su mamá”, relata Diego.

El hastag que fue tendencia en Twitter ‘#YolecreoaClaudia’, es suficiente para demostrar que los temores de las víctimas tienen razón de ser.
Las mujeres que hoy se atreven a hablar de la violencia sexual, física y emocional, a la que son sometidas saben que tendrán que soportar críticas. Y los hombres también son víctimas de este sistema que juzga a quien sufre y no al victimario.

También son abusados, en su mayoría, por otros hombres que ejercen también sobre ellos el poder de silenciarlos. Y además, verán cuestionada su orientación sexual.

Juliana Martínez, profesora de la American University, Washington, DC, coordinadora de proyectos de Sentiido.com y experta en temas de género, explica: “La principal razón por la cual las personas no denuncian el acoso o el abuso sexual es porque son revictimizadas. Es decir que el rechazo y la responsabilidad recaen sobre ellas y no sobre el acosador/abusador”.

La experta se pregunta: “¿Cómo les vamos a pedir a las personas que tengan la valentía de denunciar cuando existe una impunidad de cerca del 98% por los crímenes de violencia sexual, y, en la mayoría de los casos, los abusadores son familiares o conocidos con poder e influencia sobre la vida (profesional y cotidiana) de las víctimas?”. Diego es activista por la defensa de los derechos humanos y está acostumbrado a hablar por el dolor de otros. Pero esta es la primera vez que se enfrenta al suyo propio. Teme por lo que pueda sentir su mamá al verlo hablar en público sobre lo que pasó.
En el 2007, los paramilitares asesinaron a 'Pablo', pero esta revancha no disuade a otros abusadores.

Umaña señala que “la recuperación se asocia a mayor apoyo parental, menor frecuencia de eventos negativos en el futuro, desarrollar habilidades para reconocer potenciales peligros, red de apoyo, entrenamiento en el manejo de las emociones, y capacidad de proyectos de vida en el cual se pueda alejar del potencial abusador”. Hoy, Diego da el primer paso para sanar su dolor. Camina por el Parque De Los Niños y por fin, es libre.

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