Sábado 01 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Todo un barrio en Bucaramanga lleva 11 años ‘cruzando’ sobre el peligro

Un tubo que transporta aguas negras se convirtió en el ‘puente’ que conecta, en corto tiempo, a dos zonas del Norte de Bucaramanga. Pese al peligro que representa, es un paso que toman varios estudiantes de un colegio del sector y quienes intentan acceder al transporte público. La Alcaldía de Bucaramanga respondió a la denuncia.
Milton Velosa /VANGUARDIA LIBERAL
El tubo que es usado como ‘puente’ improvisado tiene unos 25 metros de largo y 12 pulgadas de diámetro. Los habitantes aseguran que tardan unos tres minutos en cruzar este peligroso trayecto.
(Foto: Milton Velosa /VANGUARDIA LIBERAL)

La vida de cerca de 300 personas del barrio Claveriano y el sector de La Cemento, en el norte de Bucaramanga, es todo un acto de equilibrio. ¿La razón? Un conducto de aguas negras se convirtió desde hace 11 años en un improvisado y peligroso puente.

Este tubo, de cerca de 12 pulgadas de diámetro y 25 metros de largo, se instaló a una altura de seis metros sobre las aguas del río Suratá. Esta pequeña estructura fue acondicionada por la comunidad para cruzar de un lado a otro, ante la falta de un puente peatonal.

Abraham Vargas, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Claveriano, recordó que en el 2001 se construyó este canal para sacar las aguas negras del barrio Colorados. “Instalaron el tubo y lo apoyaron sobre una estructura de metal, que semeja unas barandas. Desde entonces la gente comenzó a transitar por aquí a pesar del peligro…”.

El líder cívico explicó que cruzar el puente tarda unos tres minutos en promedio. Si se quiere recorrer el camino de salida del sector, el trayecto dura unos 40 minutos y es necesario cruzar la vía que conduce hacia la Costa Atlántica, por un corredor con escasos accesos peatonales.

El paso para comer, estudiar o tomar transporte

Tal y como lo hizo Charles Blondin en 1859, un acróbata francés que se atrevió a cruzar las cataratas del Niágara sobre una cuerda, estudiantes, padres de familia, adultos mayores o quienes necesiten desplazarse del Claveriano a La Cemento se sujetan de las barandas, algunas oxidadas, que sostienen al tubo.

Uno de estos osados ‘equilibristas’ es Nelson Valderrama, un habitante de una finca en La Cemento, que con sus chanclas de caucho y un bolso tejido y terciado en el hombro, debe cruzar, al menos dos veces por la estructura para llevar comida a su casa. “Paso todos los días a comprar lo del desayuno y el almuerzo. Nos hace falta un puente…”.

Habitantes del barrio aseguran a Vanguardia Liberal que “pasar por el tubo es un mal necesario, pero es una forma fácil de llegar a la carretera central y tomar un transporte. Por allí pasa el bus que va a Piedecuesta, Girón y el centro de Bucaramanga…”.

Desde las 6:00 a.m. el tubo también se convierte en un acceso de estudiantes hacia el Colegio Fe y Alegría, construido en 2011 y que es una de las alternativas de educación para los habitantes de este vulnerable sector. Los más pequeños cruzan de la mano de sus madres y los demás, hábilmente cruzan hasta corriendo los 25 metros para llegar a tiempo a estudiar.

Una vendedora de tintos, un arenero, un niño y hasta borrachos se cuentan entre los que cayeron a las contaminadas aguas del Suratá y sufrieron lesiones al quedar ‘literalmente’, colgando del tubo.

Entre los que sobrevivieron para ‘contar el cuento’ están Martha Villafrade, una comerciante de bebidas calientes, quien narró como “hace dos años, en 2016, salí de mi casa del Claveriano y agarré el carrito (de tintos). Estaba apurada y no le dije a mi hijo que me ayudara. Me subí al puente, intenté cruzar y caí al río...”.

La comerciante de 50 años afirmó que “se me partió todo, menos mal que no fueron los huesos sino los termos, el carrito, todo con lo que trabajaba. Me llevaron para el hospital y sólo tuve raspones. Gracias a Dios que no me pasó nada…”.

El presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Claveriano, Abraham Vargas, dijo que a pesar de los accidentes, a la fecha no ha sucedido nada grave. “Sin embargo, si el río está crecido y un niño cae, seguro se lo lleva. Es un paso peligroso…”.

Vargas propuso que “como ya están las barandas y el hierro está bueno, instalar unas tablas sobre el tubo para protegerlo y que las personas puedan pasar de manera segura. Sólo hace falta taladrar algunas de las varillas, instalar tornillos y colocar las tablas”.

El jefe de Gobernanza de la Alcaldía de Bucaramanga, Manuel Azuero, enfatizó en que “efectivamente, los habitantes de la zona cruzan el río a través de un tubo que no ofrece las más elementales condiciones de seguridad, pero eso lo vamos a resolver”.

Aunque no se especificó el lugar exacto en el que se construiría el puente elevado, si se sabe que se están definiendo los diseños para evitar de manera definitiva que la vida de estas personas siga ‘colgando de un tubo’.

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