Miércoles 21 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

Años que se niegan a quedar en el olvido

Por medio siglo, el Centro de Bienestar del Anciano ha esperado que el ‘milagro’ llegue para arreglar sus deterioradas instalaciones. El corazón generoso de muchas personas permite que día a día los 100 abuelitos que allí conviven alimenten la esperanza de ver un mañana.
Archivo / VANGUARDIA LIBERAL
Años que se niegan a quedar en el olvido
(Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)

aforero@vanguardia.com

Un extenso pasillo desde donde empiezan a tomar forma unos trinitarios es la entrada al encuentro con un centenar de abuelos. Están allí porque la vida los olvidó, porque los años ya no les permiten ni levantarse solos o porque no tienen para donde ir; están allí porque sí.

El Centro de Bienestar del Anciano está a un costado del cementerio Central de Bucaramanga. La tradicional fachada no deja imaginar la profundidad y fragilidad del lugar, tampoco las historias que se han vivido y contado allí entre quienes todos los días lidian con el peso de la vida.

En alguna silla o en el borde de una jardinera van apareciendo uno a uno los abuelitos. Se ven tan iguales, pero no es así. Aparece una sonrisa, una mano torcida que me quiere estrechar, unos ojos que me ignoran, un rostro que pide una mirada dulce, una voz débil que da un buenos días...

También aparecen las sillas, las mecedoras y las sillas de ruedas que cobijan sus frágiles cuerpos.

La mayoría tiene demencia senil, Alzheimer o esquizofrenia, pero así conviven unos con otros todos los días. Pareciera que para muchos la espera de no se sabe qué termina cada vez que suena la campana que anuncia la hora de comer.

Por años allí funcionó el Hospital San Juan de Dios y desde hace casi medio siglo se instaló La Casa del Mendigo que, con los años, le dio paso al Centro de Bienestar del Anciano. El inmueble es de la Gobernación de Santander y fue entregado en comodato a esta institución. Y aunque no se paga arriendo, los recibos de los servicios públicos llegan puntuales y así hay que pagarlos.

Por eso allí hay personajes como Doris, la menor del grupo. Tiene 52 años, pero llegó a los 12 a La Casa del Mendigo. Algunos también llegaron hace 40 o 30 años. “Los recogían de la calle y los traían acá; los dejaron y la familia nunca volvió”, relata Emilce Méndez Ortiz, su directora.

De quienes se tiene contacto con familiares, ellos aseguran que no los pueden tener en la casa por su condición psicológica y no hay quien los cuide. “El problema es que vienen y los dejan acá y nunca más vuelven. Los que han llegado más recientemente, uno llama a los familiares y les dice que los lleven al médico, pero dicen que no tienen tiempo”.

Sin duda, día a día el Centro de Bienestar del Anciano se sostiene de milagros, de aquellos que solo hacen realidad los corazones llenos de bondad y solidaridad.

Esta es una de las cinco instituciones que participa en la campaña “Bucaramanga sin límites”, que lidera Vanguardia Liberal y un grupo de empresas aliadas, la cual busca beneficiarse con hasta $25 millones que entrega esta campaña para atender una de sus muchas necesidades: arreglar el techo, el cielo raso y las ventanas, por donde nunca ha pasado un mantenimiento, pero sí la lluvia, la humedad y el deterioro que trae los años. Los milagros, sin duda, no han tocado esta parte de la institución.

Como su hogar

Desde hace 15 meses, el Centro de Bienestar del Anciano es liderado por la psicóloga Emilce Méndez Ortiz, quien lleva media vida dedicada al servicio social en diferentes clínicas e instituciones. Por eso, cuando Emilce habla del Centro de Bienestar habla de su hogar. Los abuelitos, sin duda, son la familia que ella un día, hace muchos años, le pidió a Dios.

Esta psicóloga expresa que allá llegó con una misión especial. “Una de mis tareas es que coman bien, duerman bien, que tengan salud, aunque muchos ya la perdieron, y que se vistan bonitos... nada de ropa negra ni café porque se ven tristes”, dice con la jovialidad que siempre la acompaña.

Por ser esta una institución de carácter mixto recibe recursos de la estampilla proanciano. Y aunque la ayuda es un salvavidas para seguir en pie, este dinero solo cubre el 20% de los gastos mensuales representados en pago de nómina de 17 empleados y servicios públicos, que suman unos $7 millones.

Por eso, lo primero que hizo Emilce fue tocar puertas para conseguir ‘el pan nuestro de cada día’. “En Centroabastos hay gente muy buena, yo les agradezco enormemente, porque vamos una vez por semana y nos dan frutas y vegetales, todo sano”.

Y si se trata de pedir, toda iniciativa es bienvenida. “Nosotros ponemos avisos por toda la casa de lo que vamos necesitando. La gente va pasando y trae. Tenemos marranitos y ahora estamos ideando el plan padrino, que busca aportes mensuales desde $20 mil para apoyar un adulto mayor”.

Venta de mute, amigos del alma, familiares, amigos del amigo y campañas como esta se convierten a lo largo de los 365 días del año en la esperanza para hacer de cada día para los 100 abuelitos internos y los 40 externos que reciben alimento a diario, el que puede ser el mejor de sus vidas.

“Esto es un pedacito de cielo para mí; lo económico en la vida va llegando. En parte, lo que yo quería tener era esta casa con los abuelitos, poderlos ayudar, hacer parte de la historia de ellos y que si algún día Dios me dice: qué hizo Emilce, yo le diga: ayudar a 140 abuelitos”.

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