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Viernes 11 de Agosto de 2017 - 11:50 AM

Ella es la 'Señora de los Gatos' de Bucaramanga

Janeth Beltrán tiene 45 gatos y cuatro perros. No tiene el valor de echarlos a la calle, aunque comprende que son muchos. Los matiene bien, espera que algunos puedan ser adoptados. Lucha por ellos. Valora sus vidas. Esta es su historia.

La noche cayó muy rápido el pasado primero de agosto. Janeth cuenta su historia en medio de la oscuridad, de los maullidos de sus 45 gatos, de los ladridos amistosos de sus cuatro perros.

Huele ligeramente a orín felino, pero desde el patio descubierto de su casa en Campo Hermoso se puede ver el cielo despejado y la luna llena. Janeth es delgada, enérgica. Y lo tiene todo bajo control. Sabe dónde darles la porción de comida nocturna a los gatos y perros que ha recogido, que se colaron en su casa o que le dejaron botados frente a su puerta.  

Una joven universitaria le ha llevado casi un bulto de comida. Janeth los organiza y les da de comer a algunos en el piso y a otros en tazas, porque están ciegos. La única que se rebela es una canina recién llegada, Luna. Vivía amarrada, encerrada en un cuarto sin luz ni comida. Algunos animalistas rogaron para que les fuera entregada. No pasó. La policía ambiental tampoco pudo rescatarla. Finalmente, la entregaron. Y Janeth, que repite la misma historia desde hace dos décadas, la recogió. Todavía se asusta con algunos ruidos, pero no teme a los extraños. Huele a quienes le son afables. Janeth también tiene ese instinto.

Cuando pasa calle abajo para darles comida a los gatos callejeros que deambulan por un pequeño bosque frente a la sede de la Policía Ambiental, los vecinos no le quitan la vista de encima. Pero Janeth es una verdadera dama: los ignora. No le importa lo que piensen. Ni que le digan que le hace falta un hombre para que controle ese amor “tan desbordado” por gatos y perros. Pero eso no es posible. Hay personas que, al igual que los animales, también son capaces de dar amor incondicional. Y eso les da sentido a sus vidas.

Los perros y gatos callejeros en la ciudad -alrededor de cuatro mil, según cifras presentadas en el Concejo-, son sometidos a envenenamientos y abusos. No hay cifras claras, pero para los animalistas es ya un problema de salud pública.

En la Fiscalía General de la Nación seccional Santander, se han registrado 56 denuncias por maltrato animal desde que fue promulgada la Ley 1774 del 2016, que sanciona este comportamiento.

Pero el abandono no para. Incluso aquel que no se ve. En algunas zonas residenciales, incluso en las más exclusivas, se pueden ver  perros demasiado delgados tratando de cumplir con el paseo que les da su amo.

El amor por los animales

Quien tiene gatos y perros sabe que se despiertan entre cinco y seis de la mañana. Los gatos saltan a la cama de su humano para tocarle la cabeza con las patas esponjosas. En el mejor de los casos. Los perros también trepan, sin son consentidos, y lamen hasta lograr su objetivo.

Janeth se despierta a esas horas y los alimenta. Entre ellos hay una gatica de raza: se nota en su pelaje sedoso, en su cara achatada, en sus movimientos más moderados. Janeth la bautizó ‘Antonella’. La echaron a la calle desde un apartamento en el barrio Conucos. Se había quedado ciega. Como Janeth vivió allí, alguien la llamó para que la rescatara. No habría sobrevivido sola.

“La gente no toma conciencia, no cuida a los animales”, dice Janeth. Hace 20 años, recogió a cuatro felinas negras. Habían sido laceradas con un cuchillo por una mujer, en Girón. Janeth vivía allí entonces.

Un estudio de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, demostró que los gatos negros sufren mucho: son utilizados para rituales de todo tipo. El negro es el color del dolor. En la casa de Janeth son mayoría.

A las nueve, Janeth sale a la veterinaria de Adriana Chaparro, ‘Mi buen amigo’. Allí trabaja medio tiempo.

“Es muy juiciosa con el cuento de cuidarlos, de estar pendiente de sus vacunas, darles sus remedios, medicamentos. Ella recoge un animal, lo pone en buen estado y lo da en adopción”, cuenta Adriana. Conoce a Janeth desde hace 10 años. “Es sencilla, humilde. No le afecta lo que le diga la gente. Tiene un temperamento fuerte que la ha hecho más dura”, dice. A las dos de la tarde termina su trabajo y vuelve a casa.

Janeth no grita, habla con amor y es agradecida. Pero no acepta una afrenta contra su derecho a ayudar a los animales. Curiosamente, un acto de amor es lo que más problemas le ha traído. Al regresar a casa alimenta de nuevo a los gatos. Son dos raciones de comida diarias, suficientemente cargadas.

Cuando entra, ‘Pacha’ sale a su encuentro. Como ‘Antonella’, ‘Pacha’ está ciega. Perdió un ojo cuando un hombre borracho, en una cantina frente a la plaza de mercado, le dio una patada. Janeth vendía chance. La gata se pasea entre sus piernas, con cuidado, atosigada por Laika, una perra pequeña que Janeth trajo a su casa luego de que un habitante de calle le advirtiera que corría peligro de ser violada.

“El amor a los animales lo saqué de mi papá. A pesar de ser un sargento, él los quería mucho. El primer gato, él me lo regaló. Era un gato montés divino, se llamaba ‘Misifú’. Crecí ayudando los animalitos. Como viví toda mi vida en arriendo, no los podía recoger. Iba y les daba comidita en el monte”, cuenta Janeth.

Hace seis años vive en la casa que le heredó su papá. Tiene otros cuatro hermanos. No están contentos con los inquilinos. “Me dicen que me voy a enfermar, a enviejar”, cuenta. Pero los animales no le han transmitido ninguna enfermedad. Solo una vez, un gato la mordió. Lo habían traído para que Janeth lo cuidara y se le escapó. Ella presta el servicio de guardería. Fue a buscarlo y lo tomó por la cola. Asustado, le clavó los colmillos. Tras un mes y las vacunas correspondientes, estaba bien.

El sueño de Janeth

Los animales callejeros pueden representar un peligro para la salud pública, pero no por ellos mismos.

Carlos Ernesto Sánchez Villamizar, veterinario zootecnista, explica qué sucede: “potencialmente, los perros y gatos pueden pueden llegar a ser portadores de enfermedades como toxoplasmosis, leptospirosis, brucelosis y rabia. Pero existen vacunas para que los animalitos no sean diseminadores. Hay campañas para la rabia, pero no se hace muy bien el ejercicio. Esa es la dificultad con ellos. No hay un ente encargado de la supervisión de estos animales. No es solo darles de comer”.    

Estas enfermedades son zoonóticas, es decir, que pueden trasmitirse a humanos. En Bucaramanga existe un Centro de Zoonosis que tiene mala fama entre los animalistas: aseguran que el destino de los animales que van a parar allí es la muerte.

Mildreth Liliana González Cuadros, subsecretaria de Ambiente de Bucaramanga, asegura que “la gente no entiende cuáles son las enfermedades zoonóticas que se pueden contagiar al ser humano. Se hace la prevención, por ejemplo, a un perrito en la calle que tenga rabia para que no llegue a morder”. La subsecretaria señala que se realizan jornadas de esterilización y aplicación de vacunas contra la rabia.

En Junio, Dairo Muñoz, coordinador del Centro de Zoonosis de Bucaramanga, aseguró a la revista Gente de Cabecera, que 2.600 gatas han sido esterilizadas y más de 16 mil animales han sido vacunados en lo que va corrido de esta administración.

Las peleas de los animalistas también van y vienen, por los animales y entre ellos. La falta de recursos y la necesidad de más adopciones caldean los ánimos. Algunos prefieren trabajar por su propia cuenta, de sus propios recursos. Janeth ha gastado alrededor de cinco millones de pesos en sus animales. Están vacunados y esterilizados. Se ven bien. Pero son muchos.

Juan Carlos Pérez, fundador de la Red Apoyo Animal, dice que la solución es “esterilizar la mayor cantidad de animales posible y educar en cuanto a la protección a los animales y el respeto a la vida”.

Dice que el Estado “no ha dado prioridad al tema a los animalitos en nuestra ciudad. No hay un presupuesto anual para atender esterilizaciones, mientras que en ciudades como Medellín se proponen una meta y la cumplen”.

Janeth tiene un sueño: piensa que en cada comuna deberían crearse centros de bienestar animal, una propuesta que también está planteada en la tutela que fue negada por improcedente por un juez de Bucaramanga y donde un perro, ‘Negro’, había puesto su pata.

Bajando por la calle 45 hay un hombre joven que recoge gatitos pequeños, recién nacidos. Los botan en camadas cuando nacen. Las gatas quedan embarazadas cada cuatro meses.

Janeth sale de nuevo de su casa para alimentar a los gatos que habitan el pequeño bosque al final de su cuadra. Cuando regresa, abre la puerta de su casa sin mucho garbo, pero sonriente. Dice que es feliz. Y así se ve. A lo lejos se escuchan ladridos y se ven gatos que reposan en la ventana.

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