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Jueves 31 de Agosto de 2017 - 12:24 PM

El calvario de tres madres que por años han buscado a sus hijos desaparecidos

Vanguardia.com conoció las historias de tres mujeres que sufrieron el drama de perder a uno de sus seres queridos por el conflicto interno del país. Las víctimas denuncian el olvido del Gobierno Nacional.

Son tres historias diferentes pero en su esencia, comparten el dolor, la angustia y el sufrimiento. Sus relatos retratan el drama de miles de familias, que por el conflicto armado han sufrido en carne propia la desaparición y muerte de un ser querido.

Dioselina Castillo, Cecilia Flórez y Mary Pava, son tres madres que por años han vivo un verdadero calvario pues a la fecha el paradero de sus hijos es un misterio que engrosan las estadísticas de desaparecidos por cuenta de la violencia.

En busca de un consuelo y una respuesta que mengue en algo su dolor, las tres madres, junto a decenas de familiares de otras víctimas,  revivieron su drama el pasado miércoles 30 de agosto durante la conmemoración del Día Internacional de los Desaparecidos.

El sentido homenaje de remembranza de las víctimas, se cumplió en la sede Bucarica de la Universidad Industrial de Santander, Uis.

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“El objetivo final de la recordación de cada uno de los desaparecidos, es devolverles un poco de vida, esa vida que tenían hasta el día en el que se los llevaron. No se puede olvidar el duelo cristalizado en el tiempo que han tenido que sobrellevar”, dijo uno de los organizadores del homenaje.

La actividad, que buscaba visibilizar el dolor de que viven las familias que aún no han encontrado a sus seres queridos, contó con la presencia de representantes de la Unidad Nacional de Victimas, el defensor del pueblo, Diego Armando Barajas, el secretario del interior de Santander, Manuel Sorzano y algunos de los familiares victimas de desaparecimiento forzoso que contaron algunas de sus historias.

Sin su hijo y desplazados


Según la madre de Gilberto Barbosa Castillo, Dioselina  Castillo, durante unos meses el grupo armado presente en la vereda la Pitana, del Carmen de Chucuri, citó en repetidas oportunidades a su hijo, pero nunca asistió porque no quería pertenecer a “esos grupos armados”.

Hacia las 9:30 a.m. del 2 de enero de 1992, arribaron unos hombres armados a la parcela en la que vivía la familia Barbosa Castillo y se llevaron a Gilberto, uno de sus hijos.

Durante unos meses, Dioselina estuvo buscando a su hijo por algunos de los corregimientos que tienen comunicación con El Carmen de Chucuri, pero nunca tuvo noticias.

Fue entonces cuando Dioselina tomó la decisión de abandonar el pueblo, su terreno, sus animales y su hogar, ante el temor que le generaban los grupos paramilitares que estaban en la zona.

Dioselina vive ahora en el barrio San Expedito, en Bucaramanga, en una vivienda que construyó con ayuda de sus hijos menores. Ella continúa trabajando, pero ya no lo hace en el campo como le gustaba, ahora labora como empleada de servicio en casas de familias. “El tiempo ha pasado y nada se va a recuperar”, dice la mujer.

En medio de su dolor, Dioselina le pide al Gobierno Nacional que intervenga para que le ayude a encontrar a su hijo, junto con una reparación por haber sufrido el conflicto armado colombiano en carne propia.

Son 18 años de calvario

El asedio de los grupos paramilitares de San Calixto, Norte de Santander, fue el que puso sobre aviso a la familia Cáceres Flórez, marcándoles  el camino del desplazamiento forzoso.

Cecilia Flórez, la madre de Chain Cáceres Flórez aseguró que para evitar el posible rapto y el ingreso a las filas del paramilitarismo de su hijo, se trasladaron con lo que tenían a la mano hacia Ocaña, Norte de Santander. Dejaron atrás su hogar, los animales, cultivos y demás familiares.

Chain, que para entonces tenía 22 años,  decidió incorporarse a las filas del Ejército Nacional de Colombia y por esta decisión recibió amenazas de muerte para él y su familia. Cecilia le suplicó durante un tiempo que se retirara de las fuerzas armadas y que retomaran sus vidas en la capital de Santander.

El 5 de mayo de 1999, Cecilia se dirigió a su trabajo en Ocaña y su hijo se despidió como todos los días. Luego de un fuerte presentimiento, la madre de Chain decidió regresar a casa. Al llegar a su hogar, sus sospechas habían sido confirmadas, pues según testigos y familiares, a Chain se lo habían llevado para asesinarlo.

Pasados unos minutos, Cecilia recibió una llamada en la que le dijeron que debía recoger a su hijo muerto, pero según ella, nunca le dijeron dónde. 18 años después, Cecilia aún espera que esa llamada anónima se repita para poder recuperar los restos de su hijo y recobrar su paz.

Chain es recordado entre sus amigos y familiares como un uniformado del Ejército que dedicaba su vida a su familia y patria.

La madre del uniformado raptado, solo espera que el Gobierno la repare económicamente, porque según ella, “psicológicamente y moralmente ya no hay nada que puedan hacer”.

 Viaje sin retorno


Mary Pava y su hijo Juan Carlos vivían en Bucaramanga. Según la mujer, el joven que en ese entonces tenía 27 años, estudiaba tecnología electromecánica. Aseguró que el sueño de Juan Carlos siempre fue ayudar a su familia, pero por circunstancias de la vida, nunca pudo hacerlo realidad.

Según Mary Pava, madre de Juan Carlos, la última vez que pudo sentir el entusiasmo de su hijo fue el día que partió a Valledupar con su ‘compadre’, el 27 de septiembre de 2001.

Desde esa fecha, Juan Carlos desapareció junto con el compadre de Mary, hecho que enlutó a la familia Hernández Pava. Mary aseguró que desde el día, no ha tenido noticia alguna.

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En busca de reparación

Mary, Cecilia y Dioselina llevan entre 15 y 25 años esperando que alguien les dé respuestas a sus preguntas o que les entreguen los restos de sus hijos. Las mujeres buscan que el Gobierno Nacional las repare y como dice una de ellas: “nos devuelvan las noches de paz y tranquilidad”.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, desde 1938 se han reportado 120.104 personas desaparecidas en Colombia, de las cuales 6.119 han aparecido muertas y 29.343 aparecieron vivas.

Las victimas piden que el trabajo del Gobierno Nacional ayude en la búsqueda de las 84.642 personas que continúan desaparecidas  siendo una estadística mas en el país, pero para sus familias, un dolor inconmensurable.

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