Miércoles 21 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

Los sobrevivientes de la guerra en Santander

El conflicto armado en Colombia dejó una vena abierta en millones de víctimas, quienes lo perdieron todo. Por medio de la entrega de dotaciones para las comunidades, la Unidad para las víctimas le apuesta a la restitución y los proyectos productivos.
Valesca Alvarado Ríos / VANGUARDIA LIBERAL
De las 8’760.290 víctimas del conflicto armado registradas en el país, un total de 6’997.066 están sujetas a medidas de asistencia y reparación por parte del Gobierno Nacional. En el caso específico de la reparación colectiva, se estima que son un poco más de 600 comunidades las afectadas por la guerra.
(Foto: Valesca Alvarado Ríos / VANGUARDIA LIBERAL)

Cerca de 52 años de guerra marcaron el capítulo más sangriento de la historia de Colombia. El conflicto armado y los grupos al margen de la ley que se tomaron el poder en los lugares más remotos, crearon una brecha entre el Estado y las comunidades más vulnerables de los departamentos.

El desplazamiento, desaparición forzada, reclutamiento de menores, asesinatos, violaciones y masacres son algunos de los actos que dejaron como saldo un total de 8’760.290 víctimas registradas históricamente.

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Aunque la mayoría de ellos lo perdieron todo en medio del fuego cruzado, la esperanza de alcanzar la paz en sus territorios los mantuvo en pie.

Es así como desde 2012, y gracias a la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, un programa que vela por la no repetición de los hechos violentos, los sobrevivientes de la guerra reescriben su historia.

Proyectos productivos: un nuevo comienzo

Sin lugar a dudas, las comunidades en las que se llevaron a cabo tomas guerrilleras como La Cruz, Nariño; Chibolo, Magdalena; Bojayá, Chocó y Simacota, Santander, por nombrar solo algunas, son las más afectadas del conflicto.

Es por ello que por medio de la reparación colectiva, la Unidad de Víctimas les brinda las herramientas necesarias a las sobrevivientes, para darle vida a proyectos productivos que les permita resarcir el daño de la guerra.

Juanita Ibáñez Santamaría, subdirectora de la Unidada para las Víctimas en Reparación Colectiva, aseguró que en el país, actualmente, existen más de 600 sujetos de este tipo de reparación.

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“Por medio del plan de reparación colectiva lo que intentamos es reconstruir el tejido social que perdió la comunidad a causa de la guerra. Entramos a fortalecer los procesos que perdieron, como por ejemplo sus proyectos productivos. Queremos que sus territorios vuelvan a ser lo que eran antes de la violencia”, explicó la funcionaria.

De esta manera, la entidad provee a las comunidades con maquinaria amarilla, equipos agrícolas, dotación escolar, biomédica y todo aquello que requieran para empezar de cero nuevamente.

“Como medida de restitución en Simacota bajo, por ejemplo, hicimos la entrega de un banco de maquinaria amarilla por un costo de $1.281 millones. Simacota tiene más de 36 veredas y sus vías fueron destruidas por el conflicto, ahora las podrán arreglar ellos mismos. En La Cruz, Nariño, en donde se dio la toma guerrillera más larga de la historia de Colombia, entregamos un banco de maquinaria agrícola. Y en Chibolo, Magdalena, donde son productores de queso, nosotros les donamos un camión para el uso colectivo y les entregamos 50 vacas lecheras preñadas. Nosotros les entregamos las herramientas y ellos se enfocan en sus proyectos productivos”, agregó Ibáñez.

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“Somos sobrevivientes”

Para William Jiménez López, líder social de la vereda de Puerto Nuevo, en Santander, este tipo de proyectos productivos marcan un antes y un después para las comunidades víctimas del conflicto.

“En medio de la guerra, a la comunidad le tocó adaptarse al sistema de violencia y vivir con mucho miedo. Nuestro territorio fue tomado por los paramilitares como un punto de retén y asesinaron a nuestros líderes sociales sin ninguna razón, a todos los fusilaron, nosotros somos sobrevivientes. Ahora contamos con esta maquinaria que es esencial. Tenemos una oportunidad de tenerlas sin miedo a que se pierdan en medio de la guerra”, explicó el líder.

Faltan víctimas por reparar

Las herramientas brindadas por la Unidad de Víctimas hacen parte del proceso de reparación colectiva y en cada uno de los territorios afectados se tienen en cuenta las actividades productivas propias de las región.

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Si bien la labor de esta Institución ha permitido que cientos de comunidades vulnerables, entre ellas los afrodescendientes y la Comunidad Embera, retomen sus proyectos, brindando nuevas oportunidades, aún hay territorios que esperan ser intervenidos.

No obstante, la Unidad de Víctimas aseguró que trabaja en la reparación de los 8,7 millones de colombianos víctimas del conflicto armado.

De víctima a líder

Las secuelas que deja la guerra, según explican las mismas víctimas, va más allá de los daños físicos y materiales. El trauma psicológico es uno de los aspectos más complejos de superar en el proceso. Sin embargo, existen comités conformados por estas víctimas, cuya misión es la de ayudar a sus comunidades a reponerse del daño del conflicto.

“Yo soy víctima de la violencia, la guerrilla entró a mi finca en Caño Limón, Arauca, maltrató a mi familia, se llevó a mi esposo y me desplazó. Hoy hago parte de los Comités de impulso del país para ayudar en el proceso de reparación. Para quienes hemos sufrido las consecuencias del conflicto, la labor que hace la Unidad de Víctimas es muy importante porque nos ayuda a salir adelante”, relató Jenny Katherine Rivero Rincón.

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