“Ellos (España) representan un punto de referencia desde distintos puntos de vista, pero nosotros también fuimos mejorando con el tiempo. Tenemos que jugar así, proponer juego, que eso le gusta a la gente. No podemos volver al pasado”, dijo ayer Cesare Prandelli, seleccionador de Italia.

Publicado por: Dpa, Kiev
Una España “italianizada” contra una Italia “españolizada”. Esta es la fina paradoja que propone la final de la Eurocopa que mañana se jugará en Kiev, con dos selecciones que cambiaron su piel.
España accedió a la final después de encajar un solo tanto en cinco partidos. No sólo eso, sino que acumula nueve partidos consecutivos de eliminatorias en grandes torneos sin recibir un solo tanto.
Por su parte, la selección italiana realizó una profunda y exitosa reforma de sus principios futbolísticos de la mano de su técnico, Cesare Prandelli, quien quiso edificar a partir de un constructor como Andrea Pirlo, un jugador singular en su país.
“La defensa ha sido fundamental”, explicó ayer el internacional español Sergio Ramos. “Lo que da la estabilidad a un equipo es el trabajo defensivo”.
Este análisis entroncó con el realizado por Vicente del Bosque, el seleccionador español: “Algunas cosas las hemos hecho bastante bien, como el juego en defensa. Puede que no hayamos hecho el juego estético que todos querrían, pero en todo momento hemos tenido el control de los partidos”.
Las palabras de Del Bosque bien podrían haberlas pronunciado entrenadores del estilo de Giovanni Trapattoni o Fabio Capello, técnicos italianos asociados a un fútbol más prosaico que lírico, más efectivo que estético.
Aunque España sigue haciendo de la posesión de balón su modo de vida (es primero en el torneo con un 60 por ciento), ha utilizado este argumento como arma defensiva, pues le ha costado mucho generar situaciones claras de peligro.
Fue precisamente la prensa italiana la que más criticó a España por “aburrir”.
Por su parte, Italia fue creciendo en estos años, y en esta Eurocopa, siguiendo el modelo español.
Tras alcanzar el triunfo en el Mundial 2006, su selección entró en crisis y en depresión, con múltiples debates sobre cómo salir del pozo. Lo hizo de la mano de Prandelli, que emprendió una reforma que exigía pulso firme.
El seleccionador italiano, humanista de vocación, quería ser como su rival de mañana. Así lo dijo el delantero Luca Toni, ausente en la Eurocopa, antes de comenzar el torneo.
“Prandelli quiere imitar el modelo de España y es la primera vez que la selección va a jugar así. No sé si es bueno o es malo. Si gana, será el mejor entrenador del mundo; si fracasa, tendrá problemas”, declaró en una entrevista.
Y visto el resultado, ¿quién puede decir que la revolución de Prandelli ha fracasado?
El seleccionador italiano juega con Daniele de Rossi como ‘falso central’, que es justo lo que hizo en 2002 Del Bosque con Iván Helguera en el Real Madrid que ganó la Liga de Campeones contra todo pronóstico.
Lejos de utilizarlo como arma defensiva, Prandelli se garantiza con De Rossi una buena salida del balón desde atrás. Mientras, libera completamente en ataque a Pirlo, Cassano y Mario Balotelli, excluidos de labores defensivas. Impensable en otros tiempos.
Ahora hay una final y 90 minutos por delante para saber si España hace al fin el fútbol que se espera de ella o si Italia es fiel a su tradición y apuesta por replegarse.
Pero lo incuestionable es que ambas llegaron a la final por el camino más inesperado. Italia quiso ser España, y al contrario.
Premio extra
La clasificación de Italia a la final de la Eurocopa tuvo un premio extra: un lugar seguro para disputar el próximo año en Brasil la Copa Confederaciones. El torneo, que se disputará del 15 al 30 de junio, reúne al anfitrión (Brasil) al campeón del mundo (España) y a los seis campeones continentales. Como Italia jugará la final de la Eurocopa en Kiev ante una España clasificada ya en su condición de campeona del mundo, Italia ocupará el puesto europeo gane o pierda la final.















