Fueron las palabras de Alonso Lizarazo, quien pálido y sudoroso casi me tumba la puerta a las dos de la tarde cuando hacíamos siesta previa a un clásico del oriente colombiano en Cúcuta frente al onceno motilón.

Publicado por: FELIPE ANTONIO ZARRUK D.
Los dos equipos eran líderes y se disputaba esa noche la punta del campeonato en el estadio General Santander cuando, de pronto, el gerente del Atlético en los años 80 entró como volador sin palo y me dijo que encendiera el radio para escuchar las noticias ya que le habían avisado que el vuelo 410 de Avianca piloteado por Pacho Ardila se acababa de estrellar contra el cerro del Espardillo pocos minutos después de despegar rumbo a Cartagena con 136 pasajeros y 7 tripulantes a bordo.
Las campanas de la cadena Caracol (para la cual trabajaba en ese entonces) sonaron y con el ¡extra... extra! que todavía rebota en mi oído interno salió la voz de Yamit Amat confirmando la fatídica información y con ello empezaron a dar a conocer la lista de viajeros que habían partido sin boleto de regreso. Los conocidos eran muchos como “colmillo” el eterno “aguatero” de la selección Santander; dos miembros de la familia Gasca, dueños del circo mundialmente famoso; todo el equipo de futbol de El Centro Ecopetrol y refinería de Barrancabermeja; una azafata preciosa que se llamaba Claudia y era hincha del Atlético Bucaramanga; Laurita Díaz, hermana de una exitosa actriz santandereana. Y con ellos se fue también el gran capitán del equipo canario, Roberto Alirio Frascuelly Córdoba.
Roberto nació en Corrientes el 17 de julio de 1951, llegó a Colombia en el 72 para el Quindío, vino al Bucaramanga en el 73 y aquí se quedó para siempre. Mediocampista de marca como en otras épocas le llamaban al seis (su número de toda la vida) y que ahora lo bautizaron con los remoquetes de volante ancla, tapón y mil locuras más.
Hizo parte de aquel fabuloso Atlético que en el año 75 nos hizo delirar y pensar en la primera estrella cuando junto a Miguelucci, Gaviria, Centeno, Ávila, Hernández, Ardila, “Pitula”, “Papo” Flórez, Arango, Guillio y Vilarete, estos muchachos dirigidos por Pignanelly goleaban a todo aquel que tocara suelo santandereano. Su larga cabellera y patillas de cantante de rock and roll se movían en todas direcciones y empapaba de sudor su camiseta a tal punto que antes de ingresar al camerino sur la escurría, algo que siempre tuvo por cábala. Después de que Misael “Papo” Flórez y el “burro” Centeno se fueron se quedó con la franja de capitán para siempre. Era líder, metía pierna sin esconder el guayo, era leal, fuerte y aparte de eso ¡un tipazo! No era muy exquisito con la pelota y todavía recuerdo sus dos únicos goles con la divisa canaria (no sé si hizo más): uno al Tolima una tarde lluviosa del 78 cuando se le ganó al Tapa Roja Tolima dos cero. Lo hizo de cabeza en la portería sur ante centro de Guillio, el otro al América una mañana de 1982 cuando Roberto selló el dos a uno también en la portería sur. Tengo fresco el recuerdo de Frascuelly celebrando en Dimarco de la carrera 33 la clasificación al hexagonal del 77 y junto a él esa noche el técnico Ricardo Pegnotti, el “Tano” Mircoli, Rafael Agudelo, Eduardo Guillio, Antonio Rivas y dos extranjeros que jugaban en el Tolima (rival de esa tarde) el arquero argentino Georgetti y el delantero Pianetti. Fue la única vez que te abracé querido Roberto porque a decir verdad eras uno de mis ídolos de infancia y tú encarnabas la fiereza de un guerrero con traje de leopardo pero dejabas escapar la ternura de un niño cuando respondías al cariño de los que te admirábamos. Te casaste con tu novia María Eugenia un 17 de diciembre de 1976 y de ese amor existen Roberto Carlos y Carolina quienes se convirtieron en tu mayor legado. Fuiste esposo y padre ejemplar, jugador de temible honradez y profesionalismo al que nunca escuchamos que se quejara por esto o aquello. Después de dejar el fútbol y tu inseparable Renault 6 te dedicaste a manejar el taxi Dacia y a dirigir equipos aficionados y de veteranos en donde encontraste tu sustento trabajando con los equipos de Ecopetrol. Por eso aquel 17 de marzo de 1988 (hace 24 años) te fuiste para siempre gran capitán y en el cerro de La Cuchilla quedó tu cuerpo atomizado ya que nunca lo encontraron. Dicen que el destino de un hombre está escrito y el tuyo fue con el 17 (naciste, te casaste y falleciste en ese día). Quiero que sepas que algunos no te hemos olvidado y que en el Atlético Bucaramanga nadie te rindió homenaje alguno, pero tenlo por seguro que buscaré la manera de hacerte llegar algunas flores en el sitio en donde dicen quedó esparcido tu cuerpo. Descansa en paz querido Roberto Alirio.
P.D. Espero que el que vista la camiseta número 6 lo haga con respeto, el mismo que tenia Frascuelly cuando se vestía de amarillo. Un triste abrazo, chao y hasta la próxima.















