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Domingo 26 de Febrero de 2012 - 07:55 PM

Del escritorio a una mesa de billar

Siguiendo con la serie periodística de vivir ‘El deporte desde adentro’, Julián Ricardo Patiño, redactor deportivo de Vanguardia Liberal, intervino en el Campeonato Departamental de Billar a Tres Bandas.
Javier Gutiérrez / VANGUARDIA LIBERAL
Julián Patiño Monsalve, periodista deportivo de Vanguardia Liberal, compitió en el Campeonato Departamental de Billar a Tres Bandas.
(Foto: Javier Gutiérrez / VANGUARDIA LIBERAL)

El billar es un deporte aparentemente fácil, pero los jugadores habituales estudian un sinnúmero de sistemas y lo convierten prácticamente en un arte.

La Liga Santandereana de Billar me abrió las puertas y durante el fin de semana pasado participé en el Campeonato Departamental de Billar a Tres Bandas.

Por sorteo, efectuado el viernes en la noche, mis partidas fueron programadas para el sábado en la mañana. Quedé en el Grupo tres, junto a Luis Gómez, de Floridablanca, y Álvaro Cáceres, de Bucaramanga y quien ha sido múltiple campeón de Santander.

Cuando llegué al Club Panamericano, sitio dispuesto para el Campeonato, recordé aquellas tardes de juventud en donde compartía con mis compañeros de colegio y de universidad.

En el momento en el que saqué mi guante de billar, el mismo que me regaló mi padre cuando estudiaba décimo grado, analicé que mi constancia en este deporte ha sido poca, pues después de 14 años el elemento que se utiliza para hacer resbalar el taco sigue intacto.

Empezó el chico
Mientras la mayoría de jugadores abrían sus maletas y empezaban a armar sus tacos (algunos cuestan más de un millón de pesos), yo, como cualquier mortal, empecé a dar vueltas por el billar buscando uno que se acomodara a mis gustos.

El juez me presenta a mi rival, Luis Gómez, un deportista que lleva 25 años jugando tres bandas. Disputamos la salida y como era de esperarse, él empieza tacando.

Los dos comenzamos con ritmo pausado, como conociéndonos mutuamente el juego. Cada partida está pactada al mejor de tres sets de 15 carambolas con un límite de 15 entradas (tacadas).

Mi contendor abre el marcador, pero un par de tacadas más adelante logro empatar. Él se muestra confiado, pero a pesar de sus conocimientos las carambolas no le resultan. Por mi lado, poco a poco tomo confianza y cuando menos pienso llevo cinco carambolas.

El juez informa que nos quedan cinco tacadas a cada uno y contra todos los pronósticos voy arriba con marcador 5 – 2. Las dos siguientes entradas me voy en blanco, mientras que mi rival, en su tacada número 12, hace tres carambolas en serie y empata las acciones. Aunque había tres posibilidades para que cada uno inclinara la balanza a su favor, ninguno lo logra.

Nos disponemos a desempatar. En esa instancia el juez ubica las bolas en la posición de salida y gana el que más carambolas haga en serie. Luis Gómez botó la carambola, mientras que yo la logro y gano el primer set.

Empezamos el segundo set y aunque instantes previos había logrado la carambola de salida, en esta ocasión la fallo y mi rival me responde con dos.

Hago una carambola y él me la devuelve. Trato de seguirle el ritmo, pero no puedo, pues quiere a toda costa recuperarse de la primera partida. Al fi-nal lo logra con marcador 11 – 4.

En el tercer y definitivo set la confianza de mi contendor aumenta y desde el comienzo (serie de tres carambolas) muestra su aspiración de clasificar a la segunda ronda. Hago un par de buenas tacadas y empiezo a sumar, pero la expectativa de ganarle se desvanece cuando me doy cuenta que en seis tacadas acumula 12 carambolas, es decir, promedio de dos por entrada, algo muy bueno. El marcador 13 – 4 muestran la superioridad de mi rival.

Como un esparrin
Mi segundo contendor fue Álvaro Cáceres, uno de los jugadores más connotados de Santander y quien ha sido campeón departamental y municipal en múltiples ocasiones.

Las primeras jugadas muestran la capacidad de mi rival, quien poco a poco se va arriba en el marcador. Él muestra otra faceta de los jugadores, mide muy bien el efecto de sus tacadas y a pesar de que tienen un golpe fuerte, poco habitual en los billaristas, es bastante efectivo.

Otro de los aspectos que llama mi atención es que está pendiente de los ángulos de la mesa, y además mide los diamantes o rombos que se encuentran situados sobre la mesa y que para muchos pueden parecer adornos.   

Más que jugar, él entrena conmigo y aprovecha las partidas para acomodarse en la mesa… para calentar. Sin embargo, en el primer set hice una serie de tres carambolas y quedamos empatados a seis. En el desempate Cáceres sacó parte de su repertorio, hizo la salida y acomodó cinco carambolas más. A mí me la quita el ‘tastas’.

En el segundo set la constante se mantuvo y con marcador 8 – 3 me eliminó del Campeonato Departamental de Billar, donde no hay ‘partido’ de ningún tipo y todos juegan en categoría única.

Aunque el billar se asocia erradamente con la vagancia, ver a los deportistas élites da gusto, pues la geometría se aplica en gran medida y las jugadas que logran hacen que el público se ponga de pie para aplaudir… a mí me tocó soltar el taco en más de una oportunidad para felicitar a mis rivales, pues me mostraron que para llegar a su nivel necesito muchas horas sobre el paño verde.

Datos:

* Alexánder Salazar derrotó 2 – 0 (15-6 y 15-9) al bumangués Carlos Luna y repitió título departamental. Salazar, quien ha sido bicampeón panamericano, logró las 30 carambolas que lo llevaron al título en 20 entradas, terminado con un promedio individual de 1,500. Además del triunfo, el santandereano por adopción se quedó con la mejor serie del torneo: 11 carambolas. Cabe resaltar que los dos jugadores clasificaron para el Gran Prix Colombiano y viajarán con los gastos pagos.  

* En esta modalidad del billar (3 bandas), el jugador debe impulsar su bola asignada con el propósito de hacer contacto con las otras dos esféricas en la mesa. Sin embargo, antes de golpear la última bola, la bola del jugador debe tocar mínimo tres veces alguna de las bandas.

* El promedio general se saca de todas las partidas disputadas durante un campeonato y se tiene en cuenta el número de entradas (tacadas) y el número de carambolas conseguidas. El belga Frédéric Caudron ganó en 2011 una Parada de la Copa Mundo en Austria y batió el récord orbital de promedio general, terminando con 2.420, es decir que hizo 2,4 carambolas por tacada.    

* Dos jugadores santandereanos superaron el año pasado 1.000 puntos de promedio en el Campeonato Departamental.

* 30 billaristas colombianos sobrepasan habitualmente el promedio general de 1.000.

* Cinco deportistas en el mundo siempre tienen un promedio general superior a los 1.500 puntos.

* El Campeonato Departamental de Billar entrega puntos para el ranking nacional. Este escalafón determina quiénes representarán a Colombia en los eventos internacionales. El primero de la clasificación (en este momento el vallecaucano Carlos Campiño) y el ganador del Gran Prix Colombiano clasificarán al Campeonato Panamericano que se jugará en mayo en Santiago de Chile. 

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