Sábado 18 de Mayo de 2013
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Sábado 16 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

El ‘Bombillo’ de San Pio

felipe antonio zarruk diazgranados
Corrían los últimos años de la década del 60 y en un partido entre amigos jugando ‘metegol tapa’ Juan Pablo Arias Carreño, hijo de don Guillermo y doña Lucila, se fue al arco y cuando ya no se veía ni para conversar, un compañero de juego viendo que este habilidoso flaco tapaba de todo como si estuviera de día lo bautizo ‘bombillo’.

Así, con ese apodo, se quedó para siempre y así lo conocí una tarde en que papá y don Guiller, un honestísimo funcionario de Avianca, conversaban.  Me quedé maravillado al observar como este ‘cacheticolorado’ de finos modales y don de gentes gambeteaba rivales entre los árboles del parque San Pio, mientras las chicharras del atardecer no dejaban escuchar el paso de los pocos vehículos que por allí circulaban.  ‘Bombi’ era el maestro del regate, la gambeta corta, la sutileza al golpear el balón de cuero, que embetunábamos los viernes por la noche para los clásicos del sábado en la tarde, ante la cuadra de la tienda de don Jaime.  Los balones que en aquella época nuestros padres compraban  en Deportes Águila (en la calle 34 con 18) de don Ramón Zárate eran inflados por la mañana en el “tensor” y con ese balón pesado que nos dejaba marcadas sus hojas ante un violento “taponazo” nos devolvíamos pivoteándolo y haciendo paredes y combinaciones por entre las matas del parque Guillermo Sorzano González, más conocido como San Pio.

“Bombi” fue siempre nuestro capitán, en un equipo en donde “monona” o René Di Marco eran los porteros.  Valga decir que eran nuestras arañas negras que tapaban con rodilleras y se le botaban a un tren.  Además, eran buenísimos para las trompadas, con la cuales a veces terminaban aquellos cotejos llenos de jugadas espectaculares y goles celebrados hasta el día siguiente, en la polvorienta cancha que se elevaba imponente frente a la iglesia.  Este onceno tenía jugadores de la talla de “Gular”  Nieto, un flaco que tuvo que ser la re encarnación de Johan Cruyff en la carrera 34 con 47.  Era genial, descapotado para montar aventuras con el balón pegado al piso, hacia túneles con una pasmosa facilidad y sus goles eran de fantasía, como el día en que comiéndose un pocicle de kola,  que llevaba en su mano derecha vio que tiraron un centro y se lanzo hacia adelante y con el taco al estilo del gol de Aristizábal contra Chile se la clavó al otro palo al arquero del barrio Álvarez. Todo el barrio estalló con ese golazo. Era guapo y le daban zapato como a tapete viejo.  Junto a ellos cuto y Kike Barragán, Pipo Di Marco, quien tenía un pique de carterista digno de hacerle carrera a Usaín Bolt y por supuesto “Plinio”, el hermano de Juan Pablo. Y después, nosotros los más pequeños quienes de la mano de “Bombi” no teníamos como perder los clásicos ante un onceno rival que de la calle 52 con carrera 36 de para allá era toda una orquesta capitaneados por ‘El Negro’ Guaracao, Taito Santamaría, Jaime Barón, Miguel Ángel Pedraza, Juan Pablo Nieto y compañía.  

“Bombi” fue al Bucaramanga, no sin antes pasar por la selección Santander y terminar su bachillerato en La Salle.  Hijo, hermano  y padre ejemplar, desempeñó su carrera en el fútbol como número diez pero un día en las reservas del Bucaramanga fue observado por el técnico uruguayo Raúl Bentancourt y le pidió que jugara como zaguero central debido a su clase y categoría.  Allí, las paradas con el pecho, el dominio del juego aéreo y los sombreros en área propia hacían de “Bombi” un Beckenbauer criollo. Junto a Marito Peralta (yerno de Américo Montaninni) hicieron una dupla genial en aquellos preliminares de inicios de la década de los 80.  Ellos, Gordillo, Londoño y demás nos hacían ir desde la 1 de la tarde al estadio a chupar paleta y a verlos jugar.  Tal vez nunca te lo dije pero hoy lo quiero escribir con el corazón... nunca en mi vida vi un jugador como vos, fuiste mi ídolo y lo mejor que vi en mi vida en el barrio en el cual me crié.  En mi mente quedarán grabados aquellas gambetas y aquellos goles espectaculares como aquel sábado de 1974 cuando el clásico estaba empatado, Monona te sacó cortico y te gambeteaste hasta las libélulas y nos fuimos todos en tus costillas a tomar gaseosa con mestiza a la tienda y a comer helado en la hostería Di Marco. Fuiste y serás siempre grande “Bombi” porque gracias a ti tuvimos siempre iluminado el camino.  Te envío un abrazo en la bella Quito y te extrañamos demasiado.

PD.  Esta columna está dedicada a su madre Lucila, a su hijo y a todos los que integramos aquel glorioso equipo del barrio San Pio.  La verdad recordar esto me soltó las lágrimas de la nostalgia.  Chao y hasta la próxima.

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Felipe Antonio Zarruk Diazgranados
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