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Martes 13 de Diciembre de 2011 - 04:28 PM

El ‘Templo Sagrado’ del fútbol aficionado

Al amanecer en la cancha Marte el cielo tenía un tinte azul pálido hacia el norte y sobre las crestas altísimas de las montañas, en la carretera que conduce hacia Rionegro, medio enlutadas aún, vagaban algunas nubecillas de oro, como las gasas del turbante de una bailarina sopladas por la suave brisa matinal.
Jaime Del Río/ Vanguardia Liberal
(Foto: Jaime Del Río/ Vanguardia Liberal)

¡Qué amaneceres aquellos!, y creo que se hacían más hermosos sabiendo que nuestro partido temprano estaba por empezar.

A principios de los setenta aquellas madrugadas preñaron mi memoria. Un par de veces a la semana nos reuníamos con mi hermano Arley y los amigos del barrio y jugábamos hasta que el sol pegaba fuerte. Ocupábamos la cancha los martes y jueves de manera infaltable, siendo casi niños.

Años después saborearía, en primera división, el sudor revuelto con la tierra, el ahogo producido por una nube de polvo amarillo que se elevaba cada vez que la pelota golpeaba el piso, cuando quedaba algún balón dividido e íbamos a disputarlo como si fuera el último del partido.

Nuestra querida cancha Marte. Cuántos recuerdos. Qué partidos aquellos. Jugábamos con el alma y en cada zapatazo poníamos el corazón. La cancha Marte forma parte de mi historia desde mucho antes que el azar me convirtiera en periodista deportivo.

El hexagonal de la Marte nació como una necesidad sentida del fútbol de la región. Al cierre de año, en los diferentes estadios del país se preparaban para jugar la final del campeonato profesional. En mi Bucaramanga nada. El equipo de la tierra, cosa extraña, siempre se quedaba afuera de la disputa del título. Fue precisamente eso lo que nos impulsó a la creación de un torneo que llenara ese vacío. La ‘Ciudad Bonita’ necesitaba un  evento  aficionado que copara ese espacio.

La Liga Santandereana de Fútbol se opuso, pero algunos disidentes, entre ellos Carlos Arenas y Enrique Escobar, miembros del cuadro directivo de la entidad, compraron la idea y junto a Germán Riveros nos reunimos en el restaurante “Don Pepe”, en San Alonso, y le dimos forma al Primer Hexagonal de la Cancha Marte, que en esta edición llega a 30 años de historia.

Aquel diciembre de 1981 se enlistó la selección juvenil de Santander, que acababa de conquistar el título nacional para nuestro departamento, reforzado por Misael ‘Papo’ Flórez; la Electrificadora de Santander, Calzado Lobolinni, de Pachito Vargas; Calzado Los Criver, de Antonio Vera; Autoelectric, de Ramiro Pachón y Héctor Delgado; y Cabaña del Jean, de Alfonso Rodríguez, completaron el sexteto que inauguró el Torneo.

Era otro fútbol, interpretado por muchachos brillantes, con hambre de triunfo y el deseo de gloria marcado en la frente. El torneo de la Marte estaba lleno de futbolistas con futuro, casi todos jugaban por el placer del aplauso.
Allí aparecieron, entre otros, ‘El Pirata’ Alfredo Ferrer, quien habría de marcar 138 goles en el fútbol profesional años después con la camiseta de Bucaramanga, Millonarios y Deportivo Cali.

La dinastía de los Riveros, Nelson, Juan Bautista y César; Juan Pablo ‘Bombillo’ Arias, Pelé Villamizar, Mario Olave, ‘Chiqui’ Triana, Néstor Salcedo, el hoy vicepresidente del Bucaramanga, Aníbal Méndez, César Koop (q.e.p.d), William ‘La Marrana’ Castro (q,e,p.d), Alex Churio, Sabulón Ruiz, ‘Toby’ Duarte, Norman Brito, Armando y Ricardo García, Mario Peralta, Iván Garrido, ‘Watussi’ Lozano, William Ruiz, los que la memoria me permite. Cerca de 40 jugadores de la época fueron profesionales. Eran épocas donde los jugadores santandereanos aparecían por docenas.

El primer campeón fue calzado Lobolinni, pero eso forma parte de la anécdota, lo verdaderamente importante radica en que aquel año hicimos un torneo con la esperanza de convertirlo en semillero de futbolistas profesionales, cosa que funcionó hasta el punto que los estadios colombianos se llenaron de futbolistas de la casa y hasta la misma selección Colombia recibió a Óscar Muñoz y a Alfredo Ferrer.

¡Es un soplo la vida! Ya pasaron 30 años desde aquel diciembre del 81.

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