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Jueves 20 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Santander y el Valle: dos caras del 'boom' petrolero

La revista 500 Empresas Generadoras de Desarrollo en Santander invitó a altos ejecutivos de algunas regiones del país para que opinaran sobre cómo ven a Santander en la creación de futuro a partir de aspectos como los negocios, el liderazgo, la identidad, la sostenibilidad y la productividad.
Suministrada
(Foto: Suministrada )

Por Esteban Piedrahita Uribe
Presidente de la Cámara de Comercio de Cali
Valle del Cauca

El derrotero de la economía colombiana en la década larga entre 2003 y mediados de 2014 estuvo marcado por el alza pronunciada de los precios de los productos mineroenergéticos.

Colombia aprovechó, como pocos países de la región, esta circunstancia, especialmente en el ámbito petrolero. En dicho período, el ingreso per cápita de los colombianos aumentó cerca de un 50% en términos reales, el desempleo nacional se redujo del 13,6% al 9,7% y, de la mano de ello, la incidencia de pobreza pasó del 48% al 28,5% de la población. El país dio un salto económico y social quizás sin precedentes en su historia.

De los departamentos grandes de Colombia, ninguno aprovechó mejor esta coyuntura que Santander. Cuna de la industria petrolera nacional, semillero de ingenieros y técnicos en hidrocarburos, productor importante de estos y sede de la mayor refinería, el departamento vivió un verdadero “milagro” económico, logrando encadenamientos interesantes hacia los servicios petroleros y la construcción, entre otros. En el período en cuestión, el PIB de Santander creció a una tasa del 5,4% anual, superando el notable promedio nacional de 4,7% y aumentando su cuota de la economía nacional del 6,2% en 2003 al 8,1% en 2014.

Gracias a ese dinamismo, la tasa de desempleo del departamento bajó del 14,9% en 2003 al 6,5% en 2014 y la de Bucaramanga del 17,9% al 8,2% en igual período. La fortaleza de su mercado laboral condujo a una reducción que se puede calificar de asombrosa en los niveles de pobreza. El porcentaje de personas pobres en Santander y Bucaramanga pasó del 44,4% y el 34,1%, respectivamente, en 2003, al 19,6% y el 8,4%, respectivamente en 2014, ubicando al departamento como el segundo con menor nivel de pobreza en el país, después de Cundinamarca.

Mi departamento, el Valle del Cauca, y mi ciudad, Cali, fueron, de alguna manera, la contracara de Santander y Bucaramanga durante el auge. Sin una gota de reservas de hidrocarburos a su haber y ningún encadenamiento hacia la logística o refinación y transformación petrolera, y la menor asignación de regalías por habitante de cualquier departamento, nuestra región no fue beneficiaria directa de esta coyuntura. Sin embargo, la revaluación que la misma indujo, vía ingresos masivos de divisas por inversión extranjera y exportaciones, sí incidió negativamente sobre la competitividad de nuestra industria y agroindustria, así como sobre el valor en pesos de las remesas recibidas de vallecaucanos residentes en el exterior, que representan casi el 30% del total nacional.

En este contexto, era previsible que el crecimiento del Valle en la década larga del ‘boom’ se ubicara significativamente por debajo del promedio nacional, y que el peso de nuestra economía en el total nacional se redujera (del 10,9% en 2002 al 9,2% en 2013).

No obstante, con la caída del precio del petróleo en 2014 y la consiguiente devaluación del peso, el desempeño relativo de nuestra economía ha mejorado considerablemente y ya ajustamos tres años seguidos de crecimiento superior al promedio nacional, con lo que nuestra participación del PIB ya se vuelve a acercar al 10%.

La diversidad productiva del Valle no fue precisamente una ventaja en un período de tiempo en que un rubro de la economía fue el principal motor de crecimiento. Sin embargo, hoy, que Colombia debe buscar sustituir fuentes de crecimiento no renovables, constituye su mayor fortaleza. Santander, aunque menos, también es una economía relativamente diversificada, sobre todo en comparación con regiones netamente petroleras. Debe, como toda Colombia, reorientar sus apuestas a la sofisticación y diversificación productiva como camino sostenible a la prosperidad colectiva.

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