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Domingo 04 de Septiembre de 2016 - 12:01 AM

Acuerdo de paz con las FARC tal vez no cuente con el apoyo de los votantes

Según algunos observadores, el histórico acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y los guerrilleros marxistas —que podría poner fin a una de las guerras civiles de mayor duración en el mundo— sólo podrá ser apreciado en el futuro.
Archivo / VANGUARDIA LIBERAL
Las dudas más prominentes que han surgido son acerca de la llamada justicia transicional y sobre cómo el acuerdo propuesto se compara con otros acuerdos de paz similares.
(Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Archivo / VANGUARDIA LIBERAL
El presidente ha tenido problemas para convencer al pueblo colombiano de apoyar su acuerdo, en parte debido a la desaceleración de la economía y su propio bajo índice de aprobación (de 25 por ciento).
(Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)

Luis Moreno Ocampo, el ex jefe argentino de la Corte Penal Internacional, dice que el acuerdo firmado por Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, es “como una obra de Van Gogh que sólo pudo ser apreciada después de su muerte”.

Pero Álvaro Uribe, el popular ex presidente colombiano, está en contra del acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ya que considera que el tratado es demasiado indulgente.

El Sr. Santos ha prometido someter su acuerdo con los guerrilleros a un plebiscito nacional sin precedentes el 2 de octubre. Pero debido a las divisiones existentes, Colombia se encuentra en una encrucijada sobre cómo poner fin a un conflicto de cinco décadas que ha dejado a 220.000 muertos y ha desplazado a cerca de 7 millones de personas.

“Los colombianos quieren la paz”, asevera el Sr. Uribe en una entrevista con el Financial Times. “Pero muchos no aprueban de la decisión de ofrecer impunidad total o elegibilidad política a aquellos responsables de los crímenes en contra de la humanidad”.

Las encuestas de opinión muestran puntos de vista opuestos. Según una encuesta reciente, hasta la mitad de los colombianos concuerdan con el Sr. Uribe y con sus quejas sobre la parte del acuerdo que permite que los comandantes de los grupos rebeldes que son culpables de abusos como masacres y el reclutamiento de niños soldados no sean castigados.

Barack Obama, el presidente de EEUU, aclamó el acuerdo y elogió al Sr. Santos por su “liderazgo valiente durante cuatro años de negociaciones difíciles”.

Con respecto al plebiscito, el Sr. Santos dice: “Con este acuerdo, dejo en sus manos la oportunidad de poner fin a la guerra con las FARC. Ésta será la votación más importante de sus vidas”.

Pero el presidente ha tenido problemas para convencer al pueblo colombiano de apoyar su acuerdo, en parte debido a la desaceleración de la economía, su propio bajo índice de aprobación (de 25 por ciento) y la percepción de que, al ser parte de la alta sociedad colombiana, no entiende a los colombianos comunes y corrientes. Sus críticos aseveran que quiere pasar este acuerdo para ganar el Premio Nobel de la Paz.

El Sr. Uribe ha dicho que un voto en contra del acuerdo permitiría una mejor renegociación entre Colombia y las FARC y sus 7.000 tropas en el campo. Pero César Gaviria, otro ex presidente, quien encabeza la campaña “Sí a la paz”, dice que los seguidores de la campaña en contra del acuerdo están comunicando un mensaje falso.

“Promueve una falsa expectativa decir que un voto en contra del tratado de paz provocaría el fin de la guerra”, dice. Si gana el voto en contra del acuerdo, la guerra continuará”.

Las dudas más prominentes que han surgido son acerca de la llamada justicia transicional y sobre cómo el acuerdo propuesto se compara con otros acuerdos de paz similares.

En Guatemala, por ejemplo, los que violaron los derechos humanos obtuvieron amnistía a cambio de aprobar el acuerdo en 1996 que puso fin a su guerra civil de 36 años. En Sudáfrica, ofrecieron amnistía a los violadores de derechos humanos a cambio de confesiones públicas de sus actos después de la caída del régimen de apartheid. Sin embargo, en Sierra Leona, la amnistía general en 1999 que se otorgó para poner fin al largo conflicto provocó más matanzas.

Bajo el acuerdo colombiano, jueces locales y extranjeros —aprobados por la Suprema Corte del país y la ONU— podrán otorgar la reducción de penas y servicio comunitario a cambio de confesiones completas. Por el contrario, los que nieguen su participación directa y luego sean declarados culpables, podrían recibir una sentencia de 20 años de prisión.

“No habrá impunidad”, dice Manuel José Cepeda, ex presidente de la Corte Constitucional de Colombia, quien participó en las negociaciones.

Pero muchos colombianos que han sufrido por las acciones de las FARC preferirían que los anteriores líderes de la guerrilla fueran humillados, siguiendo el ejemplo de Perú con respecto a Abimael Guzmán —líder del movimiento guerrillero maoísta Sendero Luminoso—, quien fue obligado a usar un caricaturesco traje blanco y negro cuando fue encarcelado en 1992.

En vez, las FARC podrán participar en el proceso político, al igual que Sinn Féin después del tratado de paz de Irlanda del Norte. Los líderes de Sinn Féin, que tiene vínculos con el grupo terrorista que libró una guerra durante décadas en contra del gobierno del Reino Unido, ahora forman parte de gobierno de Irlanda del Norte.

“No nos estamos rindiendo”, ha dicho Rodrigo Londoño, el comandante de las FARC conocido como Timochenko. “La política es nuestra razón de ser”.

Colombia también tiene sus propios puntos de comparación. El grupo subversivo M-19 se desarmó en 1990 y algunos de sus antiguos miembros se convirtieron en políticos elegidos. Como presidente, el Sr. Uribe negoció acuerdos con líderes de grupos paramilitares de derecha, sosteniendo que algunos recibieron sentencias de hasta ocho años de prisión.

Mientras tanto, los defensores de derechos humanos han criticado al tratado de paz por ser demasiado indulgente con el ejército colombiano. Según el grupo Human Rights Watch, al menos 3.000 civiles fueron secuestrados y asesinados por el ejército entre 2002 y 2008 y después fueron representados como guerrilleros para incrementar el conteo de cuerpos del ejército.

El Sr. Moreno Ocampo quien, al realizar su papel como jurista internacional, ha visto varios tratados de paz, insiste en que este acuerdo debe ser aprobado.

“Colombia está ejerciendo la paz, la justicia y la verdad y está intentando lograr una reconciliación, todo al mismo tiempo. Colombia está celebrando un referéndum para validar el acuerdo”, dice el Sr. Moreno. “Algunos critican el acuerdo. En vez, deberían de admirarlo”.

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