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Martes 20 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Rosa Blanca, puente quebrado por el que nadie quiere responder

En mayo de 2010, el puente que comunica a Papayal, La Válvula, San José de Los Chorros y la Consulta en la parte Baja de Rionegro, y a un buen sector de Sabana de Torres, con la Troncal del Magdalena Medio, colapsó.
Marco A. Rodríguez P./VANGUARDIA LIBERAL
Rosa Blanca, puente en el bajo Rionegro por el que nadie quiere responder
(Foto: Marco A. Rodríguez P./VANGUARDIA LIBERAL)

Es decir, no soporta mayor peso.

Petróleos del Norte, Petronorte, empresa que explota los pozos Colón I y Colon II en esa región, construyó una variante para el tránsito de sus carrotanques y demás automotores, sin embargo, debido a la ola invernal que se vive, las aguas de Caño Pato que son alimentadas por las crecientes del río Cáchira, interrumpen el paso cada vez que se presenta un fuerte aguacero. La incomunicación es total.

La difícil situación la están viviendo ganaderos, lecheros, palmeros y petroleros de esa productiva zona de Santander.

De acuerdo con Rafael Rey Pinzón, de la palmera Pravia S.A., desde hace 19 meses ha sido una tortura ya que nadie se ha querido hacer responsable de esa obra, a pesar de que se le han presentado a todas las dependencias de los gobiernos departamentales y municipales.

“Es una peloteadera entre la Gobernación de Santander, el municipio y las corporaciones ambientales. Es la difusión y dispersión de la responsabilidad donde nadie hace nada, mientras las pérdidas siguen siendo cuantiosas. Nos dijeron que lleváramos los diseños y lo hicimos; luego nos manifestaron que en la Gobernación ellos no se habían comprometido con esa obra”, agregó.

Según Rey Pinzón a Petronorte le ha tocado reemplazar la responsabilidad del Gobierno pues es el que ayuda al mantenimiento de vías, tapar desviaciones del Lebrija y buscar alternativas de solución cuando llegan las inundaciones a la zona.

Travesía palmera

Un ejemplo de la difícil situación que se vive por la incomunicación la padecen los palmeros.

En esa zona hay unas 1.500 hectáreas que producen cerca de 3.000 toneladas mensuales.

En la actualidad, de los cultivos de corte al embarque se demoran cinco horas, en una travesía con tractores con zorras cargadas.

“Los costos se nos han triplicado. Por ejemplo, el flete de 30 mil la tonelada se llega a pagar hasta $90.000, sumando todo lo que implica pérdidas por desperdicios,  deterioro de las vías y maquinaria”, agregó.

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