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Miércoles 04 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Bajar la pobreza con una dosis de educación

Recientemente se conocieron resultados sobre los niveles de pobreza en las principales ciudades de Colombia. El Área Metropolitana de Bucaramanga, AMB, salió muy bien librada, mostrando el porcentaje más bajo por ciudades con habitantes en línea de indigencia, apenas 1,2%, y el menor nivel de población con características de pobreza, con 10,8%.
Archivo/ VANGUARDIA LIBERAL
Bajar la pobreza con una dosis de educación
(Foto: Archivo/ VANGUARDIA LIBERAL)

Al mismo tiempo, observamos que el AMB fue el centro urbano con la reducción más significativa de la pobreza en el presente siglo.

La cifra cercana a un digito podría ser motivo de celebración, demostrando que la economía y la población van de la mano y por buen camino, pero hay que decir que el valor de 10,8% está distante de ciudades importantes en el mundo y con mejor calidad de vida. En otras palabras, debemos mejorar en casi 4 puntos porcentuales el nivel de pobreza para estar en ese estándar, lo cual significa que queda camino por recorrer.

Lo cierto es que la pobreza se debe ver también desde el punto de vista de la capacidad que tiene una región y sus habitantes de generar valor, y por lo tanto debemos contar con la educación y la instrucción técnica como actores fundamentales en este objetivo. Solo como ejemplo, las cifras muestran que 45% de los jóvenes entre 17 y 21 años se encuentran cursando programas universitarios y técnicos. La lucha debe ser por superar ese nivel y llevarlo a valores que involucren más población, en especial, la más desfavorecida, para evitar la trampa de la pobreza, es decir, la continuidad generacional.

No es un secreto que la mayor proporción del empleo generado en la ciudad es por cuenta propia y que la informalidad alcanza un valor de 58,2%. Salir de la informalidad significa mejores competencias laborales, ideas y proyectos de emprendimiento. Las regiones desarrolladas en el mundo no han llegado a ese estado sin elevar el gasto en educación, como Shanghái, donde se destina más del 20% del gasto público a ese factor.

Celebrar el resultado de la reducción en el índice de pobreza es importante, pero hay que decir también que para disminuir más este indicador se requieren mayores esfuerzos que estén dirigidos a la generación de valor,  y en este caso a la educación.

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